"Se atribuyen misterios al Moncayo, pero todos los accidentes de avión fueron por errores de navegación”

Michel Lozares

La primera edición se agotó en sólo tres meses de 2008. Ahora, más de diez años después, el geólogo e investigador de aviación Michel Lozares (Madrid, 1967) publica de la mano de la Institución Fernando el Católico una segunda edición de “Aviones del Moncayo”, un libro en el que investiga los accidentes de once aviones, principalmente durante las décadas de 1970 y 1980. En esta segunda edición, el libro incluye información inédita sobre las historias personales de las víctimas de los siniestros.

¿Cómo surge su interés por los accidentes de avión en el Moncayo?

El interés por buscar retos de aviones en las montañas me venía de lejos, de años atrás, porque antes hacía bastante montañismo. La verdad es que estuvimos un fin de semana allí unos amigos y llegamos a encontrar alguna cosilla. Entonces, durante la semana siguiente contacté con el Ayuntamiento de Tarazona, para ver si tenían más información. No llevaba ninguna idea de escribir ningún libro ni nada, pero el Ayuntamiento contactó conmigo por medio de Ismael González, que es el jefe de la unidad de Agentes Forestales de Tarazona. Entonces, a partir de este primer contacto con Ismael, me encontré con que había una serie de accidentes más que él conocía. Fui investigando hasta que reuní bastante información. Ismael González colabora con el Centro de Estudios Turiasonenses y fue él quien me propuso plasmar toda esa información en un libro. Se hizo una primera edición muy pequeña, que no duró nada. Durante años, he seguido documentándome y he seguido investigando. Entonces, una vez que ya había encontrado mucha más documentación, de nuevo, Ismael contactó con la Institución Fernando el Católico y me propuso igualmente si tenía a bien sacar esta segunda edición.

En el libro incluyo diez accidentes, con once aviones implicados. ¿Es una zona conflictiva para el tráfico aérea?

No, de hecho, el último accidente que se produjo en la zona del Moncayo fue a principios de los años 80. Todo esto tiene relación con que la mayoría de los aviones que aparecen en el libro fueron militares. Hay dos iniciales que son durante la guerra civil; ahí, los motivos están claros: uno fue un derribo de un bombardero republicano que participaba en la Batalla del Ebro y el otro, un avión de base nacional, de la legión Condor, que aterrizó milagrosamente en una de las cumbres del macizo. Del resto de los accidentes, salvo una avioneta Piper, que es civil, son todos aviones militares norteamericanos, casi todos cazas. Esto está ligado a la cercanía del polígono de tiro de Bardenas: o bien estaban yendo, o bien estaban volviendo. Es verdad que todos los accidentes se produjeron en un periodo de tiempo bastante limitado, entre los años 70 y principios de los 80. Es década fue un poco más difícil. El último accidente fue del 84. Desde entonces, no ha habido más en la zona. 

¿Ha habido causas comunes en estos siniestros?

Siempre se atribuyen a la montaña cosas raras, inexplicables... como de ciencias ocultas, pero, en realidad, el denominador común en todos los accidentes fueron errores en la navegación. Siempre ocurrían con meteorología adversa, volaban cuando en la montaña no se veía ni un pimiento, con malas condiciones atmosféricas. Otros accidentes, simplemente, fueron fallos mecánicos.

¿Los accidentes se concentran en una zona concreta?

En el libro incluyo tanto los accidentes que se produjeron en el macizo del Moncayo y otros que están en los alrededores. En el macizo se estrellaron cuatro aviones, tres de ellos casi, casi en el mismo sitio. De hecho, hay dos que se estrellan exactamente en la misma zona. Es curioso pero la avioneta y un Phantom americano se estrellaron en el mismo sitio exactamente. El resto de los accidentes que aparecen en el libro son en las inmediaciones: Ágreda, Malón o El Buste.

En el libro, también tiene interés por retratar a las víctimas del accidente...

Sí, en esta segunda edición sí he intentado profundizar también en el aspecto humano. Durante todos estos años, me despertaba la curiosidad saber quién viajaba en los aviones. No todos los accidentes han sido trágicos; en algunos han fallecido los tripulantes, pero en el libro aparecen dos accidentes en los que no. Por ejemplo, hay dos casos que siniestraron los tripulantes y conseguí contactar con ellos. Todavía me falta por investigar. No he conseguido biografías de algunos tripulantes del accidente de El Buste, pero he localizado a amigos o familiares. He profundizado bastante, sí.

¿Qué es lo más le ha llamado la atención de estas víctimas?

No se puede generalizar, pero me ha llamado la atención que eran todos buenos aviadores y, sin embargo, tuvieron esos accidentes. El del avión F100 que se estrelló en el Moncayo fue por una mala decisión del líder de la formación, que era buen piloto. De los otros casos, el accidente que más llama la atención es el de la avioneta civil, la Piper que se estrelló arriba, porque se mataron los cuatro tripulantes. Los cuatro eran pilotos, trabajaban en líneas aéreas. De hecho, la única mujer, Ana María Sanguillao, estaba llamada a ser la primera mujer piloto de Iberia, porque ya era piloto comercial. También me llamó la atención de este accidente, contado por los amigos de ellos, que se trataba de cuatro pilotos, que incluso tenían a un meteorólogo a bordo, y no tomaron la decisión de darse la vuelta, con la meteorología que tenían. No se sabe por qué.

¿Todavía hay restos en la montaña?

Sí, en el macizo hay unos restos bastante emblemáticos, que son los de un F100. Ese avión está casi completo. Está bastante íntegro, porque el avión no reventó, no explotó, se fue rompiendo. Entonces, se pueden encontrar piezas bastante grandes. De la avioneta Piper, que se estrelló cerca del macizo, también se pueden encontrar restos de gran volumen todavía. Pero del resto de aviones ya se encuentra muy poco. Si vas al sitio exacto del accidente, siempre encuentras alguna cosita, pero muy pequeñas.

¿Cree que esto puede despertar el interés de más gente, que puede ser un foco de atracción?

Sí, claro. Esto despierta el interés de mucha gente. Al principio, piensas que eres el único que se interesa por estas cosas, pero después das con gente a la que esto le gusta. De alguna manera, también se crea un poco de escuela. Este ya es el segundo libro que tengo de esta temática; ya escribí uno antes de accidentes en Granada y ahora voy a empezar la maqueta de uno más que tengo ya terminado sobre accidentes en la Sierra del Guadarrama. En España, no se dedica mucha gente a esto, pero en Irlanda y en Gran Bretaña hay una pasión por la búsqueda de restos de aviones de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, aquí, en Irlanda, están protegidos los restos; no te puedes llevas nada, como ocurre en España. Aquí está todo muy estudiado. Y en Estados Unidos incluso hay grupos de gente que quedan para intentar encontrar restos; allí hay mucha afición. En España, encuentras gente interesada en algún avión en concreto, pero no hay otros trabajos globales sobre accidentes en macizos.

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Publicado el
31 de octubre de 2020 - 22:52 h

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