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Entrevista

Francisco Mena, premio por su lucha contra el 'narco' desde las barriadas del Campo de Gibraltar: “Hace falta un pacto de Estado como se hizo con el terrorismo”

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19 de junio de 2026 22:02 h

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Francisco Mena lleva cuatro décadas vinculado al movimiento asociativo de lucha contra las drogas. Presidente de la Coordinadora Alternativas y una de las voces más reconocidas en la batalla contra el narcotráfico en Andalucía, acaba de recibir en Madrid la Cruz de Plata de la Orden del Mérito a la Seguridad concedida por el Ministerio del Interior.

Empezó luchando contra la heroína en el Campo de Gibraltar. Ahora batalla contra la impunidad de los narcos, el efecto social de las drogas y la reclamación continua de que la lucha contra las mafias no puede ser solo una batalla policial.

¿Qué supone para usted recibir este reconocimiento del Ministerio del Interior?

He recibido esta cruz de plata con sorpresa, porque ni siquiera sabía que existía esta distinción, ni mucho menos que se me había propuesto para ella. Y después con mucha alegría y muchos recuerdos. Son 40 años involucrado en la lucha contra la droga, la inclusión social y el narcotráfico. Son muchas las personas que me han acompañado, algunas ya no están y otras afortunadamente siguen. He aprendido de todas ellas. Por eso recibo esta medalla a título personal, pero la comparto con toda la gente que he conocido en el movimiento de lucha contra la droga y con todos mis compañeros y trabajadores de la Coordinadora Alternativas.

Dice que esta distinción le despierta muchos recuerdos. ¿Cómo comenzó esa lucha contra el narcotráfico? ¿Qué le movió a iniciar este movimiento asociativo?

A mí no me movió tener un familiar con problemas de adicción, me movió la solidaridad. Tuve la suerte de cruzarme con Pepe Chamizo (sacerdote y exdefensor del Pueblo Andaluz) y, cuando a finales de los años ochenta morían miles de jóvenes por la heroína en el Campo de Gibraltar, me uní a aquel movimiento porque entendía que era un problema social enorme. También conocí a personas extraordinarias como Micaela Pérez, que tenía una valentía inmensa y se plantaba en la puerta de quienes vendían heroína para denunciarlos públicamente. Uno entra en este mundo y, cuando se da cuenta, lleva 40 años en él.

En aquellos momentos se vivían momentos muy duros, ¿cuál era vuestro trabajo entonces?

Nuestro trabajo era manifestarnos todos los días y cortar la carretera Nacional 340. Miles de personas nos reuníamos cada tarde para exigir soluciones. En aquellos años los heroinómanos eran tratados prácticamente como enfermos mentales porque no existían recursos específicos para atenderlos. A partir de esas reivindicaciones entendimos que además de protestar teníamos que construir alternativas. Así nacieron asociaciones y recursos que todavía hoy siguen funcionando, como las comunidades terapéuticas Manantial y Montenegral. Aquella lucha estuvo liderada fundamentalmente por las madres. Siempre digo que el movimiento asociativo de lucha contra la droga fue un movimiento de madres. Fueron ellas las que se echaron a la calle y las que no tuvieron miedo a reconocer públicamente que sus hijos tenían un problema. Después llegó otra tragedia, el sida. Veíamos morir a muchos jóvenes sin entender bien qué estaba ocurriendo. Llegamos incluso a revisar registros de entierros en las parroquias para intentar saber cuántos habían fallecido. Fue entonces cuando empezamos a conocer mejor el VIH y su relación con el consumo de heroína mediante jeringuillas compartidas.

Tuvo que ser satisfactorio ver que, en algunas cosas, se iba evolucionando y se os iba escuchando.

Lo más importante que conseguimos fue que la sociedad entendiera que un heroinómano no era un delincuente. Había mucha estigmatización. También conseguimos extender el movimiento asociativo por toda la provincia. Llegamos a tener unas sesenta asociaciones de lucha contra la droga repartidas por prácticamente todos los municipios gaditanos. La provincia de Cádiz fue la que más asociaciones de este tipo tuvo en toda España. Todavía hoy existen entidades que siguen realizando un trabajo magnífico. Recuerdo manifestaciones multitudinarias como la de Barbate, donde participaron más de 7.000 personas, o las que organizamos en Cádiz y en muchos otros municipios para concienciar a la sociedad y reclamar respuestas a las administraciones.

La heroína fue la droga que os movió a muchos de aquellos colectivos, pero en estos 40 años el consumo ha variado y también el negocio de la droga. ¿Cómo ha sido esa evolución?

Cuando se superó la crisis de la heroína gracias a recursos como los centros de drogodependencias y la metadona, pensamos que habíamos conseguido acabar con el problema. Estábamos equivocados. Después apareció la cocaína y apareció también ese fenómeno nuevo que era el narcotráfico. Hasta entonces lo que predominaba era el contrabando de tabaco procedente de Gibraltar. Pero las organizaciones descubrieron que una embarcación cargada de hachís multiplicaba enormemente sus beneficios. Ahí empezaron a llegar las narcolanchas y se desarrolló el narcotráfico de hachís que afectó durante años al Campo de Gibraltar. Ahora estamos viendo otra evolución. El problema ya no se concentra solo aquí. Se ha extendido a lugares como la desembocadura del Guadalquivir o el río Guadalete. En algunos aspectos están sufriendo una presión incluso mayor que la del Campo de Gibraltar porque aquí se ha realizado un gran trabajo policial en los últimos años.

El movimiento asociativo también ha visto cómo ese negocio beneficiaba económicamente a muchas familias. ¿Contra eso también habéis tenido que luchar?

Sí, y seguimos luchando. Con los años hemos aprendido que la lucha contra el narcotráfico, si se hace solamente desde el plano policial y punitivo, está destinada al fracaso. Hay que seguir apoyando a las fuerzas de seguridad y dotarlas de más medios, pero también hay que actuar sobre la pobreza, la exclusión social y la falta de oportunidades. Hay jóvenes que terminan involucrándose en el narcotráfico porque es lo único que han conocido. Nosotros defendemos que tengan la posibilidad de decidir entre una vida honrada y una vinculada al narcotráfico. Ahora mismo muchos ni siquiera tienen esa oportunidad.

En el movimiento asociativo también habéis tenido que entrar en el debate sobre la legalización de las drogas. ¿Cuál es tu posición sobre este asunto?

Nosotros nunca hemos rehuido ese debate. Siempre hemos defendido el uso terapéutico del cannabis cuando está indicado médicamente. Sobre el uso recreativo hay experiencias muy diferentes. Creo que Canadá es probablemente el modelo más interesante porque el Estado controla la venta. Pero también hay que tener claro que regular no significa acabar con el mercado ilegal. Los datos demuestran que una parte muy importante de los consumidores sigue recurriendo a él. En cualquier caso, si algún día se produce una regulación, entendemos que debería abordarse en un marco europeo.

La violencia se ha incrementado en los últimos años. Tras lo sucedido en Barbate con la muerte de dos guardias civiles, el robo de material a la Armada o el asedio que sufren los cuerpos de seguridad, hay quien tiene la sensación de que los narcotraficantes están ganando la batalla. ¿Cómo aborda el movimiento asociativo este problema?

Lo abordamos con preocupación. El narcotráfico ha cruzado una línea roja. Hace 20 años quien transportaba hachís normalmente huía cuando aparecía la Guardia Civil. Hoy vemos organizaciones mucho más violentas. La entrada de la cocaína ha cambiado muchas cosas porque mueve muchísimo más dinero. Eso implica más armas, más violencia y mayores riesgos para los agentes. Por eso hay que protegerlos y darles todos los medios posibles. También es imprescindible mejorar el sistema judicial. No puede haber causas de narcotráfico que terminen archivadas después de 20 años. Hace falta una justicia rápida y eficaz. Por eso creo que Junta de Andalucía y Gobierno central deberían sentarse en una mesa y alcanzar un pacto de Estado. España se ha convertido en una de las principales puertas de entrada de hachís y cocaína en Europa. Hace falta un pacto de Estado contra el narcotráfico como el que hubo contra el terrorismo.

Más allá del negocio de la droga, ¿qué es lo que más os preocupa ahora mismo de las drogas que están consumiendo los jóvenes?

Fundamentalmente el policonsumo. Ya no hablamos de una única sustancia. Muchos jóvenes consumen alcohol, cannabis, cocaína y otras drogas de manera combinada. Y también nos preocupa mucho el fentanilo. Lo que ocurre al otro lado del Atlántico suele terminar llegando aquí. Estamos viendo los estragos que está causando en Estados Unidos y Canadá y sabemos que antes o después llegará. Tenemos que estar preparados para afrontarlo con recursos suficientes y evitar que se reproduzcan aquí las situaciones dramáticas que estamos viendo allí.

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