En Israel tiene más castigo atacar una estatua de Jesús que torturar o asesinar a civiles palestinos
El Ejército israelí tardó solo 48 horas en investigar y castigar a dos soldados que destruyeron una estatua de Jesucristo en una aldea del sur de Líbano y fotografiaron la hazaña. El incidente desencadenó condenas internacionales e indignación tras hacerse viral en redes sociales el pasado domingo.
La imagen de un soldado que golpea con un martillo la estatua de Jesús, tras descolgarla de su cruz, fue difundida además en medio del alto el fuego en Líbano, que Donald Trump declaró la semana pasada, aunque Israel no ha detenido todos sus ataques contra objetivos en territorio libanés y sus tropas no se han retirado de una amplia zona del sur del país árabe, donde tuvieron lugar los hechos.
En el marco de la ocupación de una franja de varios kilómetros de profundidad junto a su frontera con Líbano, los militares israelíes han estado destruyendo y arrasando viviendas e infraestructura civil, después de haber ordenado la evacuación forzosa de los cientos de miles de residentes de la zona al principio de su ofensiva, hace poco más de un mes y medio. A pesar de que los dirigentes políticos y militares israelíes afirman que están actuando contra el grupo chií Hizbulá, las aldeas habitadas por cristianos no se han salvado de los bombardeos, la invasión y la destrucción.
Castigo rápido y ejemplar
El martes, el Ejército de Israel (FDI) anunció que el soldado que destrozó la estatua y el que lo fotografió van a ser suspendidos y castigados con una pena de 30 días de detención militar; mientras que otras medidas disciplinarias podrían adoptarse contra los seis soldados que presenciaron los hechos y no actuaron para impedirlo ni informaron de ello.
“La investigación determinó que la conducta de los soldados se desvió completamente de las órdenes y los valores de las Fuerzas de Defensa de Israel”, afirmaron en un comunicado. “Las FDI lamentan profundamente el incidente y recalcan que sus operaciones en Líbano están dirigidas exclusivamente contra la organización terrorista Hizbulá y otros grupos terroristas y no contra civiles libaneses”. Después de conocer los resultados de la investigación, “el Jefe del Estado Mayor condenó el incidente y declaró que constituye una conducta inaceptable y una falta moral, que excede con creces cualquier estándar aceptable y contradice los valores de las FDI y la conducta esperada de sus tropas”, agregó el comunicado.
Además, el mismo martes, las FDI difundieron una foto del nuevo crucifijo que han instalado en la localidad de Debel, “en plena coordinación con la comunidad local”. Y reiteraron que “lamentan profundamente el incidente y están trabajando para garantizar que no vuelva a ocurrir en el futuro”.
En los pasados dos años y medio, desde el comienzo del genocidio en Gaza, el Ejército no había reconstruido o reparado los destrozos causados por soldados que se excedieron en su comportamiento, ni en la Franja ni en Líbano o en Siria –territorios en los que han ocupado amplias áreas desde 2023–.
La rapidez y eficacia con las que han actuado las autoridades ante la destrucción de la estatua de Jesucristo contrasta con otros muchos casos de mala conducta y abusos por parte de los uniformados, que no son investigados ni castigados prácticamente nunca. También llaman la atención las declaraciones del Gobierno de Tel Aviv, que en esta ocasión no pudo defender al “ejército más moral del mundo”, como a menudo se califican a sí mismos, debido a las críticas y presiones internacionales.
“Me sentí consternado y entristecido al enterarme de que un soldado de las FDI dañó un icono religioso católico en el sur del Líbano. Condeno este acto en los términos más enérgicos”, dijo en X el primer ministro Benjamín Netanyahu. El mandatario aprovechó para remarcar que Israel es el país donde “la población cristiana prospera a diferencia de otros lugares de Oriente Medio” –una afirmación contraria a la realidad en Jerusalén, donde las autoridades israelíes suelen imponer restricciones a estos fieles que son, en su mayoría, palestinos–.
Esta reacción dice mucho no solo sobre Israel, sino también sobre las respuestas occidentales. Muchas de las personas que se indignaron ante la imagen de un soldado israelí destrozando una estatua, mostraron poca o ninguna indignación cuando Israel bombardeaba sitios e instituciones religiosas cristianas en Gaza
Un caso que dice mucho de Israel y también de Occidente
La profesora de Derecho Internacional de la Universidad Nebrija, Sonia Boulos, destaca que Israel actuó muy rápidamente en esta ocasión, pero va más allá: “Esta reacción dice mucho no solo sobre Israel, sino también sobre las respuestas occidentales. Muchas de las personas que se indignaron ante la imagen de un soldado israelí destrozando una estatua, mostraron poca o ninguna indignación cuando Israel bombardeaba sitios e instituciones religiosas cristianas en Gaza; cuando se difundieron videos de graves actos de violencia sexual y tortura cometidos por soldados israelíes contra detenidos palestinos; o cuando se transmitieron en directo imágenes de niños y civiles muriendo de hambre”.
En una entrevista con elDiario.es, Boulos, que ha ejercido como abogada en la Asociación de Derechos Civiles en Israel, donde ha litigado durante seis años numerosos casos frente al Tribunal Superior de Justicia, considera que detrás de esa indignación hay “racismo”. “El cristianismo occidental se ha apropiado de Jesús, olvidando que Jesús mismo provenía del Suroeste de Asia y hablaba arameo. A través de esta apropiación, el incidente fue percibido como un ataque a su identidad o a uno de los suyos y no como una anécdota dentro de una trayectoria mucho más larga de violencia colonial que Israel ejerce contra palestinos, libaneses y otros pueblos vecinos”, explica la experta.
“Esta vez, Israel no pudo justificar el acto como ha justificado el bombardeo de instituciones cristianas calificándolo de daño colateral o de error, ni pudo alegar—como suele hacer en relación con el acoso diario a la comunidad cristiana en Jerusalén mediante violencia, escupitajos y vandalismo, incluido el de cementerios—que se trataba de actos de individuos extremistas”, agrega Boulos, destacando que al tratarse de un soldado israelí no podía justificarlo con “las maniobras retóricas” habituales.
La profesora señala que el derecho internacional humanitario proporciona protecciones amplias a los sitios y símbolos religiosos durante los conflictos armados y, por tanto, lo sucedido en Líbano es “grave”. Pero recuerda que “Israel ha sido acusado de violaciones de una gravedad extrema, que implican formas insidiosas de violencia, incluida la utilización sistemática de la tortura, la violencia sexualizada y el hambre contra la población palestina”; además de que relatores especiales de Naciones Unidas y la Comisión Internacional Independiente de Investigación han concluido que Israel ha cometido genocidio en Gaza. Por ello, Boulos cree que el foco de atención debería estar en “la estructura más amplia de la impunidad de Israel, habilitada por la complicidad occidental”.
Esta vez, Israel no pudo justificar el acto como ha justificado el bombardeo de instituciones cristianas calificándolo de daño colateral o de error, ni pudo alegar que se trataba de actos de individuos extremistas
Durante la brutal ofensiva israelí en Gaza –en la que el ejército ha matado a más de 72.000 palestinos desde octubre de 2023 hasta el momento–, se difundieron en redes sociales numerosas imágenes de soldados asaltando y saqueando propiedades de palestinos; maltratando y abusando de los detenidos, tanto en la Franja como en Cisjordania; insultando y mofándose de los presos o de otros. En muchas ocasiones, fueron los propios militares los que publicaban ese material incriminatorio y también alardeaban de que estaban causando una gran destrucción y que la población palestina no tendría ninguna casa a la que regresar.
Según el periódico Haaretz, solo uno de los múltiples casos de saqueo y destrucción de propiedades por parte de soldados israelíes durante las operaciones terrestres en Gaza y Líbano resultó en una acusación penal, que se resolvió el pasado mes de febrero mediante un acuerdo con la Fiscalía militar, que rebajó el delito de saqueo a robo. De acuerdo con los datos obtenidos por ese medio, en 2024 se abrieron al menos otras seis investigaciones penales por saqueo o destrucción de propiedades pero ninguna de ellas derivó en una acusación formal.
A pesar de que existen numerosas fotos y vídeos de soldados cometiendo diferentes tipos de delitos y en las que se pueden identificar a los uniformados, éstos no han sido perseguidos en Israel, aunque sí ha habido algún intento de hacerlo en el extranjero, impulsado por activistas palestinos o propalestinos.
Hay una falta de voluntad o incapacidad del sistema israelí para enjuiciar crímenes de derecho internacional, lo que pone de relieve la urgente necesidad de recurrir a la justicia internacional como la única vía que le resta a la población palestina
Impunidad para los “crímenes contra la población palestina”
El caso más mediático y polémico en Israel se remonta a 2024, cuando cinco soldados fueron acusados de abusar y agredir sexualmente a un detenido palestino en la prisión militar de Sde Teiman, conocida por las torturas y maltrato que reciben los reclusos.
Este mes de marzo, el fiscal general militar del Estado hebreo decidió retirar todos los cargos contra los acusados, que habían sido defendidos en todo momento por medios israelíes y por el Gobierno de Netanyahu. Tras el archivo del caso, el ministro de Defensa, Israel Katz, celebró la decisión del fiscal general del Ejército y arremetió contra su antecesora en el cargo al considerar que abrió el caso en febrero de 2025 para “difamar” a los militares. La fiscal Yifat Tomer-Yerushalmi dimitió posteriormente, admitiendo que había filtrado a los medios el vídeo en el que se puede ver a los soldados llevarse al preso a un rincón y someterlo a abuso, aunque trataron de evitar la grabación de los actos con sus escudos antidisturbios.
“Esta decisión supone un nuevo capítulo inadmisible en la larga trayectoria del sistema judicial israelí de conceder impunidad a los responsables de crímenes graves contra la población palestina”, afirmó tras el archivo del caso Erika Guevara Rosas, directora de Investigación, Trabajo de Incidencia y Política de Amnistía Internacional. También denunció la “falta de voluntad o incapacidad del sistema israelí para enjuiciar crímenes de derecho internacional, lo que pone de relieve la urgente necesidad de recurrir a la justicia internacional como la única vía que le resta a la población palestina”.
Al menos 98 palestinos han perdido la vida bajo custodia israelí, sin que las autoridades hayan abierto ninguna investigación independiente, transparente e imparcial en ninguno de los casos
Según Amnistía Internacional, desde el inicio del genocidio en Gaza en octubre de 2023, solo un soldado israelí ha sido condenado por torturar a un detenido palestino, “pese a las abrumadoras pruebas de tortura y abusos generalizados —incluida la violencia sexual— contra personas palestinas en centros de detención israelíes”. La ONG destacó en un comunicado que, en los pasados dos años y medios, “al menos 98 palestinos han perdido la vida bajo custodia israelí, sin que las autoridades israelíes hayan abierto ninguna investigación independiente, transparente e imparcial en ninguno de los casos”.
Un artículo publicado en Haaretz, después del castigo a los dos soldados que han protagonizado el caso de Líbano, concluye que “una estatua de Jesús obtiene más empatía que los palestinos en Israel”. La autora señala que “los líderes israelíes examinaron con lupa la conducta de un soldado al que ellos mismos contribuyeron a moldear; una conducta que quedaría impune si se dirigiera contra los 'enemigos adecuados'. Esos 'enemigos' —personas de carne y hueso, víctimas de abusos— reciben menos empatía que un trozo de madera”.
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