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Las cuatro maneras (legales) de librarse de Trump

Es verdad que Trump está bastante mal de la cabeza. No lo digo yo o al menos no lo digo solo yo: 35 prestigiosos psiquiatras firmaron una carta en The New York Times diciendo que “la grave inestabilidad emocional que indican el discurso y las acciones del señor Trump le incapacitan para ejercer como presidente de forma segura”

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Trump acepta la nominación como candidato republicano a la Casa Blanca

¿Esto de Trump se te está haciendo un poco largo? No estás solo. Hay tanta gente que cree que el presidente de EEUU no acabará sus cuatro años de mandato que si vas a una casa de apuestas te pagan exactamente cero euros por la predicción. Así están de seguros.

A partir de aquí se abren diferentes posibilidades para quitar a Trump de en medio y como eldiario.es no es de fomentar golpes de estado ni otras herramientas anticonstitucionales, aquí os cuento las cuatro formas legales de librarse del 45° presidente.

Trump se muere

No estoy tratando de dar ideas, es solo que la muerte ha sido un hecho medianamente cotidiano en la Casa Blanca. Ocho presidentes han fallecido durante su mandato, de los cuales cuatro fueron asesinados.

Sin querer especular sobre atentados, Trump haría bien en cuidarse la salud. A sus 70 años y con un trabajo estresante, debería tal vez de cambiar algunas costumbres: en su avión se come los Big Macs en bandeja de plata y dice que su manera de hacer ejercicio es gesticular en los mítines. Ahora mismo el presidente es un grupo de riesgo andante.

A Trump lo condenan

Es el escenario con el que sueñan sus peores enemigos: Trump, humillado, abandona la Casa Blanca como el primer presidente destituido en la historia del país. Es legalmente posible pero no es fácil.

En EEUU no existe la moción de censura, lo más parecido es el ‘impeachment’. Según la Constitución, se le puede hacer un juicio político al presidente por “traición, soborno o graves crímenes o faltas”. En la última categoría cabe casi todo. La Cámara de Representantes hace de fiscal, es decir, decide si acusar al presidente y de qué cargos. Lo hace por mayoría simple. El Senado es el juez: analiza las pruebas, escucha testimonios y con una mayoría de dos tercios puede declarar culpable al presidente. La condena supone la pérdida del cargo.

Así que es posible echar a un presidente, claro, pero nunca ha pasado. En 227 años sólo dos, Andrew Jackson y Bill Clinton, fueron acusados por la Cámara pero el Senado no condenó a ninguno. Nixon dimitió antes de que lo juzgaran porque sabía que iba a acabar mal. Para echar a Trump, suponiendo que todos los demócratas estuvieran por la labor, tendrían que “traicionarlo” 25 congresistas y 19 senadores de su partido. Muy improbable.

Ya hay quien ve en la relación entre la campaña de Trump y el espionaje ruso un caso claro de “traición, soborno o graves crímenes o faltas”, pero no creo que ni los republicanos ni el país en general estén en ese punto.

A Trump lo incapacitan

Es verdad que Trump está bastante mal de la cabeza. No lo digo yo o al menos no lo digo solo yo: 35 prestigiosos psiquiatras firmaron una carta en The New York Times diciendo que “la grave inestabilidad emocional que indican el discurso y las acciones del señor Trump le incapacitan para ejercer como presidente de forma segura”.

Pero ni 35 psiquiatras ni 350 pueden declarar a Donald Trump “incapaz de desarrollar las poderes y deberes de su cargo”, eso solo puede hacerlo su círculo más cercano. Con el apoyo de más de la mitad del gobierno, el vicepresidente puede incapacitarlo y sustituirlo de manera inmediata. Trump podría entonces pelear ante el Congreso: si el vicepresidente Pence no lograra convencer a dos tercios de las dos cámaras de que su jefe está loco, Trump recuperaría el poder.

Este procedimiento nunca ha sido usado y requiere de una unanimidad casi completa del gobierno y de las cámaras. Trump está loco pero, ¿está loco como para eso? Lo dudo.

Trump dimite

Seguro que para Trump fue un subidón ganarle a Clinton y darle en las narices a la prensa. Eso es verdad. Pero objetivamente su vida ha cambiado a peor desde que llegó a la presidencia. A mucho peor.

Con un negocio floreciente, miles de millones en el banco y un programa de éxito en televisión, Trump podía hacer básicamente lo que le diera la gana. Ahora tiene un trabajo muy exigente que requiere disponibilidad absoluta, escrutinio permanente y soportar muchas de esas críticas que Trump lleva tan mal.

No resulta descabellado pensar que cuando baje la euforia de la victoria, cuando se hagan evidentes las frustraciones y exigencias de su nuevo trabajo, Trump se desanime. Viviendo solo en la Casa Blanca, lejos de su mujer y su hijo pequeño, teniendo que dar explicaciones cada vez que se va a jugar al golf... tal vez piense que ya ha demostrado todo lo que había que demostrar y deje paso.

Improbable, como las tres anteriores: me parece que tenemos Trump para rato.

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