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Qué persigue Israel con su invasión de Líbano y por qué esta vez es diferente

Tropas israelíes en territorio libanés junto a la frontera norte de Israel.

Francesca Cicardi

2 de abril de 2026 22:05 h

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Cuando se ha cumplido un mes de la ofensiva de Israel contra Líbano y con la expansión de las operaciones terrestres en el sur del país árabe, el Gobierno de Benjamín Netanyahu se dispone a establecer una “zona de seguridad” junto a la frontera norte de Israel y a ocupar una gran área del territorio libanés de forma indefinida.

Si bien las tropas israelíes permanecieron en cinco puntos en el sur de Líbano después del alto el fuego de finales de noviembre de 2024 –que el Ejército hebreo incumplía constantemente–, sus posiciones se encontraban a poca distancia de la frontera israelí. Ahora, los militares han penetrado varios kilómetros en territorio libanés, avanzando rápidamente en las pasadas cuatro semanas, a pesar de la resistencia del grupo chií Hizbulá.

Precisamente, Israel quiere eliminar la presencia de Hizbulá de toda la zona al sur del río Litani para evitar que lance misiles y cohetes hacia el norte de su territorio y, para ello, pretende vaciar y arrasar una amplia área –como hizo en varias partes de la Franja de Gaza para, supuestamente, acabar con el grupo palestino Hamás–. El río Litani atraviesa Líbano de este a oeste en su extremo sur, entre las ciudades de Tiro y Sidón (las de mayor tamaño y población de esta región), y discurre de forma casi paralela a la frontera.

El “modelo de Gaza”

El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha repetido en varias ocasiones que sus hombres seguirán “el modelo de Gaza” y ha advertido de que todas las casas en las poblaciones próximas a la frontera serán destruidas. El objetivo es “eliminar de forma permanente las amenazas cercanas a la frontera”, ha afirmado Katz esta semana. Las localidades más cercanas a la divisoria entre Israel y Líbano ya habían sido atacadas o destruidas y sus habitantes, expulsados en la ofensiva de 2024. La mayoría de ellos habían podido regresar, pero han sido desplazados una vez más por Israel este mes de marzo.

El Ejército israelí ha ordenado la evacuación de toda la población al sur del río Zahrani, situado a unos 40 kilómetros al norte de la frontera. El área representa más del 10% de la extensión de Líbano y en ella residían unas 600.000 personas antes de la actual guerra.

Israel pretende ocupar el sur de Líbano hasta el río Litani

N

Detalle

5 km

Zona que el ejército israelí ha ordenado evacuar

Sidón

LÍBANO

Posiciones que Israel ha mantenido en territorio libanés desde 2024

Río Zahrani

Nabatiye

Río Litani

Hamamis

Tiro

Houla

Altos del Golan

ocupados por

Israel

Naquora

Jabal Blat

Shaked

Lebbouneh

ISRAEL

GRÁFICO: IGNACIO SÁNCHEZ. FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA CON BASE EN DATOS DE ANADOLU, UNIFIL, FDI y INSS

Israel pretende ocupar el sur de Líbano

hasta el río Litani

Detalle

N

15 km

Sidón

LÍBANO

Río Zahrani

Nabatiye

Río Litani

Hamamis

Tiro

Houla

Altos

del Golan

ocupados

por Israel

Shaked

Naquora

Jabal Blat

Lebbouneh

ISRAEL

Zona que el ejército israelí ha ordenado evacuar

Posiciones que Israel ha mantenido en territorio libanés desde 2024

GRÁFICO: IGNACIO SÁNCHEZ. FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA

CON BASE EN DATOS DE ANADOLU, UNIFIL, FDI y INSS

Según el periódico israelí Haaretz, que cita fuentes del Ejército, aproximadamente el 70% de los habitantes se ha marchado, esto es, unas 585.000 personas que han tenido que buscar refugio en otras partes de Líbano. Katz ha reiterado esta semana que no se les permitirá regresar a sus casas hasta que “esté garantizada la seguridad de los residentes del norte” de Israel. Pero, por primera vez desde el comienzo de la ofensiva el 2 de marzo, ha dicho claramente que las tropas israelíes permanecerán desplegadas en territorio libanés, incluso después de que concluya la operación militar, para mantener la seguridad hasta el río Litani.

Hasta el momento, se habían negado a marcharse los habitantes de las aldeas cristianas, pero también las están abandonando porque se encuentran cada vez más en el punto de mira. Esta semana, el Ejército israelí acusó a Hizbulá de haber tomado el control de la aldea cristiana de Qawzah y de lanzar ataques con misiles y cohetes desde ese lugar. Los milicianos chiíes están empleando sobre todo proyectiles antitanque y de corto alcance para atacar a las tropas hebreas y el país vecino, aunque también han disparado algún misil de más alcance.

Al mismo tiempo, el Ejército libanés se ha retirado de algunas de estas localidades de mayoría cristiana y de las áreas más próximas a la frontera, ante las “incursiones hostiles israelíes”. En un comunicado, ha asegurado que mantiene su presencia en el sur del país y continúa apoyando a los residentes “en la medida de sus posibilidades”, que son limitadas –las Fuerzas Armadas libanesas dependen en gran medida de la ayuda de EEUU–.

Es lamentable que el ejército libanés no forme parte de la ecuación a la hora de disuadir a Israel

Jean Kassir experto en Líbano

Jean Kassir, experto en Líbano del Instituto Tahrir para la Política de Oriente Medio (TIMEP, con sede en Washington), explica a elDiario.es que las instituciones del pequeño país árabe no pueden hacer mucho para detener el avance israelí ni forzar su retirada más adelante. “Es lamentable que el ejército libanés no forme parte de la ecuación a la hora de disuadir a Israel”, afirma y agrega que, ahora mismo, con toda la atención puesta en Irán, “Israel opera con total impunidad y sin ningún tipo de presión internacional para detenerlo”.

Respecto a la posibilidad de que el Estado hebreo ocupe el sur de Líbano, el experto señala que “Israel está empleando fósforo blanco y realizando bombardeos masivos [en el sur del Líbano] para asegurarse de que la vida no pueda regresar a esta región”, donde tiene previsto establecer esa “zona de amortiguación”. 

Tensiones internas en un país frágil

En su opinión, es “un enorme retroceso desde la liberación en el año 2000”, en referencia a la retirada de Israel de Líbano, país que invadió por primera vez en 1982, en el marco de la guerra civil. Todos los libaneses tienen muy en cuenta ese conflicto que desgarró su país durante muchos años (1975-1990) y en el que Israel jugó un papel desastroso, por ejemplo, en las masacres de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila. Kassir hace referencia a ese pasado: “Me preocupa el riesgo de enfrentamientos internos, que son muy probables dada la naturaleza de Líbano”.

“Cuando hay más de un millón de desplazados en un país multiconfesional, es de esperar que surjan tensiones, sobre todo porque ya existían antes de la guerra. El Estado es débil y no puede acoger a personas durante mucho tiempo; no cuenta con los fondos necesarios para gestionar esta crisis humanitaria. Aumentarán las tensiones en las zonas que acogen a las personas desplazadas, cuanto mayor sea el número de personas desplazadas durante un período prolongado, mayores serán las tensiones que podemos esperar”, afirma el analista desde Beirut.

Cuando hay más de un millón de desplazados en un país multiconfesional, es de esperar que surjan tensiones, sobre todo porque ya existían antes de la guerra

Jean Kassir experto en Líbano

A los desplazados del sur del país se suman los que han tenido que abandonar los suburbios meridionales de la capital, considerados un bastión de Hizbulá. En total, más de un millón de personas desplazadas, en su mayoría, chiíes. Esa cifra representa alrededor de un quinto de toda la población del pequeño país, pero se calcula que el 80% no está en refugios formales, sino en tiendas de campaña y otros alojamientos improvisados y, los más afortunados, en casas de familiares y amigos o de alquiler. La ONU ha alertado de que esta es la peor crisis humanitaria a la que hace frente Líbano en más de dos décadas, con más de 1.200 víctimas mortales en el mes de marzo.

El experto de TIMEP destaca que “se dan todos los elementos para una posible explosión interna”, pero agrega que “en Líbano la violencia está regulada por los partidos políticos”, incluido Hizbulá, que tiene un peso considerable en las instituciones del país. Kassir dice que, de momento, se está manteniendo un cierto equilibro entre el Gobierno y el Ejército, por un lado, y Hizbulá, por otro. Muchos en Líbano, incluido el Ejecutivo, responsabilizan al grupo armado de haber arrastrado al país a un nuevo conflicto por atacar a Israel en represalia por los bombardeos israelíes y estadounidenses contra Irán.

La ocupación legitimará a Hizbulá. Había perdido mucha popularidad en los últimos dos años, pero la ocupación permanente del sur le dará una razón de ser mucho más fuerte que la que tenía antes

Jean Kassir experto en Líbano

En septiembre de 2025, el Gobierno y el Ejército libaneses empezaron a aplicar un plan para desarmar a Hizbulá y forzar su retirada del sur, bajo la presión de EEUU e Israel, pero este proceso puede ser revertido por la actual guerra y una ocupación israelí, que, según apunta Kassir, justificaría la resistencia armada de esta milicia o de otras. Sobre todo, frente a la impotencia del Estado libanés.

“La ocupación legitimará a Hizbulá. Había perdido mucha popularidad en los últimos dos años, pero la ocupación permanente del sur le dará una razón de ser mucho más fuerte que la que tenía antes, tras la liberación [del año 2000]. Incluso, según el derecho internacional, cualquier persona tiene derecho a poseer armas legítimamente para defender su territorio”, señala el experto y agrega: “Es muy difícil imaginar cómo el Gobierno libanés va a negociar la retirada de las tropas israelíes, a menos que haya una decisión internacional sobre la integridad territorial del Líbano”.

La no frontera entre Israel y Líbano

Una nueva ocupación de Líbano también pone en entredicho el papel de la misión de mantenimiento de paz de Naciones Unidas para este país, creada en 1982 cuando Israel invadió Líbano y cuyo papel fue supervisar la retirada israelí del país árabe en el 2000 y, posteriormente, el alto el fuego entre Israel y Hizbulá tras la guerra de 2006. La FPNUL (UNIFIL, por sus siglas en inglés) está desplegada en el sur de Líbano, precisamente en la región fronteriza por la que está avanzando Israel y donde quiere establecer su “zona de seguridad”.

Los cascos azules se han visto en el fuego cruzado entre los dos archienemigos desde principios de marzo, de forma cada vez más peligrosa, y en los pasados días tres militares de Indonesia fallecieron (uno de ellos por el impacto de un proyectil cerca de una posición de la FPNUL y otros dos por una explosión que destrozó el vehículo en el que viajaban). La ONU ha abierto una investigación para esclarecer ambos incidentes y no ha responsabilizado a ninguna de las partes beligerantes, aunque Israel acusó rápidamente a Hizbulá de provocar la muerte de las dos últimas víctimas, cerca de Bani Hayyan. En el pasado mes, también han muerto diez soldados israelíes en Líbano y varios uniformados libaneses.

Un helicóptero israelí lanza un proyectil contra un objetivo en el sur de Líbano, el 23 de marzo de 2026.

Lo cierto es que la presencia de los cascos azules incomoda a ambos bandos, que llevan mucho tiempo pidiendo su retirada. El pasado septiembre, después de presuntas presiones de EEUU e Israel, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas decidió prorrogar la misión de la FPNUL sólo hasta diciembre de este año, cuando deberá comenzar su repliegue y retirada, a pesar de que el Gobierno libanés había pedido su permanencia. 

Israel ve en la marcha de la FPNUL y en la actual guerra la oportunidad de mover a su antojo la línea divisoria entre su territorio y Líbano, que fue acordada cuando las tropas israelíes pusieron fin a la primera invasión del país vecino y que la misión de la ONU ha estado vigilando todo este tiempo, con muchas dificultades sobre el terreno.

De hecho, entre los dos países no hay una frontera como tal, sino que los separa la llamada Línea Azul, trazada por la ONU en el 2000 y aceptada por las dos partes en conflicto, que nunca han llegado a un acuerdo sobre dónde debe estar la frontera. Israel se ha expandido más allá de la Línea Azul en los pasados 25 años y, desde la llegada al poder del Gobierno ultranacionalista de Netanyahu, su aspiración es conquistar más territorios para crear el denominado “Gran Israel”. Uno de sus ministros más radicales, el colono Bezalel Smotrich, afirmó recientemente que “el Litani tiene que ser la nueva frontera con el Estado de Líbano”. Esa idea no es nueva sino que tiene más de un siglo y, de acuerdo con esa visión, la frontera “natural” de Israel debe situarse en el río Litani. Ahora parece que el Estado hebreo está dispuesto a llevar a la práctica ese plan sionista. 

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