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Sobre este blog

El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano, Concha López y Lucía Arana (RRSS).

Dar un paso adelante en defensa de los animales

Animales encerrados para servir de entretenimiento

Javier Morales Ortiz

Hace algo más de un par de años publiqué en este mismo Caballo un artículo titulado El día que dejé de comer animales en el que anunciaba mi decisión de hacerme vegetariano y explicaba mis razones. Aunque era una decisión sedimentada desde hacía tiempo, el punto de partida fue la lectura de un libro, Comer animales, de Jonathan Safran Foer.

Ahora soy vegano y, si echo la vista atrás, creo que una de las decisiones más importantes que he tomado a lo largo de mi vida y de la que más orgulloso me siento es precisamente la de haber dejado de comer animales. Hoy lo veo como un paso inevitable para alguien que siempre ha sido sensible a las injusticias y el único 'pero' que me surge es por qué diablos no lo hice antes. Si uno puede vivir sin hacer daño a los demás, ¿por qué hacérselo?

Mi experiencia la he contado en un libro, El día que dejé de comer animales, pensado para la gente que aún no se ha atrevido a dar el paso y en el que traté de indagar en el tema y de armarme de argumentos a partir de entrevistas con filósofos, médicos, expertos en medioambiente o activistas, entre otras Ruth Toledano, fundadora de este Caballo, cuyo trote nos ha enseñado a mirar de otra manera a los animales y a quien siempre le estaré agradecido.

Cada vez somos más quienes pensamos que la cuestión de los animales, de su sufrimiento, es un asunto ético que nos interpela como especie, que nos cuestiona y nos condena por la manera en que los tratamos. La ética, pues, está detrás de la decisión de mantener el statu quo, de mirar o no hacia otro lado, de enfrentarnos a un “holocausto” que se lleva por delante cada año billones de vidas en todo el mundo. La búsqueda de argumentos éticos me llevó a hablar con Óscar Horta cuando estaba escribiendo mi libro. Profesor de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Santiago, activista, publica ahora un libro imprescindible para saber de qué hablamos cuando hablamos del sufrimiento que los humanos causamos a otros animales. Y de cómo evitarlo. Se titula Un paso adelante en defensa de los animales y lo ha edita Plaza y Valdés, un pequeño sello mexicano que desde su desembarco en España hace algunos años se ha convertido en un referente del ensayo alternativo.

El punto de partida de Un paso adelante en defensa de los animales es el antiespecismo, una corriente de la que Horta es quizás su máximo referente intelectual en España y que desmonta la idea de que los humanos tengamos más derechos que el resto de animales por el mero hecho de ser humanos. El antiespecismo deja al descubierto un sistema de explotación hacia nuestros semejantes que ha alcanzado su expresión más perturbadora con la ganadería industrial, pero que abarca todos los ámbitos, no solo el alimentario: la medicina, la cosmética, la moda o el ocio, entre otros.

 En un tono didáctico y divulgativo, Óscar Horta se sitúa en la posición de un lector que se hace preguntas en torno al especismo y el maltrato animal, pero que aún no ha encontrado respuestas. ¿Por qué dejar de comer animales? ¿Por qué los circos son una condena inaceptable para los animales? ¿Las abejas son también animales? ¿Es saludable alimentarse solo con productos vegetales? ¿Qué es el veganismo? Creo que cualquier pregunta o duda que pueda plantearse el lector respecto al sufrimiento animal y sus variables la ha recogido minuciosamente Horta y, lo mejor de todo, la ha respondido con argumentos sólidos, siempre desde esa perspectiva antiespecista de la que hablaba.

Se trata de un libro que trata de abrir los ojos al lector, un ensayo consciente de que el especismo está tan arraigado en nuestra cultura que difícilmente podremos desprendernos de él de la noche a la mañana. Por eso recomienda al lector que se tome su tiempo, que se vaya fijando objetivos asumibles para él. Aunque la idea es reducir al máximo el daño que les causamos a los animales, cualquier paso en ese sentido será positivo.

Horta dedica también un apartado al conflicto entre el ecologismo y el antiespecismo. Por sintetizar, explica Horta, el ecologismo no defiende a los animales en concreto, como individuos que sufren, sino como parte de un colectivo, como habitantes de un ecosistema. Una visión que choca irremediablemente con el antiespecismo. Un ejemplo de este conflicto sería, por ejemplo, la distinta postura entre los ecologistas y los antiespecistas a la hora de solucionar la presencia masiva en determinados ecosistemas de especies “invasoras”.

Ahora bien ( y este es para mí el único punto discutible del libro), creo que el empeño de Horta de marcar las diferencias entre el antiespecismo y el ecologismo, que comparto en gran parte, no debería ser obstáculo para buscar puntos de encuentro, una convergencia. Es cierto que la mayor parte del ecologismo se ha quedado atrás. Que yo sepa (puede que me equivoque), de las principales ONG ambientales (Greenpeace, Ecologistas en Acción, SEO-Birdlife, WWF y Amigos de la Tierra) de España ninguna tiene entre sus líneas de trabajo el antiespecismo.  Más bien todo lo contrario. Y en eso lleva toda la razón Horta. El ecologismo, o buena parte de este movimiento al menos, debería hacer una reflexión muy seria en este sentido y replantearse una visión anclada en la preponderancia de los ecosistemas sobre los individuos. Pero al mismo tiempo,  no siempre quienes se declaran antiespecistas son congruentes con el bienestar de los animales a escala global, pues no tienen en cuenta los daños que los humanos estamos causando en el medioambiente y que, en todo caso, nos rebotarán como un bumerán. Desalojar los productos animales de nuestra alimentación es sin duda un paso importante para luchar por los derechos de los animales, para evitar su sufrimiento, y de paso beneficiará también al medioambiente. Pero si comemos frutas y verduras envasadas o traídas de países lejanos, por ejemplo, si abusamos del coche o del avión en nuestra vida cotidiana,  estaremos haciendo un flaco favor a los animales. La quema de combustibles fósiles para el transporte o para producir plástico está detrás de los gases de efecto invernadero que han modificado ya el clima en la Tierra y que está matando a millones de animales. Por supuesto, no digo que Horta no tenga en cuenta estos factores, pero desde mi punto de vista además de marcar las diferencias con el ecologismo necesitamos tender puentes, necesitamos de una respuesta global que garantice una vida digna y sostenible para todos los habitantes del planeta, humanos y no humanos, sin supremacías de ningún tipo. Para lograrla, será necesaria la confluencia de todos los movimientos de liberación, entre otros el feminismo o el ecologismo. El debate, en todo caso, está abierto y Un paso adelante en defensa de los animales nos proporciona argumentos sólidos y contundentes a quienes pensamos que otro mundo es posible, también respecto a los animales, incluidos los humanos.

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El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano, Concha López y Lucía Arana (RRSS).

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