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El parón de Vox y el despertar del votante socialista: Castilla y León cambia las reglas de las elecciones andaluzas

El presidente andaluz y candidato del PP a la reelección, Juan Manuel Moreno, conversa con su contrincante, la vicepresidenta primera del Gobierno y candidata del PSOE-A, María Jesús Montero.

Daniel Cela

Sevilla —

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Las elecciones en Castilla y León han roto de golpe dos tendencias que parecían consolidadas tras los comicios en Extremadura, el pasado diciembre, y los de Aragón, en febrero: el crecimiento de Vox, que duplicó su resultado en ambas comunidades, se ha desacelerado; y el derrumbe del PSOE, que tampoco parecía encontrar suelo, ha remontado el vuelo recuperando votos y diputados.

Son dos mensajes que cambian las reglas del juego asumidas por los grandes partidos para las elecciones andaluzas de junio. Para el presidente de la Junta y candidato del PP a la reelección, Juan Manuel Moreno, son señales contradictorias, porque el frenazo de la ultraderecha alimenta sus expectativas de revalidar la mayoría absoluta y gobernar en solitario; pero el despertar del electorado socialista desdibuja ese escenario y le obliga a vigilar con recelo a su izquierda.

Moreno lleva meses martilleando un análisis preelectoral con un claro efecto desmovilizador para el votante progresista, a saber: que las elecciones las tiene ganadas (no hay sondeos que digan lo contrario); que no hay partido; que el PSOE no es una alternativa real en Andalucía -su marca está churruscada; su candidata, María Jesús Montero, no despierta pasiones-; y que el único suspense de estos comicios es si el PP logrará revalidar su mayoría absoluta, o tendrá que sentarse a negociar con Vox.

A esa baza se lo ha jugado todo el presidente andaluz. La inestabilidad política que han arrojado los resultados electorales de Extremadura y de Aragón, donde Vox ni gobierna ni permite formar gobierno, le ha facilitado a Moreno una campaña relativamente sencilla, centrada en captar el voto útil y contraponer el interés institucional al interés partidista: “o estabilidad o lío”, repite últimamente como lema,

En público, los populares dan al PSOE andaluz por amortizado, pero en privado la mayor preocupación de Moreno nunca ha sido Vox, sino que despierte el electorado progresista. Esa bolsa de medio millón a 600.000 votantes que marcan la diferencia entre la mayoría absoluta del PP en las autonómicas de 2022 y la victoria amarga en las generales de 2023. En la primera, los populares aventajaron al PSOE en 698.700 votos; en las segundas apenas lograron 128.500 votos más. En ambas, el PP obtuvo prácticamente el mismo resultado: alrededor de 1,5 millones de papeletas, pero lo significativo fue la abstención en el PSOE.

“La ecuación está muy clara: el PP ha tocado techo, no puede subir más, y nosotros sí. Ellos no tienen partido, nosotros sí”, dice un veterano dirigente del PSOE en Granada.

Los populares bombardean hacia afuera con mensajes que trabajan mucho el desánimo de los socialistas, para tenerlos “sujetos en su depresión”. Pero hacia adentro trabajan con microdatos, con tracking mensuales, cruzando sondeos de intención de voto con datos de preocupación ciudadana y de temas de conversación en redes sociales: el PP ha ganado las seis últimas elecciones celebradas en Andalucía pero, excepto en las autonómicas, el PSOE obtuvo un porcentaje de votos “compatible con optar a la gobernabilidad”, siempre en coalición con una izquierda más asentada que, hoy por hoy, no se vislumbra.

El PSOE cayó en Extremadura y cayó en Aragón. En Castilla y León, con una participación notable del 65,6%, ha repuntado vuelo con casi 14.000 votantes y dos escaños más, casi un 31% del escrutinio. Los socialistas andaluces ven en ese dato un síntoma prometedor, un “punto de inflexión”: “hay un despertar de nuestro electorado, los nuestros empiezan a movilizarse, y eso es superpositivo”, advierten fuentes de la dirección regional.

La movilización de la base electoral del PSOE andaluz -mucho más grande y con más potencial que la castellanoleonesa- es una de las tres condiciones que se han fijado los de Montero para tener opciones de gobierno: las otras dos son que Vox crezca a costa del PP de Moreno, y que los partidos a la izquierda del PSOE se coaliguen o, al menos, que una de sus candidaturas movilice a medio millón de votantes, la base más estable que ha tenido ese espacio progresista en Andalucía. “Es difícil que se den las tres a la vez, pero sólo una de las tres zarandea el tablero político”, dicen.

Moreno: “Hay que felicitar el PSOE en Castilla y León. ¿Por qué no?”

El primer discurso que ha dado Moreno este lunes, tras los comicios de Castilla y León, apunta en esa doble dirección: el presidente andaluz busca sacar partido del tropiezo de Vox, según él, una agrupación carente de los atributos para gobernar: “responsabilidad, seriedad, rigor”. “Los ciudadanos castigan a los partidos que no son serios, que bloquean las instituciones. Nos dan el voto para construir, no para destruir”, ha dicho, tras recordar una y otra vez que Extremadura celebró sus elecciones antes de Navidad y aún sigue sin investir presidenta a María Guardiola (PP), que ganó.

Pero la novedad en su discurso está en las palabras de felicitación que dedicó al PSOE de Castilla y León, un gesto inusual con el que el candidato popular trata de disuadir a los de Montero a mirarse en ese espejo de optimismo: “Hoy hay que felicitar al PSOE, ¿por qué no?, ha mejorado sus expectativas. Pero en Ferraz y en Moncloa tienen que tomar nota de que los ciudadanos apuestan por la moderación, la seriedad y la cercanía con los ciudadanos. Lo que nosotros llamamos la vía andaluza”, ha sentenciado.

Moreno, sin necesidad de adelantar los comicios en Andalucía, ha defendido aquí la estrategia nacional de Alberto Núñez Feijóo: releer cada derrota del PSOE en las autonómicas como “un clavo más en el ataúd del sanchismo”. Así, el PP andaluz vio “extrapolable” a Andalucía el fracaso de los socialistas en Extremadura y en Aragón, pero no ven el buen resultado del PSOE en Castilla y León un ejemplo para los de Montero.

La diferencia es la que hoy ha avanzado el presidente de la Junta: que la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda es “el mejor rostro del sanchismo”, que no es una candidata cercana ni del territorio, que no ha llegado de abajo arriba, sino fue elegida a dedo por Pedro Sánchez “como una prolongación de sí mismo”. “Eso restó a Pilar Alegría en Aragón, pese a que era buena candidata, y será letal para Montero aquí”, avisan.

PP y PSOE tienen lecturas antagónicas e interesadas del último eslabón electoral en Castilla y León, pero ambos coinciden en que el ciclo electoral ya no se puede leer como un continuum. Las variables autonómicas se superponen a la política nacional, no son metas volantes que conducen al desenlace final en las generales.

El estado anímico de los socialistas andaluces es hoy mejor que ayer, y eso es algo que a los populares les “inquieta”. “El PSOE andaluz ha gobernado aquí 37 años, es una máquina de hacer votos, nunca les hemos subestimado”, dicen. En la calle San Vicente, sede regional de los socialistas, sí creen en el valor de Montero como candidata del territorio. “Moreno también llegó elegido por el dedo de Rajoy. Hoy se lo juega todo a caer bien, y nosotros tenemos a alguien que sabe hacer las cosas bien: conoce Andalucía, conoce la Junta porque estuvo 12 años y conoce el Gobierno central, desde donde ha trabajado para Andalucía. Si no, que le pregunten a los catalanistas”, advierten...

Moreno no va a la campaña con las siglas del PP por delante, su marca personal es la gran baza, como lo fue en 2022. El PSOE tampoco ha diseñado una campaña revalorizando su marca -hoy en horas bajas- ni a su candidata, pero lo apuesta todo a una realidad constatable en la calle y evidente en las encuestas, incluida en la que publica cada tres meses la Junta de Andalucía (barómetro del Centra): el malestar de la ciudadanía por el deterioro de los servicios públicos, sobre todo por las demoras y el colapso en la sanidad, segundo problema de los andaluces por detrás del paro. “No hay un centro de salud en Andalucía que no tenga una placa con el nombre de María Jesús Montero”, consejera del ramo durante dos décadas, dicen en su partido.

“Defiende lo público” es el lema de precampaña de los socialistas. Montero y los suyos van a seguir por esa línea, aunque este lunes hayan difundido entre sus cientos de agrupaciones los resultados de Castilla y León junto con una arenga motivacional como la de William Wallace a sus soldados ante el ejército inglés (véase la película Braveheart). “La derecha ha cabreado a la gente para que vote en contra de ellos mismos; nosotros queremos que voten para mejorar su vida, su sanidad, su educación, su dependencia. Ese es el reto”, asegura un dirigente del PSOE-A.

En Extremadura, Aragón y Castilla y León, Vox ya había sido llave de gobierno y había gobernado junto al PP antes de salirse de las instituciones de forma sincronizada por orden de Abascal. El partido de ultraderecha en estas regiones ha demostrado su habilidad y sus carencias en los gobiernos, y los ciudadanos han ido a votar con esa realidad cotejada. En Andalucía eso no ha ocurrido aún, el PP lleva gobernando desde 2019, los últimos cuatro años con mayoría absoluta, y el desgaste se imputa todo a Moreno. “El votante de derechas cabreado con la Junta encuentra refugio en Vox”, dice un diputado socialista.

Las izquierdas no cambian el rumbo

Los sondeos previos a las últimas elecciones en Castilla y León sitúan al PP con un pie dentro y otro fuera de los 55 diputados que dan la mayoría absoluta en Andalucía. En 2022, los de Moreno fueron la lista más votada en las ocho provincias y se hicieron con todos los restos, es decir, de 50 a 58 diputados a un coste mínimo cada uno de los últimos escaños. Tanto en el cuartel general del PP como en el del PSOE asumen que la repetición de ese escenario “es muy difícil” pero, para que se repita esa “carambola”, tiene que repetirse una variable clave: la desmovilización de la izquierda.

Los partidos a la izquierda del PSOE en Andalucía también han captado el mensaje de su fracaso en Castilla y León: todas las fuerzas que se presentaban, cada una tras una marca, han perdido más de 45.000 votantes. Ni siquiera los 13.000 más que ha ganado el PSOE explica en clave de “voto útil” el vaciamiento masivo de este espacio electoral. “Es más significativa la incapacidad para atraer al abstencionista”, advierten desde IU.

IU (que iba en coalición con Sumar y Equo) no tendrá representante en las Cortes castellanoleonesas por primera vez desde hace casi dos décadas, en 2007. Y Podemos se ha extinguido con 9.000 votos (0,7%), menos que la formación del agitador ultra Alvise Pérez. Por separado, las izquierdas suman ahora el 2,97% de los votos, dos puntos menos de lo que lograron juntos en 2022.  Gabriel Rufián lanzó una nueva alarma en la noche electoral: “0 escaños a la izquierda del PSOE. No hacer algo (o hacer lo de siempre) es pura negligencia”, escribió en su perfil de X (antes Twitter).

Pero las izquierdas andaluzas ya pasaron por ese debate de la unidad varias veces en la última década, y no parece que la nueva cita electoral vaya a cambiar la hoja de ruta que tienen marcada. Por Andalucía, la coalición de partidos capitaneada por IU y Movimiento Sumar, ha elaborado sus listas en las ocho provincias, ha elegido a su candidato a presidente (el líder federal de IU, Antonio Maíllo) y esta semana presentará el borrador de su programa.

Por Andalucía ha dejado la puerta abierta a Podemos, que ya formó parte de la coalición en 2022 y ahora barrunta postularse en solitario, pero no variará su planificación si los morados dan señales de querer negociar en el último minuto. “En el último minuto no habrá ningún viraje brusco. Ya pasamos por eso en 2022 y fue un desastre”, sentencia un dirigente comunista.

La reticencia de Podemos proviene más de la dirección estatal, que pilota Ione Belarra, que la andaluza. Preguntado por su resultado en Castilla y León y la posibilidad de que también desaparezca de Andalucía -la comunidad más poblada con 8,5 millones de habitantes, el portavoz nacional, Pablo Fernández, ha vuelto a insistir en que la decisión de coaligarse con otras fuerzas para los comicios es “competencia” de la dirección andaluza.

Pero la secretaria general de Podemos Andalucía, Raquel Martínez, ya firmó el pasado verano un manifiesto en favor de la unidad con IU, Sumar y el resto de formaciones con las que hoy comparte el grupo parlamentario Por Andalucía. También se lo hicieron llegar a Belarra en los órganos de coordinación con la dirección estatal, sin obtener ninguna respuesta.

José Manuel Gómez Jurado, uno de los diputados de Podemos en la coalición, ha sido orillado por su formación tras apostar abiertamente por la unidad. Este domingo, tras los comicios de Castilla y León, reiteraba su análisis: “La unidad no es la panacea, ni la respuesta a lo que le pasa a la izquierda, eso es una evidencia más que demostrada. Fragmentar las opciones y tirar votos a la basura en un tiempo en el que los votos no sobran, también es una temeridad bastante demostrada”, escribía en su cuenta de X.

Estos comentarios, que no son nuevos, provocan reacciones muy polarizadas de los seguidores de Podemos, unos a favor, otros visceralmente en contra, que terminan tildando a los diputados de “traidores”. “¿Y se supone que tenemos que quedarnos de brazos cruzados y boquita callada, aún yendo de desastre en desastre en las últimas elecciones por no ser traidores a no sé qué causa? Andalucía es la siguiente parada y SOLO hay una causa: que la izquierda saque el mejor resultado posible”, escribía Gómez Jurado.

El tercer partido en discordia a la izquierda del PSOE, la coalición Adelante Andalucía, es la menos concernida por el debate de la unidad, porque decidió cerrar la puerta a nuevas alianzas desde el principio. El partido de Teresa Rodríguez, que hoy pilota su portavoz parlamentario y candidato, José Ignacio García, ha apostado por “un carril propio” al margen de los “líos de la izquierda”, para consolidarse como una fuerza de “soberanía andaluza, sin jefes en Madrid, de izquierdas, andalucista y anticapitalista”.

Adelante Andalucía no aspira a restar opciones a Por Andalucía, sino a “sacar del sofá al abstencionista o al votante decepcionado con el PSOE”. Hoy tiene dos diputados, y el barómetro del Centra le da el doble. Sus excompañeros en IU y Podemos están convencidos de que están “sobredimensionados” en los sondeos, visto el índice de intención de voto que marcan en provincias donde no tienen implantación territorial ni apenas representantes.

Toda la izquierda andaluza aspira a lo mismo. Las encuestas, incluso la que financia la Junta, siguen ubicando a Andalucía en el centroizquierda, aun después de ocho años de gobiernos del PP, a pesar de que hoy PP y Vox representan un bloque robusto con 72 de los 109 escaños del Parlamento Aspiran a despertar a su base electoral antes de que Moreno disuelva la Cámara en abril y convoque a las urnas en junio.

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