Varios pueblos de Teruel se convierten en un laboratorio de participación ciudadana para conocer y mejorar hábitos de salud
Varios municipios turolenses se han convertido en un laboratorio de participación ciudadana para analizar cómo viven, comen y se mueven sus habitantes, con el objetivo de mejorar la salud y reducir desigualdades en el medio rural. El proyecto, iniciado en 2024 y que finalizará en abril de 2027, busca identificar los llamados “desiertos alimentarios y de actividad física”, es decir, zonas con acceso limitado a alimentos saludables o a recursos para hacer ejercicio. Para ello, combina análisis técnicos con metodologías participativas que sitúan a la población en el centro del estudio.
“Queremos descubrir el día a día de las personas en relación con la alimentación y el ejercicio, así como las barreras que encuentran”, explica la investigadora principal, Isabel Antón Solanas. El trabajo de campo incluye entrevistas individuales, grupos de discusión de entre cinco y siete personas con perfiles similares y técnicas como el “fotovoz”, en la que los participantes documentan con imágenes aquellos elementos que facilitan o dificultan llevar una vida saludable.
Las preguntas abordan cuestiones sobre la forma en la que los habitantes de estos pueblos acceden a los alimentos, los recursos que necesitan o las alternativas que utilizan, como pueden ser los huertos o las pequeñas explotaciones ganaderas. También se trata de conocer las dificultades, la que más destaca la investigadora es la movilidad: “Si no tienes coche, no puedes comer; para comprar el pan hay que coger el coche”, señala Antón. Esta dependencia del vehículo privado se traduce en una limitación en caso de envejecimiento o de dificultades físicas: “En el momento en el que una persona tiene un cierto deterioro no puede vivir en su pueblo”.
El estudio busca recoger una muestra amplia y diversa de la población, con participación de jóvenes de entre 12 y 17 años, adultos, mujeres, personas con discapacidad, migrantes y técnicos municipales. En este proceso ha sido clave la implicación de los ayuntamientos, especialmente en localidades como Singra, Monreal del Campo, Jatiel o Monroyo, donde ya se han recogido datos que ahora se ampliarán a otros municipios.
Uno de los ejemplos es Singra, cuyo ayuntamiento colabora activamente en el proyecto. Allí, la participación está abierta a vecinos a partir de 12 años, que aportan su experiencia para identificar necesidades y proponer mejoras adaptadas a la realidad local. El trabajo se está desarrollando mediante entrevistas y dinámicas participativas en los próximos meses.
Desde el Ayuntamiento de esta localidad de 76 habitantes, destacan la participación activa de los vecinos y vecinas: “Aportando su experiencia, identificando necesidades y proponiendo posibles mejoras para el pueblo”. Con esta colaboración, el Ayuntamiento “refuerza su compromiso con la participación ciudadana y el impulso de iniciativas que contribuyan a mejorar la calidad de vida en el municipio”, exponen.
La vocación de este proyecto es aplicar las conclusiones que extraigan para mejorar la vida de las personas. Tras finalizar las entrevistas en junio, el equipo abordará el análisis de los datos y, posteriormente, regresará a cada municipio para compartir los resultados. “Analizamos de forma global y también por municipio; luego volvemos, validamos la información con la población y planificamos conjuntamente acciones y soluciones”, detalla la investigadora. Esta fase de devolución y co-diseño está prevista para septiembre.
El enfoque se enmarca en la investigación-acción participativa, una metodología que combina análisis científico y transformación social. El objetivo final es que los resultados no solo describan la realidad, sino “que sirvan para impulsar políticas públicas, atraer recursos y mejorar servicios e infraestructuras en zonas rurales”.
Entre los resultados esperados figura también la creación de un Observatorio Europeo que recopile datos, buenas prácticas y herramientas para abordar los desiertos alimentarios y de actividad física. Con ello, los investigadores aspiran a situar las necesidades del medio rural en la agenda política y contribuir a reducir las desigualdades en salud entre territorios. La iniciativa forma parte del proyecto DESERT (Estrategias de Dieta y Ejercicio para la Equidad en Territorios Rurales), coordinado en España por la Universidad de Zaragoza y desarrollado junto al Instituto Aragonés de Investigación Sanitaria, con financiación del Instituto de Salud Carlos III. También participan instituciones de Portugal y Turquía, lo que permite comparar realidades rurales en distintos países europeos.