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Alberto Carranza: "El ser humano tiene un punto de ambición, codicia y envidia que va más allá de las épocas"

Alberto Carranza, autor de 'A donde nunca vuelves'.

Hay experiencias que marcan irremediablemente. A Shaun Dotson, protagonista de 'De donde nunca vuelves' (Caligrama), vivir en primera línea de frente la Segunda Guerra Mundial le hizo perder la inocencia. A Alberto Carranza (Zaragoza, 1973), autor de la novela, crecer entre los libros de aventuras y misterio que almacenaba la librería de sus padres le hizo soñar con ser escritor. Tras trabajar como programador y analista y llegar a ser directivo de una gran empresa industrial, un día decidió que era hora de cambiar el rumbo y dedicarse por fin a su gran pasión.

'De donde nunca vuelves' es un viaje para su protagonista, pero también para ti, que dejas un puesto directivo en una empresa para lanzarte a la literatura. ¿Cómo y por qué te atreves a dar este salto?

Esta no es una decisión que tome de la noche a la mañana. Tras una serie de circunstancias personales y profesionales, paré, miré hacia los lados, reflexioné y me di cuenta de que lo que estaba haciendo no me satisfacía. Tras 20 años en el mundo de la tecnología y la industria, había llegado el momento de hacer lo que me gustaba. Desde niño siento pasión por la literatura, porque mis padres tenían una librería en el paseo de Teruel, en Zaragoza, y yo pasaba allí todas las tardes después de clase. Allí estaba todos los días tres horas, recorriendo las estanterías, cogiendo primero álbumes de Tintín, Astérix, Super Humor... y de eso pasé a 'Los cinco', 'Los tres investigadores'... Con siete u ocho años, no paraba de leer, y eso al final te marca. Cuando llegó el punto de tomar la decisión de qué hacer mi vida, porque cuando estás ahí arriba ves cosas que no te gustan y que no van contigo, pensé en escribir una novela.

A la literatura sin red.

Había escrito cosas antes, pero lo cogí todo y lo tiré. Era el momento de hacerlo bien. A mí me encanta la novela negra y el Estados Unidos de los años 40, así que me propuse unir las dos cosas. Además, quise darle un toque de reflexión; no deja de ser un thriller, pero quería plasmar mi experiencia en el trato con las personas, cómo las he visto actuar ante determinadas situaciones.

Sitúas la trama de 'De donde nunca vuelves' en el Estados Unidos de 1946, entre Texas y Los Ángeles. ¿Qué te lleva a ambientar ahí tu historia? ¿Ha supuesto un esfuerzo extra en documentación?

Por un lado, en Los Ángeles está la influencia de autores como Raymond Chandler, Dashiell Hammett, James Ellroy... y por otro, el Texas de Cormac McCarthy. Quise unir lo que me gusta e intentar hacerlo yo, a mi nivel y estilo. Sobre la documentación, hay sido relativamente sencillo gracias a la gran cantidad de información que hay disponible en Internet: mapas de la época, planos, fotografías... Además, hay muchas películas ambientadas que la recrean de maravilla. A esto le añades un poco de imaginación para situarte en aquel momento. No he estado en Los Ángeles ni en Texas, pero ahora tengo que ir, o más bien volver, porque a través de la novela ya he estado ahí.

El protagonista es Shaun Dotson, un joven que regresa con la victoria, pero también con el trauma, de la Segunda Guerra Mundial. ¿Querías romper la imagen idílica de los soldados celebrando el final del conflicto?

Películas como 'Salvar al soldado Ryan' o 'Senderos de gloria' que muestran la crudeza de la guerra: te sueltan ahí, con un fusil y a correr, y no te enteras de nada; puedes acabar con un tiro o regresar sano y salvo, y que te reciban con banderas y confeti... Pero cuando se acaba el confeti queda el trauma con el que una persona vuelve de esa experiencia. De ahí el título de la novela, porque todos atravesamos situaciones que nos hacen cambiar y ya nunca puedes volver a ser el mismo ni actuar como antes lo hubieras hecho. Esto le ocurre a Shaun cuando vuelve a su casa y, ante la situación que se encuentra, opta por la violencia, porque tras la guerra ya es algo natural en él.

Shaun es alguien que trata de dejar su pasado atrás y empezar de nuevo, pero ni en su pueblo natal ni en su ciudad de acogida le van bien las cosas. ¿Es el arquetipo de la imposible lucha por la felicidad de los pobres diablos?

Quería huir de la irrealidad de que alguien vuelve de la guerra y todo le va genial con su familia, trabajo, pareja... No es un antihéroe, pero sí ese clásico personaje que se pasa la vida huyendo. Ni en la ficción ni en la realidad la vida es maravillosa siempre. Los parques temáticos de la felicidad no van conmigo; no hay más que ver los noticiarios a diario para ver que esa imagen no se corresponde con el mundo en que vivimos.

Hay más de un villano en la novela, pero sobresale el sheriff Seth Wilkens. Al otro lado, encontramos el personaje de Cody, el amigo fiel, pero también otro en tierra de nadie, el matón Julio Brizuela.

Quería huir del blanco y negro, todos los personajes se mueven en los grises. Los personajes principales se enfrentan a muchas dudas, miedos... Son perfiles normales, gente que te puedes encontrar en en autobús, a los que he llevado al borde del precipicio para mostrar sus reacciones. Brizuela es un personaje que me encanta, porque tiene muchos recovecos y da mucho juego. Una trama entre buenos y malos no es real ni atractiva para el lector.

¿Hay algún tipo de inspiración basada en tus años como jefe?

Todos a lo largo de la vida nos encontramos con personas que, ante una situación determinada, se ven obligadas a tomar decisiones importantes. Y con facilidad puedes ver quién es ambicioso, quién más transparente, quién más conformado... A la hora de escribir una novela, vuelcas tus lecturas y tus vivencias. Esto es un thriller, así que no hay nada que haya vivido en la realidad, pero sí hay un poco de cómo he visto actuar a las personas y las organizaciones, exagerándolo y bajo una capa de imaginación.

Otro de los personajes principales es la corrupción. Es algo que perdura, aunque sin el glamour de los años 40.

Hemos tardado cientos de miles de años en erguirnos y andar de pie, así que no vamos a cambiar tan rápido en mil o dos mil años. El ser humano tiene un punto de ambición, codicia y envidia que va más allá de las épocas. Solo hay que ver las noticias. Así que las tramas, si cambias las ubicaciones, encajarían con un tiempo más actual.

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