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Moreno reivindica sus pactos con el Gobierno de Sánchez: “Me pondré de acuerdo con quien me tenga que poner”

El presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, en la entrega de las Medallas de Andalucía.

Daniel Cela

Sevilla —

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28 de febrero (28-F), día de Andalucía. Un festivo sujeto a protocolo en el que los meandros de la crónica oficial tienen, a veces, más color que lo que estaba programado al milímetro. Por ejemplo, cuando el presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, entra en el Parlamento andaluz por el portón de autoridades acompañado de su mujer, Manuela Villena, y se cruza en el pasillo con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, que asiste al acto institucional en representación del Gobierno de España:

-María Jesús, ¿cuándo vamos a quedar para hablar de financiación? -bromea Moreno, rodeado de cámaras.

-Y me lo dices ahora en medio de todos los periodistas y las cámaras. Eso es una pose, Juanma. -le replica ella.

-Te veo muy roja. -le dice el presidente señalando el vestido rojísimo de la ministra, de cabeza a los pies.

-Anda, entra p'adendro. -despide ella.

Los dos sonríen, se besan y enseguida se reajusta el protocolo. Moreno usa los micrófonos para afear a la ministra la “infrafinanciación” de Andalucía y le reclama un “fondo de contingencia” hasta que se aborde la reforma del sistema. Montero reprocha al presidente andaluz que dedique “más esfuerzo a confrontar con el Gobierno de España” que a ejercer sus competencias “en beneficio de la mayoría social”.

Casi tres horas después, el presidente de la Junta vuelve a apearse de la confrontación con el Gobierno de Pedro Sánchez y, en un discurso más emocional y menos reivindicativo que otras veces, exalta el diálogo institucional y sus recientes acuerdos con el Ministerio de Transición Ecológica como un valor intrínsecamente andaluz y de su forma de entender la política. “Habrá quien lo critique y lo respeto. Pero os aseguro que me sentaré y me pondré de acuerdo con quien me tenga que poner para proteger el bienestar, el futuro y el interés general de los andaluces”.

Y remacha: “Andalucía está por encima de todas las ideologías y de cualquier sigla política”. Sus estrategas lo llaman “la vía andaluza”, una forma de ejercer la política sin estridencias, sin zamarrear al rival. Sus adversarios políticos lo llaman “pose”, “disfraz”, “careta”, “suavón”, y acusan a Moreno de liderar la estrategia de confrontación permanente de Alberto Núñez Feijóo.

El 28-F de 1980 los andaluces votaron masivamente a favor de una autonomía plena y por la vía rápida de la Constitución española, asimilable al resto de comunidades históricas de España. El 56% del censo electoral votó a favor de un autogobierno en las mismas condiciones que Cataluña, Galicia y Euskadi, y aquello desdibujó el trazado previsto para un Estado autonómico a dos velocidades.

El 28-F fue la expresión de la unidad popular, frente a algunos poderes fácticos de relevancia que ejercieron una fuerte resistencia. Cuarenta y tres años después, la reminiscencia de aquel día es un recurso político para denunciar los agravios históricos que arrastra Andalucía, imputándoselos a quien gobierna o ha gobernado en España, o a quien gobierna y ha gobernado Andalucía.

El 28-F es un motivo de confrontación y reproche entre PP y PSOE casi todos los días del año, pero lo es menos el mismo 28 de febrero, porque el Día de Andalucía prima la celebración, y los grandes partidos que se han turnado en la gobernabilidad de esta autonomía desde 1980 anteponen la fiesta institucional a la crítica política.

Socialistas y populares se sientan juntos en la platea del Teatro de la Maestranza, donde la Junta entrega las Medallas de Andalucía y la distinción de Hijos Predilectos, mientras los grupos de izquierdas -Por Andalucía y Adelante Andalucía- se manifiestan en las calles de Sevilla exigiendo más derechos para los más necesitados.

El discurso del presidente andaluz tuvo menos aristas que otros años, menos dardos explícitos al Gobierno central. Fue menos reivindicativo y más emocional, una descripción de esta tierra como una suerte de oasis en medio de la polarización, la bronca y el radicalismo circundante. “Andalucía es contribuir a que funcione la democracia, desde la pluralidad y lejos de sectarismos”, dijo.

“Sin privilegios ni sectarismos”

Fue un discurso identitario, con numerosas definiciones del significado de Andalucía cargadas de adjetivos, metáforas y llamadas a la emoción. “Os convoco a defender la igualdad entre los españoles, sin privilegios para nadie. Ese es el andalucismo en el que yo creo”, sentenció.

Moreno habló de unidad y concordia como valores inherentes a los andaluces e hizo una exaltación de la situación socioeconómica que vive la comunidad en paralelo a los logros de su Gobierno: récord de turismo, de autónomos, de médicos, de profesores, de recaudación... “Todo esto viene atraído por la estabilidad política e institucional, por la simplificación administrativa y las bajadas de impuestos”, dijo, para anunciar que Andalucía acaba de “superar a Madrid en número de empresas activas”.

“A Madrid, la locomotora económica de España. Un dato que pone de manifiesto lo en serio que vamos y el calado de la transformación emprendida por los andaluces”, remachó. Cada año, la oposición de izquierdas cuestiona su “triunfalismo”. El PSOE, jefe de la oposición, acusa a Moreno de beneficiarse del cuadro macroeconómico que ha creado Sánchez para el país, a pesar de que el PP ha votado en contra desde la reforma laboral a la subida del salario mínimo interprofesional.

El presidente logró un aplauso mayoritario al recordar la memoria de los dos guardia civiles asesinados en la costa de Barbate -Miguel Ángel González y David Pérez-, arrollados por una narcolancha. Moreno mencionó el reto de la inteligencia artificial, de la digitalización y de la carrera espacial, pero también recordó a los jóvenes, los problemas de emancipación y de acceso a la vivienda.

Se detuvo, con especial profundidad, en subrayar la crisis de sequía que hace tambalear la economía andaluza. “La sequía es la pandemia actual”, reivindicando el diálogo entre instituciones y poniendo en valor el pacto por Doñana alcanzado con el Ministerio de Transición Ecológica, y el reciente acuerdo con la ministra Teresa Ribera para “garantizar el agua”. “Habrá quien lo critique y lo respeto. Pero os aseguro que me sentaré y me pondré de acuerdo con quien me tenga que poner”, insistió.

De José Mercé a Jarcha

Este año, la efeméride ha sido más musical que nunca. La banda de cornetas y tambores de Nuestra Señora del Rosario Coronada (Cádiz) tronó sobre el escenario en el arranque del acto, y por ahí pasaron algunos premiados que también cantaron. Danza Invisible entonó Sabor de amor, himno de los 90 que también rescató el propio Moreno en la campaña electoral de 2018, cuando arrebató el gobierno al PSOE coaligándose con Ciudadanos y Vox; el Hijo Predilecto de Andalucía 2024, José Mercé, que cantó por soleá acompañado de una guitarra, o el grupo Jarcha, Medalla Clavero Arévalo, que puso al público en pie recuperando Libertad sin ira, himno oficioso de la Transición. Pablo López, al piano, cerró el acto con el himno de Andalucía.

El presentador de Canal Sur, Juan y Medio, recibió la Medalla de Andalucía de Solidaridad y Concordia, y en su entrega su detuvo un momento para que subieran dos parejas de personas mayores que se habían conocido y enamorado en su programa. Fue un instante de reivindicación sobre el escenario. “La soledad viene a por nosotros. Todos somos personas mayores, aunque aún no lo sepamos. Presidente, tenemos que atacar la soledad a muerte”, le dijo el presentador a Moreno.

En los últimos 43 años, nunca se ha vuelto a repetir aquella unidad social y política de 1980. El paso del tiempo ha acrecentado la relectura de la historia. El PSOE, durante sus 37 años de gobierno, achicó aún más el ya de por sí estrecho papel de la derecha en la conquista de la autonomía andaluza. El PP, en los cinco años con Moreno de presidente, ha resignificado los símbolos y los referentes andaluces, agrandando la figura del ex ministro de la UCD, Manuel Clavero -único referente del PP de aquella época- como “padre de la Andalucía moderna”.

La efeméride había empezado a mediodía en el Parlamento, con la izada de bandera y el discurso del presidente de la Cámara. Jesús Aguirre tiró de referentes cinematográficos para exaltar “la deuda que Hollywood tiene con Andalucía” -Orson Welles, Steven Spielberg, Sergio Leone, Clint Eastwood, Peter O'Toole- en una alocución que desconcertó a muchos diputados. Incluidos del PP.

A Aguirre le afeó la oposición que saliera del traje institucional para replicar la estrategia de oposición de su partido, aludiendo al independentismo catalán. “Hay que defender sin titubeos la Constitución, resaltar su valor como nexo de unión que desde algunos territorios intentan romper”, dijo, censurando los “separatismo” que ponen en riesgo la Carta Magna y que suponen “amenazas para la convivencia entre todos los ciudadanos del país”.

El teatro de la Maestranza se llenó hasta la última butaca. Fuera hacía un sol de primavera, no de invierno. Las organizaciones y partidos de izquierdas que celebran el 28-F con una protesta reivindicativa se habían dispersado hace tiempo, porque la gala conducida por Eva González se prolongó casi tres horas.

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