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Acerca de Zapatero, de los compromisos y de la amistad (y 3)

Creo que había que decir que fue un valiente, que pretendió lo mejor para su país y que consiguió muchas cosas y que España da de sí lo que da

Acerca de Zapatero, de los compromisos y de la amistad: primera parte y segunda parte

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Escribir una reflexión en marcha en una web donde se incorporan “posts” obliga a modular el texto que se va tejiendo. Se aprende de quien no tiene como oficio el redactar opinión y sin embargo ofrece interpretaciones muy bien fundadas pero también se aprende de las expresiones de rabia, pues son parte de la conciencia social en ese momento.

LA “MALA HOSTIA” Y LOS SUPER MACHOS. Poco hay que añadir a lo que ya expuse sobre el guerra civilismo español, la “mala hostia” es un elemento fundamental de la vida pública que, cuando no puede expresarse con la violencia directamente, se expresa con la descalificación y el insulto. La “mala hostia” es aceptada como normal, un rasgo identitario del que sienten orgullosas personas tanto de derechas como de izquierdas. De poco vale que se diga que es reaccionario y antidemocrático, puede más el “ser macho”, alardear de instinto asesino. Eso de la educación, dialogar y respetar a los demás son “mariconadas”, ya se sabe. A los súper machos no se les puede argüir nada salvo poner los huevos sobre la mesa, cosa que no hace al caso.

LOS MELINDROSOS, LOS FRÍVOLOS, LOS SECTARIOS Y LOS JÓVENES. Lo curioso es que a los súper machos se le suman las personas exquisitas, melindrosas que encuentran siempre el modo de situarse al margen con un “no era eso, no era eso” o el frívolo “puagh, yo soy mucho más puro”. Tampoco atenderá a razones quien está encerrado en la sicología del sectario que no le permite aceptar que probablemente hay aspectos de la verdad en las posiciones de quien piensa diferente.

Pero, en cambio, sí es necesario contestar a las críticas radicales de los jóvenes. Igual que existen los países y las clases sociales también existen las generaciones. Las generaciones jóvenes tienen derecho a vivir en un mundo donde también haya adultos, tienen derecho a que, además de su energía, contar con la experiencia de quienes fueron jóvenes antes. Renunciemos los mayores a ser “guais” e intentemos ser adultos.

NO, NO TODOS SON IGUALES. Creo que buena parte de las críticas a la figura y a la política de Zapatero que provienen de jóvenes airados son equivocadas. Las críticas y la mayor parte de las reivindicaciones de las plataformas que se mueven contra la política económica y social vigente, tanto con el anterior gobierno como con éste, son justísimas pero la descalificación global de todo y de todos es injusta y equivocada. Los jóvenes que acamparon en la Plaza del Sol madrileña y que fueron imitados por otros en otras plazas tenían razón en su reclamación fundamental: en contra de lo que se le había prometido sus expectativas vitales fueron contrariadas y se vieron abocados a un cierto limbo laboral y vital. Pero eso no quiere decir que todos los partidos sean iguales, un cínico aserto que repiten interesadamente los voceros de la derecha pues saben que no afecta a sus bases.

Precisamente en aquellos días la derecha celebraba aquella estampa, pues suponía una constatación del fracaso económico y una tremenda desautorización del gobierno socialista, pero al mismo tiempo exigía que las plazas fuesen desalojadas por la policía, llegó el PP al Gobierno y les faltó tiempo. No, no todos los partidos son iguales y por eso este Gobierno realiza una política de orden público represiva y antidemocrática. No es igual el PP que el PSOE o el BNG, o IU, o ERC, por ejemplo, y no era igual Rajoy que Zapatero. Precisamente el fracaso de éste se evidencia en que sea denostado y puesto al mismo nivel que su sucesor tanto por gente de la derecha como por gente de izquierdas y con las mismas palabras y con igual violencia.

¿UNA SOCIEDAD DE CENTRO IZQUIERDA? Dije que el fracaso de Zapatero se resumía en tres derrotas. Una fue debida a la hegemonía de la derecha sobre la sociedad.

La derecha contó y cuenta con todos los medios de comunicación, les faltó tiempo para secuestrar TVE, pero a estas alturas mi opinión es que eso no se podría conseguir si no fuese porque la propia sociedad española es fundamentalmente de derechas. Lo de que España es de centro izquierda y muy democrática es o bien una creencia ingenua o bien un “cuento chino”, España tras el triunfo de los militares nacionalistas en el 39 y el sádico trabajo de cirugía y disciplina durante varias décadas es de derechas, esa ideología reaccionaria está en lo profundo de las familias y de los individuos. Ya no hablo de la cultura política de sus herederos. Visto lo que hemos vivido y vivimos a diario no puedo compartir el optimismo que manifestaba Zapatero al respecto. O esa explicación racional o estamos todos locos.

EL DOMINIO DE LA IDEOLOGÍA DE LA DERECHA. Es ese dominio de la ideología de la derecha sobre la sociedad lo que permite que lo evidente no sea visto. Que ni siquiera se le reconozca a Zapatero el éxito final en la lucha contra ETA, por ejemplo. Fue un esfuerzo de anteriores gobiernos, también del de Aznar, no olvidamos que sufrió un atentado contra su vida, y que finalmente fue un éxito del gobierno de Zapatero.

No pretendo hacer aquí el recordatorio de las medidas que impulsaron sus gobiernos, sólo desde una posición ideológica contraria o desde la mala fe se puede obviar un gran esfuerzo por transformar la sociedad en el sentido más justo y democrático. Y no es necesario recordarlo porque ya nos lo recuerda este gobierno día a día: destruyendo mediante decretos, gracias a su mayoría absoluta, lo que construyeron los gobiernos de Zapatero mediante leyes negociadas con la oposición. Lo que hace este gobierno es lo contrario de lo que hicieron los anteriores, quien no quiso ver en su momento, en relieve, lo que legislaba Zapatero está obligado ahora a ver, en hueco, lo que decreta Rajoy.

NO QUERÍAN UNA TAZA. Seguramente Zapatero creyó que permanecería algo de lo legislado, algo de lo avanzado, pero no: todo fue o está siendo barrido. Fracasó, si. Efectivamente, fracasó y Rajoy, por ahora, triunfa. Pero con esa derrota, con todas esas pérdidas, es derrotada toda persona que crea en la democracia y en un estado que reparta oportunidades e imparta justicia. Quienes lamentan la anulación del derecho a la justicia que amparaba la Constitución pueden ahora recordar a un ministro que dimitió únicamente por haber asistido a una cacería, y que él mismo padeció una cacería. O pueden recordar a aquella ministra objeto de tantas ironías y burlas, “la Aído”, que legisló el derecho al aborto y vio como le hacían “escraches” a sus padres los mismos que ahora legislan contra las protestas en la calle. Quienes se burlaban de la Educación para la Ciudadanía, les parecía tan ñoña, pueden ahora pasmarse ante la reforma educativa españolizadora, clasista y nacional católica. Quienes se sumaron irresponsable o ingenuamente a la cruzada nacionalista contra Cataluña y contra el “Estatut” pueden ahora asombrarse de que millones de catalanes, no una pandillita de políticos alocados, estén hasta del gorro de España. Quienes no comprendieron que la Ley de Memoria Histórica era una ley valiente que generaba unas críticas terribles pueden ahora contemplar al franquismo reluciente. Y así ministerio por ministerio, pantalla de plasma por pantalla de plasma.

DE PERFIL CONTRADICTORIO. Dije antes que Zapatero era un solitario y como tal se movió dentro del partido y en relación con el. Su personalidad tiene rasgos aparentemente contradictorios que lo hicieron desconcertante: un defensor radical de la vida civil pero formado en valores casi militares; un demócrata radical pero sin la mordacidad populista de “come curas” sino militante de la cortesía y las buenas maneras; un defensor del derecho de las mujeres al aborto y de los homosexuales al matrimonio pero hombre de familia de perfil tradicional.

TAMBIÉN FUE DERROTADO, APARENTEMENTE, POR EL APARATO DE SU PARTIDO. Siendo un gobernante que tomó buena parte de su fuerza de conectar con nuevas generaciones, que son distantes e incluso refractarias a los partidos, especialmente a los partidos tradicionales e históricos, toda su vida política pasada, la presente y la futura está unida a unas siglas que mitifica: PSOE. El solitario es un hombre de partido, de ése partido en concreto, hasta la devoción. Es consciente de los defectos y limitaciones del PSOE pero tiene una fe casi de sacristía en que sabrá superarlas. Esa devoción hizo que se relacionase con el aparato del partido con unas dosis de prudencia que no satisfizo a los militantes y cuadros más críticos que necesitaban una ruptura con el pasado. En cambio Zapatero confió esa mudanza a introducir unas elecciones internas, las “primarias”. Parecía un cálculo razonable hasta que estalló la crisis y sólo se pudo concentrar en una acción de gobierno para achicar agua del barco y tapar nuevos agujeros cada día, cedió a las presiones para anular las primarias.

El 38 congreso de ese partido en Sevilla, donde Chacón se enfrentó a Rubalcaba, quien finalmente ganó gracias a la implicación activa de González y Guerra, no consiguió aportar una nueva política y en cambio ofreció la imagen de que “la vieja guardia” retomaba el control del partido. Todas las encuestas dicen lo que todos sabemos, que la situación de ese partido hoy es incomprensible.

Sin embargo, no es imposible que al final el tiempo le dé la razón a Zapatero y, ya que las primarias no tienen vuelta atrás, y en el futuro ese partido tenga la posibilidad de una renovación política y de ser útil.

Y, NATURALMENTE, LA GRAN DERROTA. No hay duda, ni él mismo lo duda: en el parlamento hizo una consideración de que probablemente se equivocó al no pinchar la burbuja inmobiliaria española. No cabe mucha duda de, tras desencadenarse la crisis financiera exportada desde Wall Street, el estallido de la tal burbuja produjo este colapso económico y financiero de la economía. De lo que cabe duda es de que, una vez que Aznar transformó todo el territorio en solar y desencadenó aquel proceso, algún gobierno se atreviese a detener aquella bola de nieve en la que participábamos todos. Todos queríamos respirar algo del aire viciado de aquella burbuja. Los jóvenes que encontraban un trabajo bien remunerado sin necesidad de acabar sus estudios, quienes abandonaban otras actividades para dedicarse a destajo a algún sector de aquel cuerno de la abundancia que era el negocio inmobiliario, los dirigentes de los bancos y de las cajas que desayunaban, almorzaban, merendaban y cenaban cava y caviar, los políticos que presupuestaban e inauguraban y, de paso, muchos de ellos cogían sus “sobres”.

¿Qué gobierno habría modificado la política hipotecaria para pinchar nuestro sueño de ser propietarios de un inmueble antes de los treinta años y además mandar a paro a millones de obreros de la construcción? El de Zapatero tampoco lo hizo, confió en que el modelo económico existente evolucionaría y maduraría, que el gobierno, además de incrementar la financiación en I+D sólo tenía que apoyar a la banca y a las grandes empresas españolas, que eran un motor potente que seguiría creando empleo. No sólo se reducía el paro como nunca sino que llegaban millones de trabajadores extranjeros, lo cierto es que para quien no cuestionase las bases de ese modelo esto parecía una Jauja insólita. Zapatero manifestó su confianza en el modelo, una creencia que estaba asentada en todos los despachos de los poderes y gabinetes de estudios, lo hizo con el optimismo y la confianza en España que le era característica, posteriormente fue pasto de las burlas.

LA POLÍTICA ECONÓMICA DE LA SOCIALDEMOCRACIA. Su error fue tener su pensamiento político inscrito dentro la corriente dominante desde hace décadas en la socialdemocracia. Quien quiso saber a que atenerse con el fondo de la política económica del PSOE pudo tomar nota cuando, en la década de los ochenta, González se acogió a la máxima china de “gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones” y que su ministro Solchaga aclaró diciendo que “España es el país europeo donde es más fácil hacerse rico”. Casi veinte años más tarde Bodo Hombach, el guía ideológico de Schöder y Tony Blair, el de la “Tercera Vía” (¿hacia dónde?), afirmó algo parecido: “estamos absolutamente tranquilos acerca de que alguna gente se esté forrando”.

La política de la socialdemocracia, desde Schröder en Alemania, es parte pasiva o activa en los cambios económicos y sociales que hacen de Europa un territorio donde aumenta la desigualdad. Pero, si somos algo serios, tenemos que verla en el contexto mundial, dentro de la globalización de los mercados y de los mercados de capitales.

LAS EXPLICACIONES DE ZAPATERO. Precisamente “El dilema” es un relato documentado de los límites de la política, de la impotencia de su gobierno y de otros ante el poder despótico de los mercados de capitales y de los intereses de estados más fuertes, como el alemán. Lo que muestra el libro es un desafío a la democracia y su impotencia ante el reordenamiento del mundo, donde emergen nuevas potencias y el capital se acumula en cada vez menos manos. Donde hay poblaciones que mejoran sus condiciones de vida pero donde la población trabajadora europea ve como desaparecen sus derechos y crece la miseria.

Me parece que el libro contesta a una afirmación que he leído repetidas veces y se la he oído a muchos amigos: “debió dimitir entonces y convocar elecciones”. Zapatero detalla los peligros día tras día en un tiempo agónico y concluye que hizo bien en no dimitir entonces pues habría añadido zozobra en medio de un temporal y habría tenido consecuencias en la economía inmediatamente. Habría dejado en mejor situación a su partido pero en peor situación al país. Es un razonamiento a considerar seriamente.

LOS ESTADOS, INDEFENSOS. La democracia afronta el ataque de fuerzas enormes, Zapatero creyó en este modelo y se equivocó pero no tiene sentido alguno cargar en él todas las críticas. Primero, porque nadie lo votó para hacer otra política económica. Es evidente que los millones de ciudadanos que lo votaron no querían que hiciese una revolución socialista y ni siquiera que pinchase la burbuja. Y, segundo, porque ningún gobierno de un estado puede afrontar este desafío. Gobernó en un tiempo en que desaparecieron estados europeos como Grecia, en que Italia dejó de ser un estado soberano y pasó a ser una provincia con un gobernador designado por la banca alemana, en que Irlanda o una dignísima Portugal fue humillada y sometida a tutela. Igual que el Reino de España, sí. Todo ocurrió en este tiempo.

Se trata de algo muy duro, tan duro como lo que estamos viviendo y como las penalidades de tantas personas, y para enfrentar eso no van a bastar las soflamas ideológicas. Los mercados de capitales no dejan lugar a la socialdemocracia, les estorba, y creo que ésta se queda sin sentido histórico. Pero debo reconocer que tampoco yo sé de una solución para afrontar los problemas que padecen nuestras poblaciones y que, mire hacia donde mire, tampoco la veo. Un poco de humildad es el primer paso para encontrar un camino.

LOS DESEOS CONTRA LA REALIDAD. Visto ya con la distancia de estos dos años esa época puede ser vista como un ensayo de someter la política a la ética y también de poner a prueba los límites de la realidad. Bastantes veces, especialmente en la primera legislatura, me pregunté “¿pero es posible lo que pretende?”, porque se atrevió a hacer cosas que entonces parecían inconcebibles, aunque ahora a mucha gente les parece calderilla. En los mejores momentos los sueños fecundan la vigilia, hubo algo de sueño en aquella política. Finalmente la realidad pudo con el sueño en muchos frentes, aquel Presidente que se atrevió a sacar las tropas de la guerra de Irak acabó reforzando las tropas en Afganistán y firmando la instalación de misiles norteamericanos. “Realpolitik”.

“ES DEMASIADO PRONTO AÚN PARA HABLAR DE ZAPATERO”: Quien me quiere bien me advirtió, pero yo no lo creo. Creo que había que decir que fue un valiente, que pretendió lo mejor para su país y que consiguió muchas cosas y que España da de sí lo que da. Hizo lo que debía, aunque resultase derrotado. Y eso había que decirlo porque alguien sacará algún provecho de todo esto. Pero, en el fondo, si escribí un libro con Zapatero y si ahora me detengo a hacer esta reflexión es por otro motivo: porque me dio y me da la gana. Y no es un motivo trivial en absoluto, por el contrario se trata de practicar la libertad de expresión cuando sabes que existe toda una gran presión en contra. Además, qué clase de personas somos si permitimos que se difame o se trate injustamente a un amigo o a alguien que no lo merece.

Desde que me recuerdo veo las cosas y pienso desde la izquierda política y desde Galicia, donde tengo mi destino, hubo muchas decisiones en esos años pasados que no comprendí y de las que discrepé pero siempre sentí que se trataba de una oportunidad histórica única y que había que apoyar a ese gobernante. Participé con independencia y a mi manera de ese intento de que España fuese un lugar mejor y un estado integrador y pudiese dar cabida a sus diferencias nacionales. Mi opinión actual es que no fue ni será posible, no tengo más remedio que aceptar que España tiene sus dueños y es gente como el ministro Morenés que apela al Ejército para garantizar sus intereses particulares y de clase y ese tótem franquista que lo encierra todo, “la unidad de España”.

Los conozco porque ya voy siendo mayor y tengo memoria, pero me gustaría llegar a ser un viejo de verdad y estoy seguro de que tampoco entonces me arrepentiré de haber acompañado a Zapatero en la medida y en el modo en que me fue posible.

Si han leído todo esto tengo que darles las gracias y despedirme hasta la semana próxima.

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