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La misión Artemisa II despega con éxito y comienza el regreso a la Luna después de más de medio siglo

La misión Artemisa II despega rumbo a la Luna.

Antonio Martínez Ron

1 de abril de 2026 17:16 h

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¡Rumbo a la Luna! Los cuatro astronautas de la misión Artemisa II, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen han despegado en la madrugada de este miércoles santo con destino a nuestro satélite medio siglo después del programa Apolo. El gigantesco cohete SLS ha despegado sin sobresaltos a las 00:35 h (hora peninsular española) desde el Centro Espacial Kennedy en Florida para poner la cápsula Orión y a sus tripulantes en órbita. Allí estarán alrededor de 24 horas antes de propulsarse en un viaje histórico de unos diez días que los llevará a dar una vuelta a la Luna y regresar.

En la madrugada del jueves al viernes, la nave ejecutará la maniobra conocida como “inyección translunar”, un prolongado encendido de motores que los catapultará en una trayectoria directa hacia su destino. Durante este trayecto, la tripulación verá cómo la Tierra se encoge lentamente a través de las ventanillas, mientras la Luna crecerá en el horizonte. Aunque en esta ocasión no aterrizarán en la superficie lunar, serán los primeros seres humanos en posar sus propios ojos sobre la cara oculta del satélite en más de cincuenta años y, si todo va como se espera, los que alcance el récord de distancia respecto a la Tierra.

Durante las primeras horas desde su lanzamiento, la nave experimentó dos problemas técnicos que fueron solucionados por la NASA. El primero, en las comunicaciones. Apenas una hora después de iniciarse el viaje, se perdieron las conexiones con la tierra, que pudieron ser “restauradas”. El segundo, afectó a los inodoros. En concreto, según explicó la NASA, se trata de un “inconveniente en el controlador” en el que ya se estaba trabajando.

Esta misión es también un ejercicio extremo de gestión del riesgo, por lo que cada fase del vuelo incorpora mecanismos de emergencia. La travesía durará aproximadamente diez días, cuyos principales hitos iremos siguiendo en elDiario.es paso a paso (consulta aquí los horarios y claves).

Un ocho en el espacio

La trayectoria de la misión dibujará una especie de gigantesco ocho en el espacio. Tras despegar y dar unas vueltas iniciales en la órbita de la Tierra para comprobar que todos los sistemas funcionan correctamente, la nave Orion será impulsada en un trayecto directo hacia la Luna. Una vez allí, los astronautas no aterrizarán, sino que rodearán la cara oculta de nuestro satélite. 

Lo más destacado de esta ruta es que utiliza lo que la NASA denomina una “trayectoria de retorno libre”. Esto significa que, tras rodear la Luna, la propia fuerza de la gravedad actuará como un vehículo natural para devolver la cápsula a la Tierra de forma automática y sin necesidad de usar los motores, garantizando así un regreso seguro que culminará con un amerizaje en el océano Pacífico.

Cómo verán la Luna

Durante el sobrevuelo, los astronautas disfrutarán de una perspectiva visual espectacular. A medida que se aproximen a su destino, la Luna se verá aproximadamente del tamaño de una pelota de baloncesto a la distancia de un brazo extendido. La NASA ha recreado visualmente lo que verán:

Durante el trayecto, verán la Luna en primer plano y la Tierra en la distancia, aunque la tripulación no presenciará el tradicional “Earthrise” o Salida de la Tierra tal y como lo inmortalizó la misión Apolo 8, ya que las características de su trayectoria de retorno libre ofrecerán una secuencia visual diferente. Además, el Apolo 8 orbitó la Luna a una distancia muy cercana, a tan solo unos 100 kilómetros de su superficie, mientras que la nave Orión sobrevolará la cara oculta a una distancia de unos 7.400 o 7.600 kilómetros.

“Van a ver partes de la Luna que nadie ha visto antes, lo cual es realmente espectacular”, ha dicho Nicola Fox, jefa de ciencia de la NASA. “En la oscuridad podrán buscar destellos de impacto, cuando los micrometeoritos golpean la superficie. Además, verán un eclipse solar total desde la cápsula de Orión. Estamos encantados de que esta Artemisa como tripulación pueda ver la Luna de una manera que nunca antes habíamos visto”.

Récord de distancia y un rastro de pis

Entre los hitos de esta misión, los astronautas rodearán el lado oculto de la Luna y se espera que rompan el récord histórico de mayor distancia de la Tierra alcanzada por seres humanos. Superarán la famosa marca que estableció la misión Apolo 13, situándose a más de 400.171 kilómetros de nuestro planeta. Paradójicamente, los cuatro astronautas podrán ver mejor la cara oculta de la Luna que las tripulaciones del programa Apolo, ya que estas últimas se lanzaron mientras la mayor parte de la cara visible estaba iluminada y la cara oculta en sombra. 

Van a ver partes de la Luna que nadie ha visto antes, lo cual es realmente espectacular. Además, verán un eclipse solar total desde la cápsula de Orión

Nicola Fox Jefa de ciencia de la NASA

Con un diámetro de unos cinco metros, Orión es también la cápsula más grande de la historia, superando con creces los 3,9 metros de diámetro de las cápsulas Apolo. También es la primera cápsula con un baño completo que irá a la Luna (en el Apolo tuvieron que apañarse con un sistema de bolsas de plástico). Este baño cuenta con un asiento sobre un contenedor, con una manguera larga y flexible para cada astronauta. La orina descenderá por la manguera y se expulsará al espacio varias veces al día, lo que —como destaca la arqueóloga espacial Alicew Gorman— “dejará un rastro de orina congelada a su paso por la Luna”.

Sensación agridulce

Este hito histórico se produce en medio de una guerra ilegal y una crisis global producida por Donald Trump, quien además ha metido un tajo sin precedentes a los presupuestos de ciencia de su país. El presidente estadounidense ha tratado de acelerar los vuelos espaciales tripulados, pero lo ha hecho a costa de aplicar duros recortes a las misiones robóticas y de ciencia espacial de la NASA. Esta situación ha derivado en propuestas de fuertes ajustes a los presupuestos científicos, la cancelación de misiones y despidos internos, provocando que los principales científicos estén abandonando la NASA y otras agencias federales “en masa”.  

Los astronautas de Artemisa II en una de las pruebas.

Todo ello hace que muchos científicos del mundo aeroespacial y astrofísico vivan la inminente misión lunar con una profunda sensación agridulce. Una postura compartida por voces como la del astrofísico Jorge Hernández Bernal, quien en un artículo para elDiario.es expresaba su preocupación por “la forma en que Estados Unidos pretende imponer un orden internacional en el espacio”, y alertaba del riesgo de que iniciativas como los Acuerdos Artemisa legitimen una “explotación descontrolada de recursos” que acabe convirtiendo la Luna en un nuevo “salvaje Oeste”.

Estos sentimientos encontrados están muy extendidos en la comunidad científica internacional. En la revista Nature, investigadores como la paleoclimatóloga Yarrow Axford confiesan que, aunque explorar el espacio es asombroso, “en este momento, es imposible sentirse bien con la dirección que está tomando la NASA bajo la administración Trump”. Otros, como el geoquímico planetario Marc Norman, admiten no estar “especialmente emocionados”. El senador y exastronauta Mark Kelly también ha advertido del evidente peligro de que Donald Trump politice la misión y recuerda, en declaraciones a The New York Times, que el regreso de la humanidad a la Luna “no debería ser un ejercicio partidista”.

Contribución española y europea

La contribución europea a la misión Artemisa II es vital, ya que la Agencia Espacial Europea (ESA) proporciona el Módulo de Servicio Europeo (ESM), un elemento central del que depende completamente la operatividad de la nave Orión. Como destacan fuentes del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, dentro de este marco de cooperación internacional, España juega un papel tecnológico y científico imprescindible, respaldado por una fuerte aportación gubernamental de 134 millones de euros al programa de exploración de la ESA. 

A nivel industrial, la participación española aporta unos 3 millones de euros a cada ESM recurrente e incluye a la empresa Airbus CRISA, que desarrolla las unidades de control térmico esenciales para la supervivencia de la tripulación, así como a ALTER Technology, encargada de garantizar la fiabilidad de los componentes críticos del sistema. Asimismo, en el ámbito científico, el país aporta seguridad a la misión a través de la Universidad de Alcalá, cuyo análisis de la radiación espacial es clave para evaluar y mitigar los riesgos a los que se enfrentarán los astronautas durante el vuelo.

Una carrera simbólica y de poder

Daniel Marín, astrofísico y experto en exploración espacial, cree que Artemisa II supone la culminación de un programa creado en 2010. “Cuando la Orión demuestre que puede llevar humanos alrededor de la Luna, la pelota estará en el tejado de SpaceX y Blue Origin, que son las empresas que están desarrollando los módulos lunares para el primer alunizaje, previsto para 2028 con Artemisa IV”, asegura. En todo caso, recuerda, la misión hay que enmarcarla en el enfrentamiento geoestratégico y espacial entre EEUU y China, que planea poner dos astronautas en la superficie lunar en 2030. “Los retrasos de EEUU han ocasionado que China pueda adelantarse, y que, por cierto, planee su propia Artemisa II para 2028, una misión alrededor de la Luna en la nave Mengzhou”.

Ahora vamos a la Luna, no para demostrar que podemos hacerlo como en las misiones Apolo, sino para demostrar que, en un futuro podríamos quedarnos en su superficie y además sobrevivir

Eva Villaver Astrofísica y subdirectora del IAC

Para Pedro León, escritor y especialista en exploración espacial, el histórico regreso de la humanidad a la Luna con Artemisa 2 representa una nueva puerta abierta hacia el futuro. “Sin embargo, el tipo de futuro que veremos está por decidir” matiza. “Mi mitad optimista piensa en una futura base lunar donde se realizarán experimentos científicos para beneficio de toda la humanidad, fruto de la colaboración entre muchos países”, apunta. “Pero mi lado pesimista, o tal vez realista, me muestra una nueva carrera espacial con las potencias enfrentadas, donde además las empresas buscarán beneficios con la explotación de los recursos de la Luna. Solo espero que hayamos aprendido algo de los errores cometidos desde que estuvimos allí con las misiones Apolo y en esta nueva etapa sea la ciencia la protagonista de nuestro futuro en la Luna”.

En opinión de Eva Villaver, astrofísica y subdirectora del IAC, con las misiones Artemisa hay un cambio de paradigma en la narrativa de épica de la exploración espacial. “Ahora vamos a la Luna, no para demostrar que podemos hacerlo como en las misiones Apolo, sino para demostrar que, en un futuro podríamos quedarnos en su superficie y además sobrevivir”, señala. Pero, además, para la ciencia se abre una inmensa oportunidad para aprender. “La Luna, a pesar de que en en términos astronómicos está, literalmente, aquí al lado es una gran desconocida para la ciencia”, concluye. “Ahora, de nuevo, vamos a poder tocarla para aprender un poco más de ella, y de paso de nosotros mismos.

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