Mirando al futuro. Andalucía, por una solución federal
Las AutonomiÌas fueron un avance histoÌrico, pero el modelo debe continuar avanzando.
El Estado de las AutonomiÌas supuso un avance histoÌrico en el reconocimiento constitucional de la pluralidad nacional de EspanÌa, pero ese marco institucional da muestras ya de claro agotamiento. La aplicacioÌn del 155 a la Comunidad AutoÌnoma de CatalunÌa, la desigualdad territorial, la falta de funcionalidad federal del Senado o la asimetriÌa del peso poliÌtico ejercido como bisagra por las Comunidades AutoÌnomas con nacionalismos fuertes son quizaÌ los signos maÌs evidentes de la necesidad de un cambio estructural. Tenemos un modelo de competencias descentralizadas comparable a cualquier estado federal, pero sin los mecanismos institucionales de representacioÌn y resolucioÌn democraÌtica de conflictos y desequilibrios propios de este tipo de estados.
Autogobierno y una definicioÌn clara en cuanto a su naturaleza estatal.
Los estados federales tienen dos componentes, por una parte, el autogobierno. En EspanÌa, las Comunidades AutoÌnomas tienen amplias competencias, pero no tienen una definicioÌn clara en cuanto a su naturaleza estatal, una de las caracteriÌsticas baÌsicas de los Estados federales, como es el caso de la RepuÌblica Federal de Alemania, ni hemos asumido competencias para resolver los nuevos retos que se plantean en el siglo XXI.
Establecer cauces para participar en las decisiones legislativas y de planificacioÌn del Estado.
El segundo componente es la articulacioÌn federal que deberiÌa establecer los cauces para la participacioÌn de las Comunidades AutoÌnomas en las decisiones legislativas y planificadoras del Estado central que afecten al conjunto de los territorios. La ausencia de estos mecanismos de articulacioÌn ha impedido las dinaÌmicas de cohesioÌn y alianza y ha provocado, en cambio, una dinaÌmica poliÌtica centriÌfuga en aquellos territorios donde habiÌa partidos nacionalistas con fuerte representacioÌn, como en PaiÌs vasco y CatalunÌa, acompanÌada de una dinaÌmica centriÌpeta en el resto, agudizando la polaridad en la opinioÌn puÌblica entre el independentismo y el centralismo.
Distribuir de forma equitativa las inversiones y conseguir una financiacioÌn justa.
El resultado concreto de estas dos dinaÌmicas es una creciente desigualdad econoÌmica entre territorios y por tanto situaciones muy distintas en el bienestar ciudadano. El territorio del Estado se ha dividido entre las Comunidades con una renta superior a la media, como CatalunÌa y especialmente PaiÌs Vasco y Navarra (que cuentan con una
Red de Municipalismo en común de Andalucía financiacioÌn diferenciada), con fuerte representacioÌn nacionalista, y Madrid (que ha sido muy beneficiada por el efecto sede o capitalidad que le ha proporcionado ser la capital del Estado), y por otro las Comunidades que partiÌamos de una estructura industrial muy precaria como resultado de los efectos acumulados de dos siglos de profunda desigualdad territorial. En plata, la ausencia de mecanismos representativos de articulacioÌn federal ha impedido que se distribuyan de forma equitativa las inversiones, al mismo tiempo que hemos sufrido una injusta financiacioÌn autonoÌmica.
Evolucionar hacia un estado federal y plurinacional.
Desde AndaluciÌa defendemos el fin de esta dinaÌmica perversa y proponemos una solucioÌn federal y plurinacional como el punto de llegada loÌgico en la evolucioÌn del Estado de las AutonomiÌas. No vamos a consentir la imposicioÌn de soluciones asimeÌtricas ni privilegios territoriales. AndaluciÌa posee un legiÌtimo patrimonio constitucional cuando, tras las movilizaciones del 4 de diciembre de 1977, hace ahora 40 anÌos, y del 4 de diciembre de 1979, conquistoÌ la autonomiÌa plena en el refereÌndum del 28 de febrero de 1980 por la viÌa del artiÌculo 151 de la ConstitucioÌn, y nuestra consideracioÌn como nacionalidad a la que en ninguÌn caso vamos a renunciar.
Generar capacidad para superar la brecha industrial, financiera y tecnoloÌgica, y la dependencia de energiÌas foÌsiles.
Nuestros principales problemas son el paro y la desigualdad, los bajos salarios y rentas y los altos niveles de pobreza porque no hay suficiente flujo de inversiones ni puÌblicas (el Fondo de CompensacioÌn Interterritorial ha casi desaparecido de los Presupuestos Generales del Estado y la inversioÌn directa territorializada del Estado no solo no se plantea la convergencia sino que es muy inferior al porcentaje por habitantes) ni privadas, pero siÌ hay fuga de recursos materiales, humanos y financieros y depredacioÌn de nuestro patrimonio ambiental (incluso en parques nacionales como en DonÌana), por lo que no tenemos suficiente capacidad para superar la brecha industrial, financiera y tecnoloÌgica ni la dependencia energeÌtica de energiÌas foÌsiles.
Defender una posicioÌn juriÌdica de igualdad para la cohesioÌn territorial.
Desde AndaluciÌa defendemos una solucioÌn al conflicto territorial basado en el federalismo, es decir, maÌs autogobierno y maÌs gobierno compartido, donde los territorios tengan una posicioÌn juriÌdica de igualdad para la cohesioÌn territorial, y en el reconocimiento de la realidad plurinacional en el Estado como expresioÌn de la diversidad de sentimientos nacionales y de la pluralidad territorial y cultural de los pueblos en EspanÌa.
Un Senado con capacidad legislativa real, compuesto por representantes de los Parlamentos AutonoÌmicos en situacioÌn de igualdad.
Por ello, los andaluces y las andaluzas reclamamos un Senado con capacidad legislativa real, compuesto por representantes de los Parlamentos o Gobiernos de las Comunidades AutoÌnomas en situacioÌn de igualdad, que decida sobre las leyes y Red de Municipalismo en común de Andalucía planes del Estado central que afectan a todos los territorios. Y reclamamos las competencias que en el siglo XXI hacen realidad el autogobierno. En particular en AndaluciÌa aspiramos a gobernar de manera soberana, nuestros ricos recursos energeÌticos, renovables y alimentarios y asiÌ aseguraremos que nunca maÌs se imponen impuestos al sol; aspiramos a gestionar nuestras infraestructuras, para conectar de una vez por todas el puerto maÌs importante del MediterraÌneo, el puerto andaluz de Algeciras, a Europa, para vertebrar nuestras ciudades medias y capitales, devolvieÌndoles el ferrocarril que se les ha arrebatado; aspiramos a gestionar nuestros recursos hiÌdricos, nuestro riÌo Guadalquivir, para que nunca maÌs se decida sobre nuestra tierra y su agua, desde la Glorieta de Carlos V de Madrid, en la ignorancia de la distancia; aspiramos a gestionar nuestro empleo puÌblico, para cubrir las necesidades de la ciudadaniÌa andaluza, sin esperar permisos de Madrid para cubrir nuestros servicios puÌblicos con la calidad que se merecen.
Una Andalucia federal con plena autonomiÌa Municipal. Igualmente reivindicamos la plena autonomiÌa municipal.
Los municipios han sido uno de los principales agredidos por la ola recentralizadora del Partido Popular. La “ley Montoro”, la regla del gasto, las limitaciones a la reposicioÌn de los empleados puÌblicos, son solo algunos ejemplos de esta agresioÌn a la autonomiÌa municipal. AndaluciÌa no se entiende sin sus municipios y la AndaluciÌa Federal deberaÌ tener entre sus prioridades la defensa de su capacidad financiera y su autonomiÌa para la eficaz prestacioÌn de los servicios puÌblicos que le competen, asiÌ como la propia igualdad territorial en esa prestacioÌn.
Una España justa de soberaniÌas compartidas, que compense las desigualdades histoÌricas.
Finalmente, pero no menos importante, la EspanÌa federal, la EspanÌa justa de las soberaniÌas compartidas no puede olvidar la necesidad de corregir las desigualdades de hoy, fruto de la desigual desde hace siglos en distribucioÌn del trabajo y la produccioÌn. Un Estado Federal, con haciendas autoÌnomas, tiene que ser complementado con un riguroso proceso de compensacioÌn histoÌrica frente a la marginacioÌn a la que las alianzas de las eÌlites del pasado situaron a AndaluciÌa en beneficio de la industrializacioÌn de otros territorios maÌs proÌximo a los circuitos de comercializacioÌn europeos.