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RTVE: el poder en una ley

La ley que iba a recuperar la independencia de RTVE se ha convertido en un nudo gordiano que ha creado un problema ético y un enfrentamiento entre los que antes defendían los mismos principios

Mientras, continúa como presidente de RTVE una persona que lejos de demostrar su independencia se ha definido como votante del PP en una comisión parlamentaria a las que asistía como presidente de RTVE

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El presidente de RTVE, José Antonio Sánchez, en una comparecencia en el Congreso. EFE

El Manzanares era un canal represado sin apenas vida hasta que en mayo de 2016 a propuesta de Ecologistas en Acción se decidió renaturalizar el río abriendo las compuertas y dejando que recuperara su curso natural. A partir de ese momento comenzaron a surgir islas y en ellas creció vegetación de ribera en la que podían vivir todo tipo de especies animales. El curso del río se pobló de aves que encontraban allí su subsistencia y hoy, apenas año y medio después, permite ver cigüeñas blancas, garzas imperiales, cormoranes, gallinetas, gaviotas, patos…, habitando el lugar que antes era sólo agua estancada.  El río está ahora lleno de vida y da vida a los que lo recorremos, por ejemplo, para tomar el metro camino del trabajo. Pensaba en esto mientras me dirigía a Príncipe Pío, disfrutando de la belleza de esa primera parte del camino que me conduce a Prado del Rey, cada mañana.  

Ya en mi destino, en RTVE, comencé a leer los artículos del día que daban información del bloqueo existente en el Parlamento para interpretar una ley salida del mismo, con el objetivo de renovar al presidente y Consejo de Administración de RTVE. La prensa expresaba las voces de los partidos políticos echándose la culpa unos a otros de este bloqueo.

Resulta chocante que una ley aprobada por consenso suscite tal disenso en su interpretación y al final, el objetivo de la ley –atender a un paciente en estado muy grave, RTVE– quede relegado a un segundo plano.

Siguiendo con la lógica de la culpa, tan católica y tan arraigada en nuestro país y recordando el juicio del rey Salomón para averiguar la intención verdadera de los que litigan, se podría hacer la metáfora de considerar que las madres que reivindican la maternidad de su hijo son los partidos políticos y que la ley que interpretan, cada uno a su modo, "recuperar la independencia de la Corporación RTVE y el pluralismo en la elección parlamentaria de sus órganos", es el bebé al que Salomón propone partir por la mitad para dar cada uno de los trozos a cada una de las supuestas madres.  

Al parecer, ahora, no hay exactamente un rey Salomón, sino más bien una presidenta del Congreso que, lejos de aplicar la sabiduría del rey bíblico para poner en evidencia la verdadera intención de cada una de las litigantes, procedió el día 19 de febrero a lavarse las manos como Poncio Pilatos.

Y así, finalmente, la ley que iba a recuperar la independencia de RTVE se ha convertido en un nudo gordiano que ha creado un problema ético y un enfrentamiento entre los que antes defendían los mismos principios. Mientras, continúa como presidente de RTVE una persona que lejos de demostrar su independencia y pluralidad se ha definido como votante del PP en una comisión parlamentaria a las que asistía como presidente de RTVE, ejerciendo más como presidente de un medio de comunicación al servicio de un partido y no de todos los españoles.

Pensar que esto es casual es ingenuo, las estructuras de poder en nuestro país, labradas desde hace siglos, conocen a la perfección el peso que tienen las palabras en la redacción de una ley y la repercusión que estas tienen en el futuro desarrollo de la misma. El seguimiento de esta ley, de cómo se aprobó por consenso, la importancia que tuvo el Senado en la redacción final de la misma, esa institución que muchos dicen que no sirve para nada, da mucha información de cómo funcionan las estructuras del Estado y las enormes dificultades que tienen los que llegan de nuevas al Parlamento, la “nueva política”, e intentan aplicar sus programas electorales ante los más listos de la clase, los parlamentarios que llevan todo la vida manejándose entre complejos reglamentos que hacen que cualquier intento de cambio deje todo exactamente igual, exactamente como estaba.  

Un buen ejemplo, fácil de entender, es el reglamento de la comisión de control al presidente de RTVE que se lleva a cabo en sede parlamentaria. El formato de esta comisión consigue que no sirva de nada preguntarle al presidente, puede eludir fácilmente cualquier tipo de cuestión sin que le tiemble la voz, alardeando, además, no saber nada del contenido de lo preguntado.

Es lo mismo que ocurre con la ley que iba a recuperar la independencia de RTVE, corre ahora el peligro de morir de inanición, pocos meses después de haber nacido, desconyuntada por aquellos que dicen ser sus progenitores.  Puede seguir el ejemplo del llamado mandato marco de la Corporación RTVE, aprobado en 2006, que debería articularse a través del llamado contrato-programa, todavía no se ha aprobado ninguno por gobierno alguno.

Y mientras, RTVE se parece cada vez más al aspecto que tenía el río Manzanares antes de su renaturalización. Es un canal con agua estancada, pútrida, que necesita que alguien abra las puertas de la presa para que la vida vuelva a habitar en su cauce. A la vista de la situación actual, con tantos falsos e incompetentes progenitores, tal vez seamos los trabajadores de RTVE mediante los órganos que nos representan dentro de la Corporación, los que tengamos que tomar una decisión tan importante como responsable: abrir la presa, limpiar el cauce.

Para ello se requiere que los partidos políticos entiendan que necesitamos un Consejo de Administración profesional que no esté politizado y que esté formado por expertas en transformación digital y en nuevos modelos organizativos que sean capaces de modernizar las estructuras de producción, que valoren la creatividad, que dinamicen los procesos, que generen confianza, transparencia y eficiencia al conjunto de la plantilla;  profesionales que sepan aplicar experiencias de participación ciudadana en medios públicos que se han llevado a cabo con éxito en otros países de nuestro entorno; personas que conozcan el reto que afrontan las televisiones públicas de todo el continente con el desarrollo de servicios que van mucho más allá de lo que es la mera retransmisión de contenidos a través de la TDT y conozcan de primera mano cómo se pueden crear contenidos en todo tipo de formatos con el sello de servicio público,  orientados a una audiencia global;  profesionales que entiendan lo que es el 5G y la influencia que esto puede tener en la producción de contenidos en los próximos años; expertas que sepan defender la independencia económica que debe de tener RTVE y puedan idear fórmulas que garanticen la no injerencia del Gobierno a través de la financiación de la Corporación; expertos en servicios informativos que garanticen la pluralidad e independencia de la información que ofrece RTVE; abogados que conozcan la legislación europea en materia de medios de comunicación públicos…, en definitiva, un grupo de ciudadanos ejemplares que trabajen a jornada completa, y no un día al mes como ahora ocurre.

Las cosas se pueden mejorar en este país, se pueden alcanzar cotas mayores de democracia como la de convertir un centro de poder como es RTVE en un gran medio de comunicación que cumpla realmente la función de trabajar al servicio de los ciudadanos. Para que esto ocurra hace falta voluntad política real, y no los juegos malabares que estamos habituados a ver para ganar votos, estos son más una expresión de la intención de perpetuarse en el poder y poco profundizan en democratizar nuestra democracia.

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