¿Quiere que le atienda el especialista? ¡Vuelva en 14 meses!
Sopesaba yo escribir sobre los desatados criminales Trump y Netanyahu, o sobre cómo el entusiasmo ante la misión lunar está eclipsando el imperialismo espacial estadounidense, lanzado a quedarse -disputándolo, si acaso, con los chinos- un satélite terrestre, de toda la humanidad. Pero mi agenda de esta semana avisaba: “Si aún no he recibido cita del SAS, ir a reclamarla en persona al Fleming”.
El SAS es el Servicio Andaluz de Salud, el centro Doctor Fleming uno de los centros de médicos especialistas e ir, hoy por hoy, a alguno de ellos, en Andalucía, es constatar, de inmediato, el total abandono de la salud de la gente: ancianas, adolescentes, todo tipo de enfermos, doloridos… echando pestes de la gestión sanitaria del PP de Moreno Bonilla. Gestión que sigue siendo negligente, tras el escándalo de los cribados de cáncer de mama, a cuyas víctimas la Junta de Andalucía se resiste a indemnizar, y en muchos más ámbitos que la oncología.
El PP de Bonilla se ha cargado la sanidad pública, por ineptitud y para empujar a la privada a cuantos puedan pagarla. Y lo ha hecho sin que, de momento, inexplicablemente, lo peor que un gobernante puede hacer a sus gobernados, que es dejar que sus enfermedades sigan avanzando, le esté pasando factura en los sondeos sobre las elecciones autonómicas del 17 de mayo.
Os doy contexto sobre por qué debía ir al Fleming. Al empezar 2026 pedí cita a mi médico de primaria y le consulté si debería hacerme una densitometría ósea, este año que cumplo 50, dados antecedentes familiares de osteopenia y osteoporosis, que son grados crecientes de pérdida de densidad ósea, y teniendo en cuenta mis frecuentes dolores lumbares. Él me mandó la prueba y ésta reveló “osteopenia en columna lumbar L1-L4 y en cuello femoral izquierdo”.
Cursó cita con el especialista para que éste me pusiera el tratamiento pero, en previsión de que tardaría, me mandó pastillas de calcio y vitamina D. “Si pasados dos meses no le ha llegado cita del SAS, vaya a reclamarla al centro Fleming”, dijo. Ya entonces me pareció mal sistema que, como en el desastre de los cribados de cáncer, se haga recaer en los pacientes el perseguir ser atendidos en vez de garantizarnos la asistencia.
Esperar hora y media para reclamar
Cuando finalmente estos días entré en el centro de especialidad, metí mis datos en la máquina de turnos y subí a la tercera planta, de traumatología, radiología, rehabilitación, medicina física…, me topé con la sorpresa de que la inmensísima mayoría de quienes abarrotábamos la sala de espera estábamos para reclamar citas con retraso en el mostrador, en vez de para ser ya atendidos en consulta.
“Una hora y media de espera por persona”, oí de otros pacientes, al sentarme. Hora y media para que el único trabajador tras el mostrador, junto a una segunda ventanilla rotulada “Ventanilla cerrada”, les despachara: “¿Cuánto llevan esperando cita? ¿Ocho meses? Entiendo, pero, ¡no saben la lista de espera que tiene su médico! ¡De 14 meses! No, no les recomiendo volver al médico de familia para que él les tramite otra cita ”preferente“ porque entonces todo el proceso recomienza de cero. Mejor esperen”.
Son tantas y tantos los perjudicados por el deterioro de la sanidad pública andaluza que bien podrían desencadenar un Me Too sanitario de damnificados por Moreno Bonilla. Todo un movimiento de denuncia de casos, tanto vía redes sociales como, si así lo quieren, a través de elDiario.es y elDiario.es/Andalucía.
Unos tras otros las y los pacientes, señoras apoyadas en sus andadores, llenas de dolores, padres de adolescentes necesitadas de operarse la rodilla, aducían que las pruebas hechas hacía meses, resonancias, miogramas… iban a quedar obsoletas.
“Yo no tengo potestad para adelantar a nadie en la lista”, “No puedo hacer nada”, “Pongan una reclamación, si quieren, en la planta baja”, “El que esté grave, que vaya a Urgencias”, afronta, como puede, el trabajador durante esa jornada laboral en la que, con la otra ventanilla cerrada desde hace dos años, él recibe, sin remedio, la frustración e impotencia de decenas y decenas, centenares y miles de pacientes. Tantas y tantos perjudicados, enfermos y personal, que bien podrían desencadenar un poderoso Me Too sanitario, tanto vía redes sociales como, si así lo quieren, a través de los cauces para comunicarse con elDiario.es y elDiario.es/Andalucía.
¿Citas telefónicas o acoso comercial?
Mucha gente se iba sin ser atendida, harta de esperar turno para oír en el mostrador que se fueran a sus casas a seguir esperando. Pero al marcharse se perdían una recomendación del funcionario: “Estén atentos a sus teléfonos porque cuando, al final, llegue el turno de sus citas, les llamaremos sólo dos veces, seguidas. Y mucha gente no coge la llamada creyendo que somos los comerciales de ofertas de telefonía, luz, cable… Si no contestan, el sistema deriva la cita al cauce de correo postal, que aún tarda más”.
¡Vaya sistema el de la Junta de Andalucía! ¿Por qué no mandan un WhatsApp o un SMS? ¡Y vaya perjuicio extra del ya insoportable acoso telefónico de tantas empresas que, pese a los sucesivos anuncios del gobierno central no se acaba de atajar!
No sólo es indignante sino peligroso que la gestión sanitaria del PP allá donde gobierna nos ponga a las y los pacientes, por sistema, a perseguir y rogar que nos atiendan, mientras empeora nuestra salud, en vez de garantizarnos la asistencia para frenar o curar nuestras dolencias.
“Por favor, mantengan el silencio en la sala”, ruega, a cada tanto, el funcionario y también una locución grabada. Pero la gente está que trina.
Entonces doy el paso y digo en voz alta: “Invito amablemente a todos los indignados a la manifestación por la sanidad pública que habrá este domingo 12 en Sevilla, como en toda Andalucía… Y a votar muy en conciencia en las elecciones de mayo”.
Mujeres, jóvenes y mayores, y algún hombre se interesan por la hora y sitio de la protesta. “Sí, algo tenemos que hacer, porque la Junta pasa”, “Bonilla, venga sonrisa, y aquí nos tiene, abandonaos”.
Anulaciones que recortan listas de espera
Pensaba yo en el contraste entre el clima en la sala de espera y el que proclaman las encuestas cuando, al fin, me llegó el turno. Avancé resignada a que me dijeran que esperara en casa más de un año, sin prever la sorpresa. “A usted no van a llamarla”, anunció el hombre, imprimiéndome el pantallazo de su ordenador: “NO PROCEDE CITACIÓN EN REUMATOLOGÍA. LA OSTEOPENIA DEBE SER SEGUIDA/VALORADA POR EL MÉDICO DE ATENCIÓN PRIMARIA”.
“¿Y esto es así? ¿Es correcto?”, le pregunté. “Debe serlo -me respondió- porque lo ha escrito el jefe de servicio”, me contestó. “Pero, el médico de familia dijo lo contrario”, pensé en voz alta. “Háblelo con él y a ver…”, propuso. “Perdonen que me meta”, se levantó una señora, como un resorte, “pero tenemos que poner reclamaciones porque yo vengo por lo mismo, rechazada del Hospital Virgen del Rocío al que me mandó un especialista de aquí. ¡Así se recortan las listas de espera, negándonos la asistencia!”
Si nada hay más valioso que la salud y vida, nuestras y de quienes amamos, y estamos viendo, en primera persona, que la gestión sanitaria del PP boicotea la prevención y nos deja tiradas cuando enfermamos, habrá que levantarse en legítima defensa y votar en masa para que dejen de hacernos daño.
Yo he reclamado, por supuesto. Y cogido nueva cita con mi médico de primaria, pese a la inseguridad que da que él mismo considere no ser el adecuado. La he cogido para primer día disponible. O sea, dentro de dos semanas. Sé que la osteopenia no es grave, pero sí algo a tratar desde ya para evitar que mis huesos, de madre de tres hijos cuyos esqueletos he creado con mi calcio, lleguen a descalcificarse demasiado pronto, de forma irremediable. Aumentando el riesgo de fracturas.
Pero, sobre todo, he visto con mis propios ojos eso que sabemos, que denuncia incluso algún alcalde del PP y que esta misma semana ha alumbrado la encuesta de DS Métrica sobre la situación sanitaria en Andalucía: que las políticas del PP le están costando la salud a la gente cada día.
La salud y hasta la vida. Y no sólo en Andalucía sino en las demás comunidades donde el PP gobierna. A veces, ocurre de forma tan salvaje que llega a los tribunales y salta a la prensa, como el caso, conocido esta semana, de una señora muerta en Urgencias del Hospital General de València, tras dejarla desatendida 36 horas. Otras, pasa en el más siniestro silencio. Me resisto a creer que pudiendo parar tantos ataques a lo más valioso, nuestra salud y vidas, no vayamos a levantarnos en legítima defensa y a votar en masa para que dejen de hacernos daño.
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