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Un cooperante español dice que los filipinos de Teclobán están con los "ánimos bastante enteros"

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El cooperante español Daniel Burgui, de Acción contra el Hambre, afirmó hoy que los filipinos se encuentran con los "ánimos bastante enteros" en Tacloban, una de las ciudades arrasadas por el tifón Haiyan el pasado viernes.

Burgui, en su primer día en la localidad filipina, explicó a Efe que las víctimas que ha encontrado, aunque con el trauma por las experiencias "horribles" vividas durante la catástrofe, luchan con coraje por sobreponerse a las dificultades.

"Los filipinos son gente acostumbrada a los tifones y las catástrofes naturales", señaló el cooperante, quien no obstante reconoció que esta vez se vieron desbordados por la fuerza inusitada del tifón.

"Los gobiernos de esta región, también el filipino, son de los que más llevan trabajando en mecanismos de emergencia para responder a catástrofes, pero hasta ahora no ha habido un tifón de estas características, de proporciones colosales", señaló.

Con vientos de hasta 300 kilómetros por hora, el tifón destrozó decenas de miles de viviendas, infraestructuras y la vegetación de amplias áreas en la región central del archipiélago filipino, principalmente en las islas de Leyte, Samar y el norte de Cebú (región de Visayas Oriental).

Burgui afirmó que los problemas logísticos, debido a la destrucción de gran parte de las vías de comunicación y a la situación remota de algunas áreas afectadas, ha retrasado la llegada de la ayuda a las víctimas.

Las prioridades de Acción contra el Hambre es suministrar a los damnificados con comida, agua, material de saneamiento y prever enfermedades, así como carpas, mantas, tiendas de campaña y utensilios de primera necesidad.

Cinco días después del tifón, las dificultades estriban en distribuir la ayuda internacional que está llegando entre las víctimas para suplir las carencias de alimentos y retirar los cadáveres amontonados entre los escombros y las calles, aunque la situación mejora cada día.

Hoy se abrieron los vuelos comerciales en Tacloban y los aviones militares filipinos y de Estados Unidos que van sacando a las víctimas vuelven cargados con ayuda humanitaria, al tiempo que van aterrizando en la vecina isla de Cebú vuelos con suministros de diversos países, incluida España.

"El Gobierno filipino ha hecho lo que ha podido y ahora la ayuda tiene que venir de otra parte. La ciudad está completamente devastada, con los árboles arrancados y el propio aeropuerto tiene la torre en pie, pero la terminal es un amasijo. Es muy difícil organizar nada", explicó Bergui.

En su opinión, lo importante en este momento es que llegue más ayuda del exterior y las organizaciones internacionales se coordinen con la ONU y el Gobierno para repartir las provisiones de manera eficiente.

Por otra parte, el Ejército filipino trata de mantener la seguridad ante los saqueos de tiendas y almacenes y hasta los tiroteos que se han producido en algunas áreas de las provincias afectadas de Leyte y Samar.

La deforestación, la proliferación de yacimientos mineros ilegales, la escasez de infraestructuras y el chabolismo incrementan los efectos devastadores de las lluvias y los frecuentes tifones que afectan a Filipinas durante la época del monzón.

Al mismo tiempo, la devastación de Haiyan, que provocó una ola gigante que arrasó las poblaciones costeras, puso en evidencia la vulnerabilidad de países como Filipinas a los efectos del calentamiento global.

"Filipinas es el segundo país más vulnerable por el cambio climático, con 22 tifones anuales de media, algo insostenible que genera constantes daños imposibles de sufragar", señaló el lunes pasado la delegada filipina, Yeb Sanõ, en la Cumbre sobre el Cambio Climático en Varsovia.

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