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Todas esas cosas, señor Rajoy, que son peores que lo de Cifuentes

“Son peores algunas de las cosas que están pasando”, dice el presidente del Gobierno y del PP para minimizar el caso de la presidenta madrileña. Un repaso a algunas de ellas

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Rajoy en una comparecencia de prensa EFE

Casi cuatro semanas después de que eldiario.es lo destapara, el caso Cifuentes crece en irregularidades en torno a la presidenta madrileña y en territorio y  personajes enfangados, pero apenas crece en asunción de responsabilidades ni en aprovechar la circunstancia el partido afectado, el PP, para dar por fin alguna señal inequívoca de regeneración. A los escándalos conviene responder con ética y ejemplaridad pública, y no con cálculos sobre el impacto electoral de lo que se haga o deje de hacer o con maniobras de defensa o de toma del poder, pero por ahora ni el PP lo asume así ni Ciudadanos, el partido que sustenta al de Rajoy tanto en la Asamblea de Madrid como en el Congreso de los Diputados, se lo hace entender con eficacia.

Tres frases resumen y delatan cómo ven y cómo afrontan en el PP el caso Cifuentes. La del presidente de la Diputación de León, Juan Martínez Majo: “Vale. No tiene el máster. ¿Y qué?”. La de la secretaria general del partido y ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal: “Tenemos que defender lo nuestro y a los nuestros”. La del presidente del Gobierno y del partido, Mariano Rajoy: “Son peores algunas de las cosas que están pasando”.

O sea, la de los que no han entendido aún que la política tiene que ser ejemplar y ejemplarizante, limpia, ética, moral. La de los que dividen a los ciudadanos en propios y ajenos, en partidarios y adversarios, en buenos y malos, para aplicarles la ley del embudo y la ley de al enemigo plomo, al amigo plata y al indiferente la legislación vigente. Y la de los que, como el presidente del Gobierno y del Partido Popular, creen que es mejor dejar que corra el tiempo y mirar entre tanto hacia otro lado.

Sea. Miremos un rato hacia otro lado, señor Rajoy. Es cierto: son peores que lo de Cristina Cifuentes algunas de las cosas que están pasando en este país que usted gobierna y desgobierna desde hace casi seis años y medio.

Es peor y más grave que lo de Cifuentes lo que ocurre en Catalunya, donde un problema político de enorme magnitud –el afán de un porcentaje notable de la población de desvincularse de España y los pasos, algunos temerarios e ilegales, que está dando parte de su clase dirigente por conseguirlo- está siendo afrontado por usted solamente como un asunto de orden público, policial y judicial, y aun este cargado de torpezas y traspiés.

Es peor y más grave que lo de Cifuentes la desigualdad galopante que asuela a nuestra sociedad, entre otras razones por las políticas aplicadas por su Gobierno en estos años grises. La sociedad dual que está su administración creando, la brecha social que está abriendo, el desmontaje paulatino del Estado del bienestar que está propiciando, la desigual salida de la crisis económica que sus políticas están ofreciendo a los ricos y a los pobres, a los privilegiados y a los desprotegidos, a “los nuestros” y a “los no nuestros”.

Es peor y más grave que lo de Cifuentes la descorazonadora disyuntiva que como proyecto de vida se les ofrece a una inmensa mayoría de los jóvenes españoles: o bien quedarse aquí con empleos precarios y mal pagados y por debajo de sus capacidades y de su formación o bien emigrar fuera a buscarse la vida y desgajarse de sus raíces familiares, sociales y culturales para probablemente no volver nunca. A esos millones de jóvenes, por cierto, que han conseguido másteres y grados pagados con el sacrificio de sus familias y ganados a pulso con su esfuerzo, matriculándose a tiempo, asistiendo a clase, examinándose cuando tocaba, logrando las calificaciones una a una en el aula… y no mediante trato de favor, apaños académicos, componendas burocráticas, procedimientos irregulares e incluso presuntas falsificaciones delictivas.

Es peor y más grave que lo de Cifuentes, señor Rajoy, el plan de derribo del sistema de pensiones públicas que su Gobierno está ejecutando, con subidas mínimas –que descontada la inflación son algunos años bajadas reales- para los actuales pensionistas y con recortes brutales de derechos y de cuantías para los futuros jubilados, al tiempo que dedica usted recursos públicos, vía bonificaciones fiscales, a fomentar los fondos de pensiones privados.

Es peor y más grave que lo de Cifuentes el retroceso en algunos derechos fundamentales, como el de la libertad de información, expresión o pensamiento, que están sufriendo algunos ciudadanos por efecto de su ley mordaza y de otras iniciativas normativas impulsadas por su Gobierno, tan alarmantes que han sido incluso cuestionadas por organismos internacionales.

Son peores y más grave que lo de Cifuentes muchas otras cuestiones. La insensibilidad y torpeza de su Gobierno con la lucha de las mujeres por la igualdad. La casi parálisis del Parlamento por su incapacidad de pactar algo que no sea imponer su punto de vista. El enorme retraso en darles a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos un modelo más justo de financiación. Su incapacidad de conseguir una reforma educativa que supere la sectaria de su primer Gobierno, o un modelo energético sostenible, o una fiscalidad más justa y como dice la Constitución progresiva, o un proyecto de futuro de país que ilusione de nuevo a los ciudadanos y que supere el aletargamiento, la resignación y la debilidad democrática que ahora sufrimos.

Es también peor y más grave que lo de Cifuentes, en fin, la suma de innumerables casos aislados de corrupción en que chapotea su partido, los muchos dirigentes salpicados o embarrados, los obstáculos que se le ponen a las investigaciones policiales y judiciales, las maniobras en torno a los jueces para que no lleguen a la verdad.

Es también peor y más grave que lo de Cifuentes que desde un  teléfono que era el suyo, señor presidente, se enviaran mensajes de aliento y apoyo al extesorero del PP Luis Bárcenas cuando ya había sobrados indicios de sus corruptelas y corrupciones. O que se le estuviera pagando y protegiendo desde el partido cuando ya la instrucción penal estaba en marcha, presumiblemente para que no hablara. O que se destruyeran sus ordenadores para que no acabaran en manos de los jueces. O que un tal M. Rajoy figure en los papeles de Bárcenas -esa contabilidad del PP paralela y parece que más fiable y certera que la oficial- como receptor de sobres de dinero que suman varios cientos de miles de euros de origen probablemente delictivo, de mordidas y sobornos, y que a estas alturas ese señor que se llama como usted, señor presidente, no haya asumido ninguna responsabilidad política por ello, ni apenas sufrido un roce judicial.

Es peor y más grave que lo de Cifuentes no ser consciente o no querer serlo de la extrema gravedad de lo de Cifuentes. Del desastre democrático, de la vulneración del Estado de derecho que supone que una dirigente –o varios, o muchos se salte todas las normas académicas en una universidad pública, que unos funcionarios cometan irregularidades o delitos para hacérselo fácil, que se le regale un título que a otros estudiantes les cuesta muchísimo esfuerzo y dinero, que se devalúen así todos los títulos e incluso la reputación de la universidad, que se meta así una bomba demoledora bajo uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad, el de la enseñanza pública superior... Y es grave, es muy grave, que la reacción a todo ello sea un “¿y qué?”, una orden de la número dos del partido para apoyar a la protagonista del escándalo porque es uno de "los nuestros" y un mirar para otro lado y minimizarlo por parte del número uno, usted, usted mismo.

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