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Otras Voces: Capacitación y código ético para la asistencia sexual

La asociación Sex Asistent explica sus protocolos para ejercer la asistencia sexual

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A raíz de los artículos sobre asistencia sexual publicados las pasadas semanas, recibí críticas en twitter de Rafa Reoyo, Coordinador en España de Sex Asistent. En el blog siempre hemos invitado a escribir a nuestros lectores, sin importar que estemos de acuerdo o no, y hoy publica aquí su punto de vista.

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Sex Asistent es un proyecto internacional, presente en 6 países, de índole académico y de investigación sobre sexualidad en diversidad con enfoque en DDHH y de promoción de la asistencia sexual como herramienta de empoderamiento e igualdad de oportunidades creado por Silvina Peirano en 2012 en Barcelona a partir de los espacios de  Mitología de la Sexualidad Especial y Sex Asistent. Propiciamos espacios de acción y participación (encuentros, charlas, debates...) para la difusión de la figura del asistente sexual dentro del amplio marco referencial de la sexualidad, la diversidad funcional y la asistencia/acompañamiento sexual.

Nuestra propuesta no es intervencionista ni asistencialista, valores que transmitimos a las personas que ejercerán de asistentes sexuales. No ofrecemos ni gestionamos un servicio de asistencia sexual porque esta práctica debe ser autogestionada y desde la autonomía laboral para: evitar que se convierta en un simple negocio a costa de las personas discriminadas por su diversidad funcional; rehuir a los servicios especiales y segregadores; impedir que haya intermediarios que controlen y manipulen la sexualidad de las personas con diversidad funcional, porque ello no colabora a su empoderamiento a través de la sexualidad placentera y el derecho a descubrir el propio cuerpo; y que nadie se beneficie a costa del trabajo de los/as asistentes sexuales.

Para ejercer esta profesión se debe de cumplir con unos requisitos de personalidad específicos, pasar una selección y conocer las necesidades concretas de la persona demandante del servicio mediante una entrevista previa. Además, requiere de una especialización necesaria para evitar el rechazo, el asistencialismo, la lástima... porque socavaría la autoestima de la persona con diversidad funcional e incidiría en su estigmatización.

Sex Asistent, en colaboración con ANSSYD, realiza  cursos de capacitación específica para personas que desean ejercer de asistentes sexuales. Gracias a la formación se preserva de la dignidad inherente de las personas con diversidad funcional y se evitan situaciones indeseadas. Ello convierte en inviable el carácter de voluntariedad de esta profesión. Dejar el tema en manos de voluntarios malmete la propia figura del asistente sexual porque causa recelos sobre sus intenciones y praxis.
Para salvaguardar su dignidad inherente y evitar esas situaciones estigmatizadoras, el/la asistente sexual debe, además, aceptar expresamente un código ético profesional con el que asume los valores con los que ha sido formado. El 'Código ético sobre sexualidad y afectividad', desarrollado por Sex Asistent y ANSSYD, pretende preservar los derechos y la dignidad las personas con diversidad funcional en todos los ámbitos de la vida y, muy especialmente, en este que nos ocupa.

Los únicos asistentes sexuales que reconoce Sex Asistent y ANSSYD son bajo ese modelo, porque es la única opción posible para que la gestión y la mediación de los servicios quede desvinculada de los intereses particulares de entidades o de terceras personas que acaben regulando y controlando la sexualidad de las personas con diversidad funcional y, así, éstas se empoderen.

Con la creación de la figura del asistente sexual se demuestra que las personas con diversidad funcional, por el echo de serlo, no tienen problemas para ejercer sus derechos sexuales contando con los apoyos técnicos y/o humanos necesarios. Cualquier problema es consecuencia de la discriminación y la sobreprotección a la que a menudo son sometidos, y por el rechazo social hacia a sus cuerpos. Por consiguiente, no son susceptibles de terapias relacionadas con su sexualidad por el mero echo de ser o funcionar de forma diferente a la mayoría.

Desde ese enfoque, no sería posible concebir la asistencia sexual como una terapia que, como tal, pretenda restaurar unos supuestos patrones de 'normalidad', ni cabría hablar de cualquier restricciones impuestas por intermediarios, porque supondría la no aceptación de la diversidad humana.

En diversos países la asistencia sexual es una práctica profesional legalizada desde hace varias décadas gracias a la promoción y defensa de los derechos sexuales de las personas con diversidad funcional por parte de entidades como Sex Asistent. Los cambios en las políticas de esos países han permitido que muchas personas con diversidad funcional accedan a servicios de profesionales capacitados en asistencia sexual.

Cuando hablamos de asistencia o acompañamiento sexual no inventamos nada. Simplemente pretendemos ampliar unos derechos ya existentes hacia el colectivo de personas con diversidad funcional, en base a las solicitudes de sus protagonistas empoderados y orgullosos de su cuerpo. En ningún caso, debe de ser considerada la única opción sexual para estas personas.

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