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El profesor que desafía los prejuicios con máscaras africanas: “Es un vehículo de narración cultural, histórica y restitutiva”

Una de las estancias de la exposición del profesor Alfonso Revilla en Huesca.

María Bosque Senero

25 de julio de 2026 22:47 h

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Las máscaras africanas observan en silencio desde los muros de piedra del castillo de Aínsa. Frente a ellas, la tierra del Pirineo. Y entre unas y otras, una conversación. Una de esas que solo el arte sabe mantener. Desde el silencio. A través del simbolismo que cada una de las partes encierra. En un territorio donde hablar de cultura es también hablar de comunidad, el Festival Castillo de Aínsa ha reservado, en su edición de 2026, un espacio para mirar hacia las personas con capacidades diferentes, una parte de la sociedad que, demasiadas veces, se quedan fuera del foco.

Las jornadas 'Habitando los márgenes' han convertido durante unos días al Sobrarbe en un lugar donde el arte africano ha dialogado con las obras creadas por jóvenes con discapacidad intelectual de ArteCor Monegros. Una línea que abrió a mediados del siglo pasado una mujer que nunca visitó Aínsa y que, sin embargo, ha estado muy presente entre las piedras del castillo.

Se llamaba Judith Scott. Nació en Estados Unidos en 1943 con síndrome de Down y sordera profunda. Cuando apenas tenía siete años fue separada de su hermana gemela e ingresada en una institución donde pasó casi cuatro décadas. Nadie esperaba nada de ella. Nadie imaginaba que aquella mujer silenciosa acabaría convirtiéndose en una de las escultoras más reconocidas del art brut contemporáneo.

Su historia podría parecer muy lejana al Pirineo. Pero no lo es. Porque cuando el Festival Castillo de Aínsa decidió dedicar unas jornadas al arte, la discapacidad y el medio rural, eligió precisamente la vida de Judith Scott para recordar una idea sencilla: el talento necesita más oportunidades que permisos. Una historia que se ha podido conocer a través de la proyección del documental biográfico '¿Qué tienes debajo del sombrero?' (2006), dirigido por Lola Barrera e Iñaki Peñafiel y considerado como una de las obras documentales más importantes sobre arte y discapacidad en España.

El documental contextualiza la exposición y el objetivo de este proyecto aragonés, poniendo como ejemplo a la artista estadounidense; una mujer, fuera del foco y con discapacidad, condiciones muy similares a las de las personas que colaboran en la muestra de Aínsa –con capacidades diferentes y residentes en el mundo rural– que han encontrado en el arte una forma de expresión, reivindicación y de ocupar un espacio en la sociedad actual. Y ¿por qué a través del arte africano?

Herramienta para hablar de inclusión y territorio

Desde el Campus de Huesca de la Universidad de Zaragoza, Alfonso Revilla, docente e investigador, ha convertido el arte africano en una herramienta para hablar de educación, diversidad, inclusión y memoria colectiva. Lejos de la visión folclórica o etnográfica con la que durante décadas se contemplaron, Revilla reivindica la dimensión cultural y social de estas piezas. “El arte africano no solo es un medio de expresión estética, también es un vehículo de narración cultural, histórica y restitutiva”, explicaba durante la presentación de la exposición 'Alteridad e identidad: arte africano más allá de la frontera', organizada por la Universidad de Zaragoza en 2024.

Ese planteamiento ha ido tomando forma en diferentes proyectos impulsados desde la universidad. Primero fue una exposición didáctica para acercar el contexto histórico y simbólico del arte africano a los futuros maestros. Después, con la iniciativa 'Presentificación' llevó máscaras, esculturas y objetos ceremoniales a los escaparates del centro de Huesca, sacando el arte de los museos para integrarlo en la vida cotidiana de las personas, convirtiendo así a la ciudad en un espacio de reflexión compartida.

La última parada de ese recorrido ha sido Aínsa, donde las jornadas 'Habitando los márgenes' han propuesto a sus visitantes un diálogo entre piezas tradicionales africanas y las obras creadas por jóvenes con discapacidad intelectual de ArteCor Monegros. Un proyecto que se adentra en un terreno nunca antes explorado y que no se ha basado en una simple convivencia estética. Ha sido una conversación entre dos maneras de entender el arte como expresión de la comunidad, del cuidado, de la identidad y del lugar donde vives.

Cambiar la mirada sobre la discapacidad y el rural

La elección de ArteCor para participar en esta propuesta llevada a cabo en Aínsa tampoco es casual. Esta asociación trabaja desde hace años en Monegros utilizando el arte y la artesanía como herramientas de inclusión. En Aínsa, al situar sus creaciones junto a esculturas y máscaras africanas, la exposición ha dado un paso más allá. Ha puesto en cuestión otra frontera: la que todavía separa el arte reconocido, de las creaciones que llevan a cabo personas con capacidades diferentes.

Esto explica muy bien el planteamiento de 'Habitando los márgenes': una máscara ritual africana no llegó a Huesca para ocupar una vitrina. Tampoco viajó hasta el castillo de Aínsa para convertirse en una pieza exótica que admirar durante unos minutos. Su función era más clara y mucho más profunda: obligar al espectador a mirar de otra manera.

La propuesta del investigador Alfonso Revilla en este sentido ha sido hacer conversar al arte africano con obras contemporáneas creadas en el medio rural aragonés, por personas con capacidades diferentes, moviendo los márgenes para obligar al público a cambiar la mirada y observar el mundo para descubrir y entender otras formas de convivir.

Las piezas han despertado interés de quienes las han podido ver “sobre todo nos preguntaban por el significado de cada una de ellas”, explica Alfonso Revilla, que, aunque reconoce que es difícil decir si el objetivo de “cambiar la mirada del público y hacerles reflexionar” se ha cumplido, ya que no se han hecho métricas de la exposición, sí que tira de experiencia y reconoce que “toda propuesta de arte africano en contextos postcoloniales es una invitación a hacer una reflexión crítica desde el arte que al público le suele interesar, sobre todo teniendo en cuenta el interés y las preguntas que han generado las piezas en esta exposición”, aclara.

Este es un trabajo a largo plazo, y aunque hasta la fecha no se ha decidido de manera oficial, todo apunta a que el próximo curso la línea de trabajo del Campus de Huesca, a través de este profesor, puede tener continuidad con una muestra que reunirá más de 50 piezas y que se expondrán, en este caso, en una zona urbana.

Una exposición que pone en valor el arte libre de etiquetas

“El arte africano nos obliga a cuestionar nuestros prejuicios”, ha apuntado en numerosas intervenciones Alfonso Revilla. Por ello, la exposición 'Invisibles; habitando los márgenes', una muestra comisariada por este profesor junto con Raúl Ursúa, que ha reunido una veintena de piezas de África occidental y central junto a creaciones elaboradas por artistas de ArteCor, ha sido un ejemplo de su línea de pensamiento expuesta para ser observada por el público neófito.

Esculturas, máscaras y objetos rituales vinculados a la fertilidad, la protección o el cuidado colectivo conviviendo en el mismo espacio y tiempo con obras nacidas en la tierra altoaragonesa. Las texturas del barro, los óxidos o los pigmentos naturales evocan ríos, montañas y paisajes del Pirineo, estableciendo un puente inesperado entre dos mundos que comparten una misma manera de entender la comunidad. Porque el verdadero hilo conductor es una pregunta: ¿qué papel puede desempeñar el arte en un pueblo, en una comarca, en un territorio que lucha por mantener vivas sus oportunidades?

Escultura de la exposición impulsada por Alfonso Revilla y comisariada por este profesor junto con Raúl Ursúa.

La propuesta de tanto de Revilla como de Ursúa es invitar a la sociedad actual a buscar la respuesta en lo colectivo: asociaciones, centros educativos, administraciones y entidades sociales que trabajan cada día en favor de la discapacidad, la creatividad y el desarrollo rural. Porque “en los pueblos la cultura no se contempla como un hecho aislado, se articula como una red” que conecta personas, proyectos y formas distintas de entender, sentir y habitar el territorio.

Por eso, que el escenario elegido haya sido Aínsa, un municipio del Pirineo aragonés, tampoco es una serendipia. En el medio rural, “donde las distancias obligan a cuidar más de los vínculos”, iniciativas como esta demuestran que la cultura puede ser una herramienta para invitar a la gente a quedarse, apostar por un proyecto de vida, generar comunidad y hacer visible aquello que durante demasiado tiempo permaneció invisible; a los “diferentes”.

Entre la piedra medieval del castillo, el barro del Pirineo y las historias que llegan desde África o desde el estudio de Judith Scott, en Aínsa, el arte africano ha dejado de ser un objeto de estudio para “demostrar que se puede convertir en una herramienta de mediación cultural”. Así, la discapacidad deja de abordarse desde la asistencia para hacerlo desde la creación. Y el medio rural deja de ser un escenario periférico para transformarse en un laboratorio donde experimentar nuevas formas de inclusión.

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