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La jueza que investiga el crimen de Tauste apunta a la hija del matrimonio como “impulsora” del doble asesinato

Acceso a la vivienda de Javier Sánchez y Esther Latorre, asesinados en la madrugada del 7 al 8 de agosto.

ElDiarioAragón

1 de septiembre de 2026 18:58 h

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La investigación por el doble crimen de Tauste (Zaragoza) –en el que fallecieron dos veteranos dirigentes de UAGA, Javier Sánchez y Esther Latorre– dibuja ya una hipótesis mucho más concreta sobre lo ocurrido en la vivienda del matrimonio la madrugada del pasado 8 de agosto. Según el auto dictado el 13 de agosto por la jueza Alba Peña Gil, titular de la plaza número 2 del Tribunal de Instancia de Ejea de los Caballeros, existen indicios de que Carlota, hija del matrimonio, fue quien “impulsó” la comisión del delito, que habría sido “planificado y ejecutado” junto a su pareja, Luis Carlos de la Cruz. La resolución acordó su ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza.

El documento judicial reconstruye de forma indiciaria cómo ambos investigados se desplazaron desde Zaragoza hasta la localidad cincovillesa y accedieron a la vivienda cuando las víctimas aún no habían regresado, esperando allí su llegada sin forzar los accesos. Javier Sánchez habría sido presuntamente atacado con un cuchillo de la propia cocina mientras dormía; su mujer, al subir después a la planta superior, habría resultado agredida al salir ellos de la habitación donde ya yacía el cuerpo del primero. Una incógnita central sigue abierta: la jueza reconoce que, por ahora, no se sabe “quién portaba el arma y causó la muerte a las víctimas”. Ni el cuchillo ni la ropa que vestían los investigados aquella noche han sido localizados, circunstancia a la que el auto alude expresamente al valorar el riesgo de destrucción de pruebas.

Entre los indicios que sostienen la resolución figuran las grabaciones de las cámaras de seguridad de Tauste, que documentan el trayecto de ida y vuelta y un cambio de vestimenta entre ambos trayectos; las conexiones de los teléfonos móviles a las antenas de la zona, compatibles con ese recorrido; la ausencia de signos de forzamiento en la casa; y las lesiones en el rostro que presentaba Carlota, que la instructora sitúa temporalmente durante las horas del crimen. A ello se suma la confesión que Luis Carlos habría realizado tanto en el reconocimiento forense como ante dos amigos, aunque después se negó a declarar.

El auto recoge además el testimonio de la hermana de la investigada, residente en Irlanda, quien trasladó a la Guardia Civil que Carlota le había dicho que “no veía otra manera de acabar las cosas” –frase que, según las fuentes consultadas, también habría repetido ante el médico forense–. La instructora apunta a la existencia de “un posible conflicto” entre la hija y sus padres como posible desencadenante de los hechos, extremo en el que coinciden varias personas del entorno familiar que manifestaron sus sospechas a los investigadores nada más conocerse el suceso.

La defensa de Carlota, a cargo del abogado Juan Manuel Martín Calvente, sostiene que “ella niega haber participado en los hechos” y rechaza tanto su autoría material como su papel como inductora. El auto recuerda expresamente la presunción de inocencia y no descarta que la calificación actual de homicidio se eleve a asesinato conforme avance la instrucción. Carlota y Luis Carlos permanecen desde su detención –dos días después del hallazgo de los cuerpos– en el centro penitenciario de Zuera, en módulos separados.

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