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Ana Tristán

Nací en Las Palmas y estudié Sociología en Granada. En 2013 hice unas prácticas en Canarias Ahora y sigo colaborando en este medio siempre que puedo y me dejan. Me interesan la poesía, el diseño y las relaciones internacionales. Busco fórmulas inclusivas para escribir y pensar. Utilizo el neutro (casi siempre masculino en gramática española) por economía del lenguaje, aunque ello me produzca interminables contradicciones.

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Nada es tan dramático

Los espacios de socialización se han ido mudando al ciberespacio. En cuestión de veinte años la vida se ha internetificado a toda marcha, se ha diluido por las redes como el ladrillo por las ciudades, como el consumo, la xenofobia y la corrupción.

De los centros urbanos (o megalópolis) unos señores han ido arrancando los bancos, las plazas, los descampados y otros lugares inútiles, ya carne de reestructuración. La utilidad económica es la religión que nos gobierna.

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Un año más moliendo café

Yo el año lo abro y lo cierro con café, con mucho café. Muchas cosas cambiarán este 2019, quizás pruebe la quinoa o el gin-tonic de fresa, tal vez visite a un psicólogo o haga parapente, pero el café es ese punto de referencia que me acompaña los más de trescientos días que aún nos trae cada año.

Antes de despertar ya voy soñando al duermevela de una taza bien caliente. Como Léolo “la vuelta del campo de los sueños es brutal al entrar en el país de lo cotidiano”.

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Navidades en pijama

Estas navidades las pasaré viendo series y películas viejas en pijama. Acompañada por mi prima querida, mi hermana y mis padres, que la marginación ha de ser dosificada, no nos vaya a envenenar.

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La culpa para quien la trabaja

Tengo departamentalizados el cerebro y el corazón, las lecturas, el armario y las amistades, el tiempo lo tengo desmembrado en inconexas odiseas cotidianas.

El presente es una cajita llena de planes, proyectos futuros, reales e imaginarios. De repente nada gira, se quiebra la línea del tiempo. La enfermedad y el sueño paralizan el sentido, todo pende de un hilo sin dirección.

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Capitalismo y mediocridad

Los nombradores y analistas de la actualidad estudian, desde hace milenios, los índices de apatía general, el grado de variabilidad del desencuentro. Tipifican conductas sociales visibles y después les encasquetan el halo de unos juicios de valor.

Las instituciones, por su lado, teorizan sobre su propia desintegración, se hacen transparentes, para no hacer ruido, y participativas, por la redención.

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Las guerras de identidad y otros asuntos de 'millenial'

Ana veía restos de la guerra civil española donde otros sólo vemos una calle, un parque, una tienda, un pedazo de ciudad.

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Bauman y los parias de la modernidad

Escribía Bauman que “nuestro planeta está lleno”, lleno de tierras inhabitables, de vertederos y campos de refugiados, de burocracias tecnológicas y otras formas de administración del abandono (2005). Cada vez hay mayores zonas despobladas, geografías inhabitadas abandonadas a la suerte del desarrollo tecnológico, vidas desperdiciadas en los márgenes de la indignidad. El planeta no está lleno de gente, sino de injusticia, de desechos y exclusión.

Bauman fue un sociólogo entrañable, una paradoja andante y pensante de la modernidad. De origen polaco y familia judía, en 1939 escapó a la URSS huyendo de la persecución nazi y en 1968 a Inglaterra perseguido por el antisemitismo comunista: fue un sujeto del exilio, víctima del fascismo de todos los colores y una mente de una extraordinaria sensibilidad.

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¿Los abusones dirigen el mundo?

De pequeña mi madre nos confeccionaba vestidos llenos de floripondios y colorinchis, nos ponía lacitos en el pelo, trenzas, coletas, zapatitos de charol. Hasta que llegué a la edad del pavo suplicando por ropa más moderna, más como las demás, como “Al salir de clase”. No más vestiditos, no más ir igual que mi hermana, no más ser una panoli.

A los doce años empezó esa absurda e inevitable obsesión por la aceptación social, por la afirmación de mi identidad a través de la ropa, de la exterioridad.

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Las ciudades intangibles

­­­Las ciudades se repiten unas dentro de otras, ciudades clónicas que se asemejan y distancian en cada trazado de sus calles, en los submundos que las conjugan. Cada vez que mudo de ciudad encuentro los mismos universos paralelos que viven, o lo intentan, a pocas paradas de metro, a miles de kilómetros de distancia. 

No sólo las franquicias, espacios co-working, gastrobares, hoteles y tatuajes son exactamente iguales en las ciudades informacionales (Castells, 1995), también la desigualdad que las gobierna. 

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Fe de erratas: sobre precariado y tele marketing

La equivocación es una constante. El error es la base del conocimiento, a base de enmendar errores se llega a la solución. Así nos funciona el pensamiento, por los accidentes.

Al leer varios de los artículos ya publicados, habiendo corrido el tiempo y la experiencia, discrepo conmigo misma. Como cuando hablé de los captadores de ONG´s que me perseguían por las calles, jóvenes e inexpertos, día a día, solidariamente infatigables. Ellos son, en realidad, el último eslabón del departamento de marketing y comunicación de empresas y ONG´s. Ellos bastante tienen con ese engendro de trabajo que consiste en importunar.

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