¿Fue Demófilo, el padre de los hermanos Machado, un ‘comecuras’?

Primer número del semanario 'El Motín'

Alejandro Luque


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Si yo pudiera alcanzar / una estrellita del cielo / la estrellaría en la frente / del párroco de mi pueblo. Esta es uno de las muchas y jocosas letras incluidas en Cante místico-flamenco, un librito publicado a finales del siglo XIX que desplegaba en forma de coplas el más furibundo anticlericalismo de la época. Caído en el olvido y recién rescatado por el sello Prokomun, sus editores apuntan a Antonio Machado Álvarez, conocido por su célebre pseudónimo Demófilo y padre los conocidos Machado, como posible autor.

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La pista fundamental la brinda el hecho de que el libro viera la luz en una colección promovida por el semanario El Motín, creado en 1881 por el sevillano José Nakens, quien se definía a sí mismo con estas palabras: “Nací pobre, fui soldado, he trabajado mucho y no soy rico”. Cabría añadir que, además, fue un republicano acérrimo, y enemigo declarado de los conservadores, así como un anticlerical a ultranza que no pocas veces se las vio con la Iglesia en los tribunales.

David Pérez Merinero, responsable de la edición, recuerda haber descubierto Cante místico-flamenco hacia 1970, cuando un anticuario le pidió 2.000 pesetas por un ejemplar, una fortuna para la época. Pero una amiga suya que trabajaba en la Biblioteca Nacional le facilitó una fotocopia. “Me parecía muy raro que este libro hubiera pasado desapercibido para los estudiosos: apenas se ha hablado de él, y cuando se ha citado, ha sido de forma disparatada, evidenciando que no se había leído”.  

Recaudadores y morosos

El Motín, cuya vida se prolongó hasta la muerte de Nakens en 1926, era un fiel reflejo del ideario de su fundador, y así fue como en 1889 vio la luz ese Cante místico-flamenco que no dejaba cura con cabeza. A través de letras del volumen, los hombres de la Iglesia son fustigados con saña. El cura para ser cura / ha de tener tres partías; / comer mucho, pensar poco / y no lavarse en su vía, dice una de ellas. Si me quieres dímelo / y si no dame veneno / y si aun quieres ensañarte / envíame un reverendo, reza otra, mientras que las hay que alcanzan un tono manifiestamente violento: Mira tú si yo tendré / fijo en ti mi pensamiento / cura de mis entretelas / que pienso romperte un hueso.

No obstante, son dos las líneas principales de las invectivas: una es la avaricia de los sacerdotes, que aparecen como eternos interesados, insaciables recaudadores y morosos incurables: Er reló e la Audiensia / acaba e dá / como sepa un cura que er reló dá algo / lo va a visita, se lee en una copla, y más adelante: El clérigo es como el toro, / que donde lo llaman va; / tarde á casa de los pobres, / pronto si huele metal.

Nada peor que un clérigo para hacer negocios: No te cases en mal tiempo / ni bebas en mal tonel, / ni compres á ningún cura / lo que venda, que no es de él. Y como se suele decir que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, nada más legítimo para el autor del libro que timar a esos grandes timadores: Mira si soy buen gitano / que al cura de mi parroquia / le he metío un duro malo.

“Los anticlericales no se meten con el dogma, no cuestionan nada de la fe”, señala Pérez Merinero. “Son lo que se llamaba comecuras: se dedicaban a denunciar que los sacerdotes llevaban la ruina a quien se cruzaba en su camino”. 

Antiflamenquismo

La otra línea es la que dibuja al clero como una colectividad de lujuriosos sin remedio, que no desaprovechan ocasión para saltarse el celibato a la torera. Famosas eran las “sobrinas” que a veces vivían con los párrocos, y de las que se sospechaba que eran amantes encubiertas. Corre á la ilesia y confiesa, / Verás á los nueve meses / Si te pesa o no te pesa, se lee en otra copla, y hay muchas más de ese tono: Esta gitana está loca, / quiere que la quiera yo; / que la quiera el pae cura / que ya se me anticipó.

Aunque el autor de Cante místico-flamenco es anónimo, para Pérez Merinero es plausible la hipótesis de que su autor es Antonio Machado Álvarez, Demófilo, padre de los hermanos Antonio y Manuel Machado y colaborador habitual de El Motín. De hecho, un año antes de publicarse este librito, Demófilo había publicado en la misma colección un libro de Cantes flamencos que no debe confundirse con la célebre Colección de cantes recogidos y anotados de 1881, obra de referencia absoluta entre los historiadores flamencos.

“O Demófilo los inspiró, o directamente los hizo”, explica Pérez Merinero. “Hay que tener en cuenta que El Motín, como toda la prensa del momento, era antiflamenco o antiflamenquista, en consonancia con el pensamiento de Eugenio Noel y sus discípulos, que veían en este arte todo lo casposo y tópico que impedía el progreso de España. Era difícil encontrar a gente que estuviera a favor del flamenco, así que, por exclusión, bien pudo ser él”.

No arroja demasiada luz sobre el asunto el estudio Antonio Machado y Álvarez. Vida y obra del primer flamencólogo español, de Daniel Pineda Novo, que menciona el Cante místico-flamenco pero sin atribuirlo directamente a Demófilo, y con errores de bulto.

Consultado por este periódico Antonio Rodríguez Almodóvar, experto en la obra de los Machado, tiende a pensar que “precisamente anticlerical no era Demófilo, si bien es conocida su condición de ilustrado agnóstico. Todo lo escribía con un cierto decoro, así que no lo imagino escribiendo esas coplillas. Ese tono no iba con él”.

Quemado o escondido

Enrique Baltanás, responsable de las Obras completas de Demófilo en tres volúmenes, opina que el padre de los Machado “era partidario del evolucionismo, pero me consta que respetaba la figura de Jesucristo. No le he conocido nada anticlerical”. Claro que el anonimato podría haber servido para sacar a la luz esa faceta oculta, pero Baltanás se decanta por otra hipótesis, del todo inesperada: que el Cante místico-flamenco fuera obra de Demófilo, pero no de Antonio Machado Álvarez.

“Hubo otro Demófilo, de nombre Fernando Lozano Montes, este sí muy anticlerical”, añade. Aquel Demófilo, coetáneo de Machado Álvarez, fue a su vez fundador del semanario Las dominicales del libre pensamiento, y podría haber imitado la métrica flamenca para dar rienda suelta a su aversión por la curiana, como se la llama. Pérez Merinero lo ve poco probable, puesto que “detrás de Cante místico-flamenco hay un conocedor del flamenco, y no consta que Lozano Montes lo fuera. Otra cosa es que el libro hubiera aparecido firmado por Demófilo a secas, lo que sí daría pie a confusión. Pero no es el caso”.

Fuera Machado Álvarez, Lozano Montes u otro autor, lo cierto es que el librito sobrevivió al paso del tiempo no sin fatigas: “Hay que tener en cuenta que ni siquiera se anunció en las páginas de El Motín. Se han conservado muy pocos ejemplares, porque durante la guerra y la dictadura, los pocos que tuvieran uno lo quemarían, o lo esconderían muy bien”, explica Pérez Merinero. Lo que no se consiguió fue que el flamenco anticlerical cristalizara en una tradición, ya que más bien este arte ha tendido a expresar el fervor religioso. “En efecto, hoy los cantaores tienden a cantarle a la Madre y al Dios Protectores, nadie se atreve con algo tan descarado”. 

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