La realidad golpea a Rajoy en Andalucía
Como cierto votante de Huelva, el PSOE descubrió sorprendido que no estaba muerto. Y el PP comprobó que su triunfalismo, que por ejemplo hizo que Arenas se negara a participar en un debate, perdía de vista el impacto de las medidas aprobadas en tres meses por el Gobierno de Rajoy. Tres décadas de poder ininterrumpido, la corrupción como estación final del clientelismo en la que no faltaba ni la cocaína, un paro desbocado, un candidato como Griñán enfrentado a buena parte del aparato del partido en Andalucía... nada de eso fue suficiente para que se produjera el vuelco.
La explicación de la victoria insuficiente por las limitaciones de Arenas como candidato no parece convincente. Ese mismo Arenas obtuvo 162.947 votos más en las elecciones autonómicas de 2008. La diferencia es mayor con respecto a las elecciones generales de 2011 (400.000), pero en España tenemos muchos casos de resultados muy diferentes entre comicios nacionales y autonómicos.
Frente a la opinión generalizada de que el votante del PSOE podía quedarse en casa, fue el del PP en ciertas zonas el que tomó esa decisión. La idea de que los votantes de Rajoy han entregado al presidente del Gobierno un cheque en blanco para las difíciles decisiones económicas que esperan ha quedado borrada de un plumazo.
Y encima en Bruselas están esperando con el cuchillo entre los dientes.
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Ayer cambió la hora pero también el tiempo de la legislatura. El domingo por la noche también terminó la necesidad de disimular: la mayoría absolutísima del PP ya no estará limitada por el calendario electoral. Lo vamos a notar. Sin embargo, el fracaso de Arenas obligará a Rajoy a modificar parte de su estrategia. Pensaba evitar desgaste político a sus presidente autonómicos pactando entre todas las comunidades un durísimo programa de recortes que ahora será más difícil de explicar. Si el PSOE e IU son capaces de demostrar en Andalucía que se pueden cuadrar las cuentas públicas con otras recetas, sin desmontar el Estado del bienestar, el PP tendrá más difícil de argumentar que su salida a la crisis es la única que hay.
Rajoy debería hacérselo mirar. Su poder sigue siendo el mayor que ha tenido nunca ningún político en España, pero la resistencia de los ciudadanos, como la de las materiales es siempre limitada. El viernes responderá a la huelga general con los presupuestos más duros de la historia y está por ver que haya entendido el mensaje. Dentro de un año le esperan las urnas en Galicia. En Andalucía es el triunfo de lo malo conocido, porque lo bueno por conocer asoma en el Gobierno central y no gusta. Incluso, asusta.
Dícese de “hacer un Papandreu” cuando un candidato llega al poder gracias al desgaste que ha sufrido el partido en el Gobierno merced a la crisis económica… Y al poco tiempo ha de abandonar el poder, destrozado por la crisis. Pues bien, eso es, más o menos, lo que vino a hacer el domingo 25 de marzo Javier Arenas, candidato del PP, por cuarta ocasión, en las elecciones Autonómicas andaluzas. Con el mérito añadido de que Arenas ni siquiera ha llegado a gobernar.
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