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No lo llames rescate, llámalo suicidio irlandés

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La primera trinchera de la guerra es el lenguaje. No lo llames víctimas civiles, llámalo daños colaterales. No lo llames invasión de Afganistán, llámalo Operación Libertad Duradera. No lo llames rescate, llámalo capitalización, ayuda al sector financiero, "dulce rescate" o lo que sea.

La primera medida del Gobierno de Rajoy será impedir a toda costa que España pase en el frente de los titulares a formar parte del furgón de cola de la eurozona, aquel en que se encuentran los países enfermos que no pueden valerse por sí mismos y que son internados en una UVI financiera. Colocarnos en un limbo financiero en el que no seamos como Irlanda, Grecia o Portugal, aunque dependamos de la ayuda del exterior.

La razón es obvia: los gobiernos que caen en ese agujero son masacrados en las urnas.

España ha sido arrastrada hasta la videoconferencia de ministros de Hacienda del sábado como antes lo fue Irlanda. La realidad es que España necesita decenas de miles de millones de euros para sanear su sector financiero infectado por el estallido de la burbuja inmobiliaria y no tiene dinero suficiente para afrontar esas obligaciones.

Sin pretenderlo, los ministros del Gobierno, incluida la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, han calcado la reacción que tuvo el Gobierno irlandés en la semana que concluyó en el domingo 21 de noviembre de 2010. Durante días, los políticos del Fianna Fail negaron la evidencia, afirmaron que el problema se circunscribía al sector financiero, no a la economía del país, y sostuvieron que Irlanda no necesitaba ningún rescate. 

El jueves 18 de noviembre, cuando un equipo de inspectores del FMI dirigido por Ajai Chopra, director adjunto del departamento de Europa del FMI, ya estaba en Dublín, la versión oficial era que todas las discusiones se limitaban a los bancos. Se trataba de "discusiones técnicas" relacionadas con "problemas estructurales" de los bancos, en expresión del ministro de Hacienda, Brian Lenihan: "No se está hablando de incrementar la deuda soberana de Irlanda con una mayor carga financiera". En el Parlamento, Lenihan dijo por la tarde que el objetivo era mejorar la estructura financiera de los bancos (el problema eran los bancos, no el país) para que no continuaran dependiendo constantemente del aval financiero del Estado y de las líneas de liquidez puestas a su disposición por el BCE.

Eran declaraciones arrancadas por los medios de comunicación y los partidos de oposición después de que el gobernador del banco central, Patrick Honohan, revelara por la mañana que el emperador estaba desnudo y anunciara que la UE y el FMI se preparaban para conceder un importante préstamo con el que sostener al sector financiero. Honohan confirmó que los préstamos del BCE habían servido para compensar la fuga de depósitos de los bancos irlandeses, una situación que no podía continuar por más tiempo. El Estado irlandés no podía sostener por más tiempo a bancos. a pesar de que había creado un 'banco malo' para absorber los activos tóxicos de la burbuja inmobiliaria.

El Gobierno irlandés no esperaba ese arranque de transparencia de Honohan. Es una situación similar a la del Gobierno de Rajoy, aunque en este caso han sido los gobiernos extranjeros, en especial Alemania, los que se han negado a mantener la ficción de que España por sí sola puede rescatar a sus bancos.

El miedo al contagio a otros países era evidente. El lunes 22 de noviembre, el primer ministro portugúes, Jose Socrates, dijo que confiaba en que los créditos entregados a Irlanda impedirían que Portugal sería el siguiente país en tener que solicitar créditos a la UE. "Portugal no necesita ninguna ayuda", dijo. Es lo mismo que dirán el lunes los italianos.

La entonces ministra española de Exteriores, Trinidad Jimenez, se unió a la larga lista de dirigentes europeos que pensaba que la ayuda a Irlanda pondría fin a todos los problemas: "El euro se estabilizará gracias a la ayuda de todos los estados de la Unión Europea".

El rescate de Irlanda dejó al país fuera de los mercados financieros. Pocos inversores se atreven a comprar deuda soberana de un Estado cuyo Gobierno no tiene fondos para salvar a sus bancos. Una vez que descartas dejar que los bancos en estado de bancarrota quiebren y asumes que los contribuyentes corran con las pérdidas, te hundes en un agujero del que sólo el FMI y la UE te pueden sacar. Y si lo hace, será con duras condiciones, en forma de aumento del IVA, reducción de las pensiones y recorte del gasto público.

¿Cuál es la realidad actual de Irlanda? El país ha inyectado 63.000 millones de euros en sus bancos sin que eso haya servido para cerrar la herida. Algunos analistas sostienen que aún deberá poner otros 4.000 millones por encima de las pruebas de estrés realizadas el año pasado. La esperanza de que Irlanda pueda volver a los mercados financieros el próximo año se desvanece. No mientras los tipos de interés de la deuda a diez años en el mercado secundario sigan estando en el 7%.

Es casi imposible separar la salud financiera de los bancos de la economía en su conjunto. Ni siquiera cuando en el caso español se supone que los dos gigantes, Santander y BBVA, no están en la misma tesitura del resto del sector. El jefe de economía de la BBC, Robert Peston, destaca hoy un dato que aparece en el informe del FMI que a buen seguro habrá despertado el interés de otros muchos analistas. Los bancos españoles tienen el 40% de la deuda soberana española. "Dicho de otra manera, el Gobierno español tendría problemas para financiarse sin esos préstamos de sus bancos, y los bancos se hundirían si el Gobierno fuera a hundirse", explica Peston.

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