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Día 22 de la expedición al Humbroq Peak. “Las condiciones meteorológicas siguen sin acompañarnos”

GMAM

Por Subteniente Adriano Martín Cófreces

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Desde ayer por la tarde nos acompaña una lluvia caliente permanente unido a la ISO 0 a 6.000 metros. Por la noche cesa la llovizna, pero las temperaturas elevadas incluso aumentan, de tal forma que no han descendido de los 9 grados sobre 0 a más de 4.100 metros.

A pesar de ello seguimos dispuestos a intentar continuar la idea original por la ruta elegida y volvemos a entrar en el glaciar con la firme intención de seguir avanzando. Tenemos nuestro deposito de material en el punto más alto alcanzado del glaciar con todo lo necesario para establecer un campo de altura entre el caos de seracs. Necesitamos encontrar un lugar seguro para emplazarlo, que además nos permita no tener que cruzar todos los componentes de la expedición el glaciar y todas las jornadas. De no ser así, estamos comprando muchos boletos en este laberinto de hielo inestable. El glaciar cada día tiene más movimiento y da serias muestras de inestabilidad.

Con esa idea sale de noche el equipo de cuatro personas que va a trabajar hoy. Como todos los días, es necesario durante el ascenso cambiar y revisar uno a uno todos los anclajes recolocados en el descenso del día anterior debido a las malas condiciones -tornillos sueltos, flojos, agua corriendo por ellos- lo que nos supone un avance mucho más lento. Las cuerdas fijadas están mucho más tensas que de costumbre, lo que es un aviso de que la madre naturaleza sigue su curso y el movimiento es patente.

Completamos la llegada a la última parte equipada. Se trata de una travesía sobre un serac colgante que finaliza con un espectacular paso a caballo sobre el hielo vivo. Una rápida evaluación indica que todo está en peores condiciones que hace dos días. Las grietas han aumentado su tamaño de manera considerable y el “estrecho” serac sobre el que obliga a franquear la ruta hoy ruge más de la cuenta. Cuesta imaginarlo si no se está sobre este fracturado glaciar, por mucho que te lo cuenten o veas increíbles fotos, pero el movimiento es palpable. En uno de esos crujidos, mientras se comienza a progresar desde el depósito, el desplazamiento se nota de tal manera que incluso la tienda de campaña se mueve y los pies vibran.

La decisión de continuar o retroceder y buscar otro itinerario es difícil de tomar, pero la filosofía y objetivo principal marcado por el GMAM para la expedición no es otro que volver todos sanos a casa, aún por encima de la cima. Las montañas siguen ahí, pero la vida humana es efímera y única. Decisión difícil, pero necesaria. Las condiciones han empeorado de manera considerable y se considera que no es responsable seguir por esta ruta. Se antoja excesivamente arriesgado y expuesto este caótico y peligroso glaciar. Definitivamente, nos vemos incapaces de asumir tanto riesgo para cruzar el laberíntico glaciar.

Tras una breve llamada por radio con el grupo que viene de camino al Campo Base Avanzado, y confirmando el cambio de plan, se desmonta el depósito. Los cuatro miembros que allí están descienden entre crujidos y algún desprendimiento sin consecuencias lo más rápido posible con todo el material que son capaces de bajar, volviendo a reubicar y asegurar los fraccionamientos por enésima y última vez.

Una vez todos los miembros de la expedición están reunidos en el Campo Base, tras descargar las abultadas mochilas, parecidas a pesadas cargas de acémilas, se “convoca” una reunión de todo el grupo para asimilar la decisión y volver a comenzar de cero. Es momento de empezar a valorar otras alternativas.

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