La sequía acerca a los embalses de Andalucía peligrosamente a la cuarta parte de su capacidad total

Fotografía de archivo de un campo en Guadalcázar (Córdoba), en el que la situación de sequía persistente ha colocado en estado crítico los cultivos y cosechas. EFE/Salas

A casi un punto por semana. Esa es la proporción de desgaste que siguen las reservas hídricas andaluzas durante el verano. En plena campaña de regadíos, los embalses andaluces pierden semanalmente un 0.8 % de su capacidad. La prolongada sequía que arrastra Andalucía desde hace cuatro años está alcanzando, durante el verano de 2022, su cénit con un nivel en los embalses que se acerca peligrosamente a la cuarta parte de su capacidad total. A punto de comenzar la segunda quincena de agosto, y a falta aún de casi dos meses para que finalice la campaña de regadíos, las reservas andaluzas se sitúan en el 28.4 % de su capacidad total.

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En conjunto, la región se sitúa casi 30 puntos menos que la media de los últimos 10 años, que es del 56% para estas fechas. Además, solo en el último año las reservas han caído más de siete puntos respecto al agua almacenada el pasado verano, cuando éstas, ya en situación de riesgo, bajaban hasta el 35.7 %. Por el momento, y a grandes rasgos, la capacidad hídrica de Andalucía debería asegurar el abastecimiento de la población general durante uno o dos cursos más. Cosa distinta podría ocurrir con el regadío en caso de que el próximo año hidrológico no sea capaz de cambiar la tendencia, que de seguir la actual podría dejar las reservas muy por debajo de la quinta parte del total.

Además, resulta alarmante comprobar cómo por provincias son precisamente las que mayor capacidad de almacenamiento tienen las que también presentan datos más pobres. En conjunto, Córdoba y Jaén suman casi la mitad de la capacidad total de almacenamiento con que cuenta toda la región. Actualmente, no acumulan ni el 20 % de su capacidad de almacenamiento, lo que deja al gran reservorio hídrico andaluz en menos del 10 % de las reservas respecto al total de la Comunidad. Especialmente grave es la situación en Córdoba, la provincia que mayor capacidad de almacenamiento tiene en la región, y que, con un escuálido 18.5 %, se sitúa en cabeza de las provincias con menor porcentaje almacenado. Le sigue muy de cerca la provincia jienense, donde el agua almacenada cae hasta el 21.8 % de su volumen total.

Por el momento, y a grandes rasgos, la capacidad hídrica de Andalucía debería asegurar el abastecimiento de la población general durante uno o dos cursos más

En el otro extremo se sitúan las provincias de Málaga, Huelva y Sevilla, donde el régimen de lluvias que hemos arrastrado durante los últimos meses, de carácter puramente tormentoso, mantienen los embalses en niveles relativamente aceptables en el entorno del 43 %. Es precisamente la provincia malagueña, mucho más expuesta a este tipo de lluvias, la que presenta mejores datos elevando sus reservas totales hasta el 45 %. De hecho, aquí los datos mejoran a los registrados el pasado año, acumulando un ascenso de más de dos puntos respecto a agosto de 2021. Algo similar a lo que ocurre en la provincia de Almería, donde a pesar de mantener las reservas en un pírrico 21.8 %, prácticamente doblan los registros de hace un año, cuando los embalses se encontraban a poco más del 11 %. Algo relativamente normal debido a la escasa capacidad de almacenamiento con que cuenta la red hidrográfica almeriense.

La cuenca del Guadalquivir a menos de una cuarta parte de su capacidad

Por cuencas hidrográficas, la del Guadalquivir, que es la gran reserva hídrica de la región y de la que bebe mayor proporción de andaluces, es la que registra peores cifras. La media de embalses tributarios del Guadalquivir se sitúa ya por debajo del 24 % con 1.900 hectómetros cúbicos de un total de 8.115. Le sigue de cerca la del Guadalete-Barbate en Cádiz al 26.5 % y en bastante mejor situación las cuencas mediterráneas al 44.5 % de media. En conjunto, la Comunidad cuenta tan solo con 3.400 hectómetros de unos 12.000 para hacer frente al resto de la campaña de regadíos y para dar comienzo el nuevo curso hidrológico.

Por otro lado, la sequía va por barrios. Mientras la mayor parte de las poblaciones tienen asegurado el suministro, otras están al borde del precipicio. Es el caso de las comarcas cordobesas del Guadiato y los Pedroches, cuyo embalse de referencia, el de Sierra Boyera, se sitúa a menos del 13 % de su capacidad. Las cifras invitan a comparar la situación con la última gran sequía de mediados de los 90. Entonces la Península Ibérica atravesaba un régimen de precipitaciones muy similar al que ahora tenemos, lo que llevó a promover severas restricciones en el consumo que aún hoy resuenan en el recuerdo colectivo. Desde entonces se puso en marcha la construcción de nueva infraestructura hidrológica que incrementó notablemente la capacidad de almacenamiento en la región, y que aún a pesar de ellas nos vuelven a situar en un escenario como el de entonces.

Y es que el futuro próximo no parece especialmente esperanzador. El comienzo de restricciones en algunas localidades pudiera ser la avanzadilla de lo que tengamos, de manera más seria, el próximo verano. O incluso antes. Solo un otoño e invierno extraordinariamente húmedos podrían salvarnos del desastre. A pesar de que los modelos de predicción no alcanzan aún un elevado grado de fiabilidad, éstos apuntan a que los próximos meses no se espera un cambio de patrón atmosférico. Al contrario, el régimen de llegadas de áreas de baja presión aisladas y esporádicas vaguadas se mantendrá en el tiempo, lo que derivaría en un inicio de otoño de carácter seco o muy seco y más cálido de lo normal. Solo cabe confiar en que no tengan razón.

Fuente de los datos: chguadalquivir.es, redhidrosurmedioambiente.es y embalses.net

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