Qué han hecho los líderes de izquierda que siguen ganando elecciones en Europa
Casi la mitad de los británicos tiene una opinión favorable de su primer ministro. En un país desanimado y que detesta desde hace años a cualquiera en el poder es un logro considerable. Andy Burnham ha recuperado apoyo en las encuestas de intención de voto para el Partido Laborista, que el jueves volvió a ganar en Londres el escaño que ha dejado el ex primer ministro Keir Starmer.
A la luz de lo que ocurra en las elecciones del 29 de noviembre en España, Burnham pronto puede ser el único primer ministro de centroizquierda que quede un país europeo grande.
¿Qué han hecho los líderes de izquierda y centroizquierda para ganar elecciones o mantener el respaldo público frente a la ola conservadora en Europa? “Es la pregunta del millón”, dice a elDiario.es Federica Genovese, catedrática de Políticas de la Universidad de Oxford. La experta en desigualdad y políticas climáticas del centro de estudios europeos señala que hasta ahora España era uno de los pocos ejemplos para el centroizquierda a los que se podía mirar para extraer lecciones. “Es interesante hacerse esa pregunta al revés”, comenta.
Burnham es un buen ejemplo de cómo cambiar la dirección de la opinión pública. Si bien es un caso especial porque el laborismo ha tenido la oportunidad de renovarse estando en el Gobierno con un nuevo líder después de la dimisión de Starmer, el nuevo primer ministro británico ha logrado darle la vuelta a las encuestas y ganar comicios a escaños del Parlamento frente al Partido Verde a su izquierda y a Reform en la extrema derecha. Su éxito, en parte, tiene que ver con rasgos personales: su tono cercano, su acento del norte de Inglaterra y su capacidad de explicarse en redes. Pero también con un foco que se repite en los pocos casos exitosos en la izquierda.
“Las políticas que Burnham trajo consigo en verano gustan, como el tope de los billetes de autobús o impuestos más bajos en las facturas de electricidad de los hogares”, explica Genovese. “La extrema derecha populista tiende a ser muy buena monopolizando pequeños asuntos cotidianos. Y el hecho de que Burnham quisiera fervientemente hablar de esos asuntos le ayudó”.
Su claridad a la hora de abrir el debate de la vuelta a la Unión Europea o rechazar las privatizaciones y la centralización desde los años 80 también han sido bien recibidas. “Necesitas llegar con una visión. La política tecnocrática no es para nada la protagonista del momento”, explica Genovese.
La experta también alerta de que, en todo caso, Burnham todavía está en el periodo de “luna de miel” —llegó al poder hace menos de tres meses— y en unas semanas tiene la prueba de fuego de su primer presupuesto con una economía lánguida y una inflación disparada. La extrema derecha de Reform está en sus niveles más bajos del último año, pero sigue en segundo puesto en la media de las encuestas.
La vivienda
El contexto que ha llevado al presidente del Gobierno español a adelantar las elecciones generales concuerda con uno de los asuntos que han servido para movilizar a la población a favor de los partidos de la izquierda y el centroizquierda.
Es un momento de crisis de asequibilidad
“Elegir celebrar elecciones ahora con la vivienda como principal detonante demuestra que Sánchez entiende que hay este asunto político que le dará más rédito que, por ejemplo, la inmigración”, explica Genovese, que ve en el presidente español una dosis de populismo que le ayuda a “entender el estado de ánimo, al menos en la izquierda”.
El patrón de centrarse en los asuntos cotidianos ha funcionado en los pocos países donde el centroizquierda o coaliciones de izquierda siguen gobernando, por ejemplo en el norte de Europa.
Suecia y Noruega
Magdalena Andersson, la líder de los socialdemócratas en Suecia, aspira a ser la primera ministra después de las elecciones de septiembre aunque su partido haya perdido porcentaje de voto, en parte por su giro hacia la derecha y políticas conservadoras en asuntos migratorios siguiendo el ejemplo de Dinamarca.
En el caso de Suecia, sigue la negociación para formar Gobierno y la vuelta al poder de los socialdemócratas dependerá de sus socios de coalición más pequeños hacia la izquierda y el centro. El bloque de izquierda tiene una mayoría de apenas tres escaños en el Parlamento, pero el Partido de la Izquierda es el que más ha crecido.
En el caso de Noruega, en las elecciones de septiembre de 2025, el Partido Laborista de Jonas Gahr Støre consiguió ser reelegido con un mensaje centrado en el coste de la vida, con nuevas ayudas para pagar la factura eléctrica y una defensa de los impuestos del patrimonio para financiar los subsidios. En este caso, la subida del partido de la extrema derecha fue a costa del partido conservador tradicional y esta división benefició a los socialdemócratas.
El mensaje centrado en la democracia, aunque importante, es más difícil
El patrón de centrarse en necesidades básicas se repite con un mensaje que suele funcionar mejor cuando hay un riesgo de menor crecimiento o incertidumbre, como sucede ahora entre las guerras en Europa y Oriente Próximo y el ascenso de la inteligencia artificial.
“Es un momento de crisis de asequibilidad”, dice Genovese. “Sería mucho peor para los socialdemócratas en Europa Occidental estar luchando por asuntos identitarios”.
Ella es experta en política climática y subraya que no es eficaz hablar ahora de la crisis climática en términos de bien público y cooperación internacional, sino de facturas de la energía y del transporte o riesgo de inundaciones: “Si asesorara a los socialdemócratas, les diría que usen esto como un tema marginal que corrobore sus argumentos sobre por qué necesitan invertir en infraestructuras o tener un sistema tributario que les permita seguir electrificando la economía”.
Berlín y Nueva York
El caso de Alemania también da algunas pistas. Las últimas elecciones generales fueron en febrero de 2025, pero las regionales y municipales han ofrecido desde entonces algunas lecciones.
El auge de Die Linke, a la izquierda de los socialdemócratas, con sus propuestas centradas en la contención de precios y los topes del alquiler son un ejemplo. Además de su victoria en Berlín, en las elecciones generales el partido tuvo su mejor resultado desde 2021. Un asunto tan tangible como el del alquiler ha tenido un impacto grande especialmente entre los jóvenes votantes progresistas.
En Estados Unidos, el debate sobre centrarse en el riesgo para la democracia o las preocupaciones cotidianas lo lleva teniendo el Partido Demócrata desde las últimas elecciones presidenciales. Si bien hay variaciones según los estados, el mensaje centrado en los resultados para el ciudadano parece estar funcionando para candidatos a la izquierda y que a menudo siguen la senda del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.
En el nivel municipal es más fácil centrar el mensaje por la cercanía de las políticas, la relación más personal de los votantes y el perfil habitual más progresista de las ciudades. La vivienda es también la bandera constante de Mamdani, que defiende atajar el problema tocando todos los resortes a su alcance, incluidos los impuestos, la regulación y el impulso de la construcción.
La alerta de los peligros para las libertades civiles y el futuro democrático del país, en cambio, cala menos entre una parte clave del electorado menos conectada con la política.
“El mensaje centrado en la democracia, aunque importante, es más difícil”, explica a elDiario.es Dorothee Bohle, catedrática de Ciencia Política en la Universidad de Viena y autora de un estudio sobre políticas de la derecha radical y la vivienda en Europa. “Las democracias liberales actuales parecen haber decepcionado mucho a los ciudadanos, la confianza en la democracia es bastante baja y a quienes votan por los partidos de la derecha radical, aunque valoren la democracia, no se les convence fácilmente con que la democracia está en juego”.
La experta cree que los políticos progresistas tienen ventaja si el debate se centra en cómo bajar los precios o facilitar el acceso a la vivienda, si bien no necesariamente los que están en el poder. “La cuestión de la asequibilidad es un asunto genuinamente de izquierdas”, dice Bohle. “Pero pueden abanderarlo partidos nuevos o más pequeños de izquierda, ya que muchos partidos de la izquierda tradicional no tienen un historial convincente en atajar el problema”.
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