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Negociar o simular que se negocia, esa es la cuestión

El PSOE asegura que intentará al mismo tiempo un pacto de legislatura con Unidas Podemos y forzar la abstención de PP y Ciudadanos. Pero muchos sospechan que lo que en realidad se busca desde Moncloa es unas nuevas elecciones

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Pedro Sánchez durante la segunda votación de investidura.

Pedro Sánchez durante la segunda votación de investidura. MARTA JARA

Aún no del todo recuperados de la conmoción por el fracaso en la investidura de Pedro Sánchez para formar un Gobierno de coalición, tanto en el PSOE como en Unidas Podemos empiezan a recomponer estrategias y a explorar caminos para las próximas ocho semanas, las que faltan hasta el 23 de septiembre. Si en esa fecha no se ha conseguido la investidura de un presidente, el rey disolverá las Cámaras y convocará nuevas elecciones, como establece la Constitución en el artículo 99.

Aunque en público y en las redes sociales digan aún que hay que intentar de nuevo el Gobierno de coalición, entre algunos dirigentes de Unidas Podemos se extienda ya la resignacion de que no habrá esa segunda oportunidad, y no solo por la negativa del PSOE sino también por las discrepancias internas en la propia coalición morada. La propuesta de IU el viernes pasado de que se busque ahora desde Unidas Podemos un pacto de legislatura con el PSOE, sin entrar en el Gobierno, ha sido bien vista entre los 'comuns', los aliados catalanes de la formación morada, y puede abrirse paso en breve incluso en el entorno más cercano a Pablo Iglesias.

En el PSOE, la propuesta de IU del pacto de legislatura ha sido bien recibida –fue uno de los primeros escenarios que barajaba y deseaba Sánchez tras los resultados el 28 de abril–, pero no es la única opción que se estudia. Hay otra a la que algunos optimistas le ven posibilidades crecientes: insistir cada vez más alto y por más vías en la petición a la derecha, tanto a PP como a Ciudadanos, de que se abstengan en un hipotético nuevo intento de investidura del líder socialista. Insistir en esa presión, comenta un dirigente socialista, por todas las vías "económicas, mediáticas y sociales".

En esa tarea de presión sobre Ciudadanos, hay en el PSOE quien habla del "enajenado Rivera" y sentencia: "Su partido carece de sentido desde que él se echó en brazos del 'populismo infantil'". En sus recados al PP, desde el PSOE se elogian -interesadamente, claro- la "institucionalidad" y la "sensatez" del partido de Pablo Casado y de este mismo en su desempeño en las últimas semanas. Algún dirigente socialista soltaba la semana pasada elogios a Casado por el tono que empleó en sus intervenciones en el debate de investidura, quizás también por el contraste respecto al de Rivera, el de "la banda" y "el botín". A los mensajes habituales a la derecha para que se abstenga, el PSOE podría añadir en breve uno nuevo: la conveniencia de que la sentencia del juicio al procés, que previsiblemente causará un gran impacto en la opinión pública y en el ámbito político, especialmente en Cataluña, no llegue con un Gobierno en funciones al que se le pueda cuestionar su legitimidad desde el independentismo si tiene que tomar alguna decisión contundente -por ejemplo una nueva aplicación del artículo 155 de la Constitución- si se considera que la reacción de la Generalitat al veredicto vulnera alguna norma legal.

La sentencia, según fuentes del Supremo, se haría pública a comienzos del mes de octubre, lo que quiere decir que, si Sánchez no logra antes la investidura, él mismo y su Gobierno llevaría en ese momento ya más de cinco meses en funciones y estaríamos a unas cinco semanas de las nuevas elecciones. Demasiados riesgos de descontrol político, les dirán desde el PSOE a Casado y Rivera para que cedan.

Estrategias al margen, lo que se preguntan ahora en todos los partidos –e incluso entre cuadros medios y altos del PSOE– es si Pedro Sánchez y su entorno más cercano tienen realmente la voluntad de negociar y pactar o si en las próximas semanas sólo vamos a asistir a una simulación, a una escenificación de nuevos desencuentros que no tendría otro fin que llegar los socialistas mejor posicionados a las hipotéticas elecciones de noviembre y además responsabilizando a los demás de que se produzcan.

"No queremos elecciones. Es tirar otra vez la moneda al aire cuando ya salió cara. Vamos a seguir intentándolo con los tres", asegura un alto cargo socialista. "A mí me dicen que lo vamos a trabajar de verdad", cuenta otro. Pero un tercero agrega: "Preparar las elecciones es imprescindible".

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