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Tres minutos o la Hárraga

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Fotografía publicada por la OIM en su perfil de Twitter tras el naufragio de un barco cargado de migrantes en Yemen.

Fotografía publicada por la OIM en su perfil de Twitter tras el naufragio de un barco cargado de migrantes en Yemen. Organización Internacional para las Migraciones / Twitter

La socióloga argelina Fatma Oussedik habla de Argelia como de “un Estado rico con un pueblo pobre, un lugar doloroso,…. un país no amado por desconocimiento”. 

La  presencia de este país en la escena mediática y en el imaginario colectivo europeo es escasa. Desde España, rara vez se hace referencia a Argelia como a un país  vecino, ni a nivel de pasado histórico compartido y tampoco en la actualidad… hasta hace poco… En los últimos informes de la OIM, donde se precisa el origen de las personas y embarcaciones que intentan cruzar hacía la península ibérica, se menciona con más frecuencia. “Nunca había visto tanta actividad [migratoria] de Argelia a España”, precisa Joel Millman, portavoz de la OIM en una entrevista reciente. 

¿Por qué este aumento? Obviamente, los acuerdos con Turquía y el cierre de la ruta balcánica tienen un impacto directo en la cuestión. Muchos migrantes se han visto forzados a cambiar sus trayectorias. Tal hecho nos puede llevar a interrogarnos sobre factores propios del país y sobre las migraciones argelinas en sí. 

Como en otros Estados del norte de África, los ciudadanos argelinos tuvieron grandes expectativas después de la primavera árabe; siendo una prioridad terminar con un sistema atrapado en los daños colaterales provocados por años de guerra civil. Pero desde las elecciones, con la victoria del partido del Frente Liberal Nacional dirigido por Buteflika, el país experimenta una situación de bloqueo político y vive un teórico consenso que paraliza cualquier toma de decisiones.

En este contexto, el 7 de febrero de 2016 se aprobó una reforma constitucional esperada desde 2011 que decepcionó por su inconsistencia. Tal y como está sucediendo en Marruecos, los defensores de los Derechos Humanos,  apuntan a una puesta en escena que no cambia en su esencia el modelo vigente. Es decir, un modelo basado en la distribución de rentas mínimas, utilizadas como instrumento para presionar y callar las reivindicaciones ciudadanas. 

El clientelismo, el asistencialismo y los peligrosos juegos de un Estado que intenta mantener un equilibrio en el cual no cabe la evolución esperada por la población tiene dos consecuencias. Por un lado, salen reforzadas fuerzas fundamentalistas nutridas por el desengaño y la desesperanza. Por otro lado, el futuro y las oportunidades para crecer tanto a nivel personal como profesional escasean, conduciendo así a la falta de perspectiva de toda una generación que no encuentra su sitio en la sociedad.

Las élites intelectuales se ven presionadas, censuradas, amenazadas y empujadas a abandonar el país, mientras los jóvenes diplomados están atrapados entre la posibilidad de irse o quedarse sin tener un verdadero propósito como ciudadano. Así, los que hubieran podido construir una clase media emergente, se ven obligados a irse, conformando el fenómeno de la Hárraga. 

Este término, que proviene del verbo quemar, refleja la manera que tienen los jóvenes de quemar sus raíces al partir y muestra lo profunda que puede resultar la ruptura con su país de origen. 

Generalmente, la Hárraga se presenta como última opción, después de haber intentado seguir el proceso legal, solicitando visados. Una epopeya que se vuelve cada día más difícil. Numerosos son los periódicos argelinos que denuncian las recientes restricciones en las políticas de visados. 

Los argelinos hablan de la imposibilidad de obtener ni siquiera una cita para poder solicitar el visado sin garantía de obtenerlo. Y los obstáculos parecen multiplicarse…. En el caso de España, se ha implantado una agencia privada, BSL, encargada de recoger las solicitudes. Para ello, los solicitantes deben apuntarse en una página web donde deben registrar sus datos en 3 minutos (lo que es difícil, con la mala calidad de las redes). Por otra parte, las citas por teléfono son inexistentes. Las líneas telefónicas previstas para atender a los solicitantes se abren durante 5 minutos los jueves, cambiando la hora de manera aleatoria. Las agencias de viaje, por su parte han encontrado un buen filón…

Unas se dicen oficiales, y cobran entre 2000 y 4000 dinares para facilitar el acceso a la solicitud de visado, sin dar ninguna certeza en cuanto a éxito. Las demás, que se presentan como “no oficiales”, pueden pedir hasta 20.000 dinares. Luego, hay que añadir 3.000 dinares de seguro, 14.000 dinares de gastos de visados, sin contar los gastos de desplazamiento necesarios para acudir a las agencias que se concentran en Alger y Oran. Llegado este punto, parece importante recordar que el salario medio para un licenciado argelino es de 32.000 dinares y el salario mínimo de 18.000 dinares. 

Tanto los vídeos que se encuentran en las redes sociales, como las canciones escritas sobre la hárraga dan cuerpo y visibilidad a un movimiento donde sus protagonistas se expresan en directo sobre su experiencia, sobre lo que significa abandonar su país y las razones que les empujan a dar el paso. Muy lejos de todos los clichés y prejuicios que conforman la percepción europea de la migración.

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