Filósofas, místicas, activistas o perseguidas: ocho mujeres castellanas y manchegas contra ocho olvidos
La historia de lo que hoy es el territorio de Castilla-La Mancha cuenta con numerosas mujeres silenciadas, invisibilizadas u olvidadas que tuvieron un papel relevante en la cultura, la ciencia, la política y el activismo social, muchas de las cuales están siendo rescatadas recientemente a través de exposiciones, reconocimientos y estudios regionales.
Con motivo de las conmemoraciones del 8M, Día Internacional de las Mujeres, rescatamos a ocho de estas mujeres, castellanas y manchegas, principalmente místicas, filósofas, artistas y activistas en sus épocas, la mayoría de ellas perseguidas y otras muchas silenciadas, bien por la hegemonía patriarcal, bien por la Inquisición. El objetivo: que sus nombres vuelvan a ser visibles y sus obras reconocidas.
1. Olivia Sabuco de Barrera
Originaria de Alcaraz, en la actual provincia de Albacete, fue una filósofa y escritora renacentista que propuso ideas muy innovadoras en el siglo XVI sobre la conexión mente-cuerpo, lo que ha venido a denominarse después la “colinación del cerebro”. Con ello se adelantó incluso a filósofos como Descartes. En su momento, sus escritos y obras, algunas también sobre la peste fueron atribuidos a su padre o a otros hombres o no fue hasta hace bien poco cuando se supo de la autoría auténtico de sus reflexiones.
Según el Instituto de la Mujer, su obra más conocida, de larga nomenclatura como era habitual en el Renacimiento, es ‘Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre, no conocida ni alcanzada por los grandes Filósofos antiguos, la cual mejora la Vida y la Salud humana’. Se trata de un manual de carácter científico de valor excepcional, publicado por primera vez en 1587. Tuvo un gran éxito en su época, tal y como muestran las diversas ediciones que se hicieron (la última es del año 2006), aunque dos de ellas fueron expurgadas por la Inquisición.
A día de hoy es considerada una de las plumas más brillantes del Siglo de Oro Español y entre sus admiradores destaca su contemporáneo Lope de Vega, quien la llamó ‘Musa Décima. Pero tal y como ha pasado con otras ilustres mujeres, estafilósofa ha sido ignorada por la historia, lastre que ha provocado que no se hayan reconocido sus innumerables méritos.
2. Teresa Enríquez
Fue una mujer poderosa en la corte de los Reyes Católicos, durante los siglos XV y XVI, como hija del almirante de Castilla Alonso Enríquez y prima hermana del rey Fernando. Dedicó parte de su fortuna a obras sociales y religiosas, algo que no estaba bien visto en la época, ya que la caridad se ejercitaba de forma privada y en pequeñas cantidades. Según la Real Academia de Historia, llegaran a llamarla la ‘Loca del Sacramento’ (llamar locas a las mujeres por sus actitudes vanguardistas o fuera de canon ya era algo habitual).
Su infancia discurrió junto a su abuela paterna, muy cerca de Medina de Rioseco (Valladolid) y se casó con Gutierre de Cárdenas, perteneciente a una de las familias más destacadas de la segunda mitad del siglo XV, un hombre muy vinculado a la causa isabelina. Cuando Teresa se quedó viuda, recibió una de las fortunas más importantes de Castilla con las que fundó un mayorazgo cuyo usufructo dedicaba a sus fundaciones y limosnas. Su hijo, Diego de Cárdenas, no aprobaba el destino que su madre daba a la fortuna paterna, aunque el heredero recibió íntegro el mayorazgo, pues su madre se caracterizó por sus dotes de administradora.
Fue en su viudez cuando esta mujer se mudó a Torrijos, en la actual provincia de Toledo, villa que había comprado el matrimonio al Cabildo de la catedral de Toledo en 1482. Tras la peste, Teresa Enríquez pensó en el establecimiento de un colegio de huérfanos, preocupándose además de la dotación de las huérfanas, con el fin de que pudiesen desarrollar una vida digna. Consiguió además la reinserción de prostitutas, sin olvidar la atención a los cautivos de Argel.
Para la cofradía de Torrijos construyó la colegiata del Corpus Christi, convirtiéndose esta cofradía en la cabeza de todas las que se fueron erigiendo en parroquias españolas. Realizó también una intensa labor de fundación de conventos, siendo los franciscanos los principales beneficiados, gracias a su cercanía con el cardenal Cisneros. Sus restos reposan en esta localidad toledana y es considerada ejemplo singular de la historia espiritual española.
3. Inés de Moratalla
Una de las místicas más relevantes de esa historia fue esta humanista, conocida como la ‘Poseída de Minaya’, nombre de su villa natal, en la actual provincia de Albacete. Su historia ha trascendido gracias al boca a boca ya que hay muy pocos documentos escritos. Las Cortes de Castilla-La Mancha han rescatado sus vivencias y destacan cómo en 1516 se trasladó a El Provencio, en Cuenca, con el fin de librarse de la posesión diabólica que decía sufrir, producida por la mordedura de un perro.
Los hechos entonces ocurridos reflejan una “religiosidad popular atávica”, más apegada a lo sobrenatural que a las vías sacramentales que impondría el Concilio de Trento, favorecida por la existencia de un clero rural de escasa formación.
Era el caso de Garci Sánchez, teniente cura de la parroquia de esa población albaceteña, que tenía cierto reconocimiento como conjurador de demonios y una peculiar fama adquirida por “la escasa observancia mostrada en el cuidado del celibato eclesiástico”. En este particular caso, sus manejos trataron de demostrar que Inés estaba efectivamente poseída, pero por un ángel, y merecía por ello la adoración de sus vecinos.
La farsa, según el Parlamento regional, fue creída por todos y produjo importantes efectos económicos durante algún tiempo. Sin embargo, la Inquisición actuó pronto y una vez iniciado el proceso, Garci Sánchez culpó a Inés de todo, pero el tribunal no creyó sus acusaciones al considerar a la inculpada “como persona simple e mujer de poco saber”. Su pena quedó por ello reducida a salir con coroza y vela en un auto de fe celebrado en 1517 en la población de San Clemente, a abjurar públicamente de sus errores y a recibir cien azotes.
4. Isabel de la Cruz
De la misma época fue Isabel de la Cruz, nacida en Guadalajara, de ascendencia judía, fue una de las mujeres con mayor influencia doctrinal durante las tres primeras décadas del siglo XVI. Abandonó muy joven el hogar, contra la voluntad de su madre y sus hermanos, para dedicarse con más plenitud a la búsqueda de la perfección cristiana y a la predicación.
En 1512 vivía en Guadalajara como beata sujeta a la regla franciscana y enseñaba un camino de perfección conocido como “dejamiento” (abandono absoluto a la voluntad y al amor de dios). A la vez animaba a sus discípulos seglares a abandonar las formas exteriores de devoción y a los religiosos, especialmente franciscanos, que la seguían a librarse de los ayunos, disciplinas, vigilias y otras penitencias mandadas por la regla.
Su doctrina heterodoxa, la nueva y peligrosa aventura espiritual de gran vitalidad, convivió inicialmente con la del “recogimiento” ortodoxo que practicaban seglares, franciscanos y clarisas. En 1519, Isabel de la Cruz fue denunciada al Tribunal de la Inquisición. La acusación se centraba en que Isabel, como “iluminista” negaba la existencia del infierno y ridiculizaba a los que hacían penitencia y renegaba de las buenas obras.
Los inquisidores no abrieron diligencias contra ella hasta 1523, cuando se produjo la ruptura entre “recogidos” y “dejados”. Los alumbrados se habían multiplicado y se repartían ya por varias localidades castellanas: Cifuentes, Pastrana, Escalona, Toledo, Salamanca o Alcalá.
La Inquisición cortó de raíz la difusión del “iluminismo” con la promulgación de un edicto de gracia (diciembre de 1524), el primer edicto de fe que abría oficialmente las persecuciones (1525) y el auto de fe de 1529 donde fue juzgado. juzgados Isabel de la Cruz, Alcaraz y otros herejes de nuevo cuño. No se sabe cómo terminó exactamente el proceso de Isabel, pero la sentencia le fue conmutada en 1538 por penitencias, romerías y oraciones y la prohibición de salir de Guadalajara y sus arrabales sin licencia.
5. Antonia Roldán Fernández
Y nos trasladamos ya al siglo XX para rescatar la figura de Antonia Roldán Fernández, física y meteoróloga nacida en Miguelturra (Ciudad Real) y que está considerada como pionera en meteorología en España. Fue una de las cinco primeros mujeres en cursar Ciencias Físicas en la Universidad Central de Madrid, precedente de la actual Universidad Complutense.
En 1935 cuando tenía 22 años ingresó en el antiguo Servicio Meteorológico Nacional tras aprobar las oposiciones para la escala de Auxiliar de Meteorología, siendo una de las cuatro primeras mujeres en hacerlo antes de la guerra civil española, tras la donostiarra Felisa Martín Bravo. El primer destino de Antonia fue el Observatorio Meteorológico del Retiro, pero después se trasladó a la creciente Ciudad Universitaria de Madrid como jefa de Climatología.
La dictadura franquista dio al traste con sus aspiraciones. El Instituto Nacional de Meteorología pasó a formar parte del Ejército, por lo que dejaron de admitir mujeres. Todos los empleos se militarizaron.
Pero con el nuevo Reglamento de 1941, el ingreso al Cuerpo Superior de Meteorología podía realizarse desde la plaza de auxiliar y sus requisitos eran tener cinco años de antigüedad en el servicio, presentar la titulación estipulada y defender una memoria científica ante un tribunal. Tras cumplir estos requisitos, Antonia consiguió acceder al Cuerpo Superior de Meteorólogos, con rango militar de Teniente, en el que permaneció hasta su jubilación y por el que después recibió numerosos reconocimientos.
6. Sagrario Torres Calderón
En el siglo pasado desplegó también todo su talento Sagrario Torres Calderón, nacida en Valdepeñas (Ciudad Real) en 1922 en el seno de una familia humilde. Queda huérfana de padre muy pronto. El Diccionario Biográfico de Castilla-La Mancha apunta que seguramente por este motivo, junto a su madre y su hermano, se traslada a vivir a Madrid.
Con apenas cinco años ingresó en un internado municipal de Alcalá de Henares regentado por una comunidad religiosa. Tras la guerra sivil, no volvió a retomar los estudios de bachillerato que había iniciado. Sin embargo, a través de las lecturas que le proporciona su hermano, se instruyó de forma autodidacta; estudiaba y leía, sobre todo poesías, que se aprendía de memoria.
Comenzó muy pronto a escribir poesía y prosa. En los años 40 enviaba colaboraciones a periódicos y revistas y empezó a frecuentar círculos poéticos donde inicia amistad con poetas como Luís Felipe de Vivanco, Leopoldo Panero, Luís Rosales y el pintor valdepeñero Gregorio Prieto. De entre todas estas amistades, destaca su afecto por Juan Alcaide, del que se considera su discípula. Con solo 20 años, recibió el premio Concha Espina para escritores noveles. Ya en los primeros años 50, formó parte de la tertulia de mujeres ‘Versos con faldas’, impulsada por Gloria Fuertes, Adelaida Las Santas y María Dolores de Pablo.
Sagrario Torres fue una excelente sonetista, sobre todo al principio de su obra, donde eligió esta métrica del verso para desarrollar una lírica que busca la espiritualidad. Seguramente la razón fundamental para elegir la sensibilidad del misticismo viene de su formación religiosa.
También su afecto por Juan Alcaide, al que considera su mentor, tiene mucho que ver, puesto que el poeta manchego también era creyente y compartía los mismos valores religiosos. Sin embargo, Sagrario no solo se limitaba a la espiritualidad o al misticismo; en su trayectoria literaria abordará una amplia variedad de temas y materias.
Como activista, en 1993 publicó 'Poemas de la Diana', donde manifestaba su oposición al proyecto del campo de tiro de Anchuras y reivindicaba el valor de la naturaleza como un bien social. En su poesía coexistían así su misticismo y “contención y la fatiga” que le suscita la docilidad. Se advertía de esta forma una rebeldía latente y a punto de estallar, una sublevación ante el comedimiento y los convencionalismos sociales.
En el año 2005, el Gobierno de Castilla La Mancha le concedió la Placa al Mérito Regional por su obra literaria y una vida dedicada a la investigación, poco antes de su fallecimiento. En su nicho reza un epitafio con los versos que le dedicó Juan Alcaide: “¿Por dónde está Sagrario? / ¿En qué racimo clavó el canibalismo de sus dientes? / ¿Qué capacho aguantó su brutal mimo? / ¿Qué mosto se hizo perla en sus pendientes?”
7. Gloria Merino Martínez
Gloria Merino nació en 1930 en Jaén, pero a los cinco años se trasladó con su familia a Malagón, en Ciudad Real. Proveniente de una familia con fuertes raíces artísticas, creció rodeada de música, teatro y pintura.
Su padre, Santiago Merino Anciano, músico y director de teatro, y su madre, Eloísa Martínez Castillo, cantante con una hermosa voz que Gloria heredó, marcaron profundamente su inclinación artística. Sus hermanos también estuvieron vinculados a la música, contribuyendo a una educación cultural diversa y enriquecedora.
Desde pequeña, Gloria demostró un talento notable para las artes plásticas, especialmente en el dibujo, una habilidad que heredó de su abuelo materno. A los doce años fue evaluada en el Instituto Psicotécnico de Madrid, donde ya era considerada una “niña prodigio del arte”.
De hecho, cultivó su vocación musical como soprano, formándose en el Conservatorio de Madrid con maestras como Isabel Penagos, Blanca María Seoane y Conchita Badía de Agustí. Además de su vocación musical, Gloria Merino poseía también notables dotes para la escultura.
8. Carmina Useros
Y terminamos este recorrido con una de las primeras gastrónomas de España, Carmina Useros Cortés, natural de Albacete. Fue escritora, ceramista, pintora y gestora cultural, destacando por su investigación de las tradiciones gastronómicas, artesanas y culturales de su ciudad natal
Licenciada como maestra en la Escuela Normal de Albacete, cursó estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid. En los años 1950 enseñaba a leer y escribir a las mujeres. Hasta 1972 cocinaba para 'El Cottolengo' (una institución benéfica albaceteña) y en la década de los 70 firmó como única mujer una carta de apoyo a la 'Platajunta', nombre popular para de 'Coordinación Democrática', un organismo unitario de oposición al régimen franquista en España, surgido de la fusión de la Junta Democrática de España y la Plataforma de Convergencia Democrática.
Desarrolló una intensa labor de difusión y lectura del 'Quijote'. Y, junto con su esposo Manuel Belmonte, llevó a cabo la investigación y recuperación del patrimonio cultural de Albacete. El novelista y gastrónomo Manuel Vázquez Montalbán habla de ella 'La Rosa de Alejandría' como “la eximia Carmina Useros”.
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