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Eso no. Ahora no. Tú no.

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El día después de los atentados de París, la escritora y feminista Laura Freixas escribía este tuit:

Desde que se produjeran los atentados, se han hecho análisis y reflexiones por parte de muchos profesionales desde todos los prismas posibles: económicos, políticos, geoestratégicos... Las características de los terroristas parecían importar muchísimo, desde sus nacionalidades y sus religiones hasta sus edades y familiares. Cualquier análisis o dato eran bien recibido, hasta que Laura escribió su tuit. Ese dato no lo quería nadie. Las amenazas e insultos por su reflexión, donde remarca (y con razón) que esta violencia es masculina, empezaron al instante (día 14 de noviembre) y siguen hasta estos momentos. En su mayoría, como adivinarán, por parte de hombres: “Implantaría sin dudar la pena de muerte para ti”, “¿por qué no ejecutamos a Laura Freixas?”, “que las liquiden a ustedes feminazis de mierda hijas de puta”. Y más lindezas (cientos) que obviaremos por repetitivas y poco originales.

Lo que sacamos en claro es que los politólogos pueden analizar desde uno o varios prismas, los economistas desde otro, los teólogos desde el suyo y las feministas han de estar calladas con sus propios análisis si no quieren pasar un fin de semana terrorífico. Servidora se unió al tuit de Freixas y se llevó también lo suyo (de hecho, aún siguen las menciones también para mí), pero mi caso no es peor, ni siquiera igual, yo tengo la suerte de tener un (bendito) seudónimo (todavía hay gente que no entiende a santo de qué), pero Laura Freixas es una escritora y reconocida activista feminista, usa su foto y nombre real en las redes sociales, y sus opiniones pueden tener repercusiones desagradables más allá de menciones en redes sociales.

El hecho de que se señale que el terrorismo yihadista es violencia masculina no gusta. Pero no solo no gusta, sino que curiosamente causa más violencia masculina, como ha quedado patente.

Muchos alegaron que no existe razón para denominar a esta violencia como "masculina" basándose en que a veces “hay mujeres que se inmolan”. Esto es como decir que la ablación no es machista porque la practican mujeres a otras mujeres o que la violencia de género no es machista porque las víctimas se quedan junto a sus verdugos en vez de salir corriendo.

También se repetía el simplista: "Es como si señalas que eran pelirrojos". Pues bien, hagamos de este símil algo que se ajuste a nuestra realidad antes de contestar a argumentos tramposos: si la mitad de la población fuera morena y la otra mitad pelirroja, y la inmensa mayoría de los que cometen atrocidades fueran estos últimos, ¿a alguien le cabe alguna de cuál sería la opinión generalizada de los pelirrojos en ese mundo hipotético? ¿Creen que alguien que dijera: "¿os habéis dado cuenta de que los pelirrojos matan en una proporción desorbitada?" estaría haciendo una reflexión descabellada digna de acoso y amenazas?

Otros dijeron que no era el momento de decir que la violencia era masculina. El timing, ay, el timing. Porque está claro que el feminismo siempre tiene que esperar a que se hagan primero los análisis que la sociedad patriarcal considera importantes y ya, luego, hablar de lo suyo sin hacer demasiado ruido. Recuerda bastante a aquel momento, durante el 15M, cuando se desplegó una pancarta que decía “La revolución será feminista o no será” y los propios asistentes a dicha manifestación, supuestamente sensibilizados con las desigualdades, la arrancaron al instante, sin dar casi tiempo a leerla. Porque como ven, lo primero es lo primero, y "esto ahora, no”.

Tampoco faltaron los reproches al tuit de Freixas del tipo “usais cualquier cosa para vuestra causa”. VUESTRA causa. Declaración de intenciones bastante clara.

Pero más allá de los reproches machistas (que por supuesto no tuvieron ninguna consecuencia, al igual que tampoco despertaron rechazo masivo las amenazas a Laura sino únicamente su tuit), quizás no estaría de más analizar (ahora que ya han pasado varios días de los atentados y parece que las feministas ya podemos hablar de “nuestras” cosas) por qué parece tan erróneo recalcar que lo que pasó en París es fruto de la violencia masculina.

Partiendo de la base de que las guerras, sea cual sea, las causan y ejecutan hombres, que sólo en el siglo XX han sido asesinadas 140 millones personas a manos de (casi en su totalidad) hombres, y sabiendo que la figura de la mujer en estos escenarios queda siempre relegada a ser simples (y masivos) trofeos de guerra y/o víctimas de terrorismo sexual (como, por ejemplo, el de Boko Haram) o violaciones por parte de soldados... ( incluso de soldados en misión de paz, incluso de cascos azules), ¿es completamente desquiciado recordar en un tuit que los atentados de París, una vez más, vuelven a ser obra de hombres?

¿Por qué está bien analizar que los terroristas eran franceses para entender que el problema va más allá de Siria, pero no está sujeto a análisis ni crítica de ningún tipo que son, casi en su totalidad, hombres? ¿Qué estamos diciendo, que es casualidad que lo sean y que, por tanto, no hay nada más que hablar? ¿Estamos diciendo que se puede hacer hincapié, sin que te insulten o amenacen, en que los terroristas eran musulmanes (a pesar de que el ISIS ha asesinado, en su mayoría, a otros musulmanes) pero no podemos decir que son siempre hombres los que idean, dirigen y ejecutan estos atentados? ¿Por qué? ¿Por qué observaciones obvias sobre violencia masculina generan más violencia masculina? ¿Tampoco esto es digno de ningún tipo de reflexión?

¿Esta ceguera es por alienación o por elección? ¿Hasta cuándo el feminismo va a tener que dejar pasar un tiempo prudencial antes de analizar la historia desde una perspectiva de género para así no molestar ni “interrumpir” otros análisis? ¿Hasta cuándo vamos a seguir viendo normal que hombres linchen a mujeres por denunciar lo obvio y por darle una visión de género a lo que nos rodea?

Quizás debería haber esperado algunos días más a plantear tantas preguntas sobre un tema tan sumamente incómodo y fuera de lugar, pero es que me tocaba publicar en lunes. Sabrán perdonarme por la osadía.

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