Gourette, esquí con carácter en el corazón del Béarn
Enclavada en el circo de Gourette, rodeada de cumbres que superan los 2.500 metros, la estación de Gourette tiene algo que se percibe desde el primer remonte: relieve real. No es una meseta domesticada. El dominio arranca en torno a los 1.350 metros y se estira hasta los 2.450 metros, sumando cerca de 1.100 metros de desnivel. En el Pirineo occidental, eso ya marca la diferencia.
Pistas más serias de lo que aparentan
Sobre el papel hay 39 pistas repartidas en cuatro sectores. En la práctica, lo que importa no es el número sino el carácter.
Las azules sorprenden. No son autopistas planas para dejar correr los esquís sin pensar. Tienen cambios de pendiente, tramos que exigen colocación y orientaciones que conservan nieve dura cuando las temperaturas bajan. Aquí, incluso en las azules, hay que conducir. Eso se agradece. En muchas estaciones familiares, las azules son simples pasillos. En Gourette, si esquías relajado pero sin atención, te lo recuerdan rápido.
Por otro lado, las rojas mantienen esa misma lógica. Por ejemplo, bajando la pista Glacier te das cuenta que el nombre no es casual. Estaba helada, compacta, rápida. No incómoda, sino exigente. Es de esas pistas que te obligan a apoyar bien el canto, a anticipar el giro y a trabajar el equilibrio. Si vienes buscando sensación de control técnico, la encuentras.
Un dominio compacto y coherente
La estación se organiza en sectores muy claros. El área de Bézou es el gran espacio de debutantes —uno de los más amplios del Pirineo—, ideal para familias y para quienes empiezan. Es una zona lógica, bien diseñada y amable.
Sin embargo, en cuanto te desplazas hacia Cotch y la parte alta, el terreno cambia. El nuevo telecabina de Cotch (10 plazas) y el telesilla Sarrière (6 plazas) han mejorado notablemente la fluidez. Accedes rápido a cota intermedia y, desde ahí, el esquí empieza a ponerse interesante de verdad.
La parte alta es, sin duda, lo más atractivo del dominio. Más desnivel, mejores vistas, pistas bien mantenidas y una sensación constante de estar en montaña abierta. Cuando la nieve está fría o rehelada, el esquí se vuelve serio y, sobre todo, en las pistas negras. Por cierto, tiene unas cuantas, y aquí no hay maquillaje.
A mi, personalmente, lo que me gusta es la coherencia del conjunto. No hay enlaces absurdos ni desplazamientos eternos. Todo está relativamente cerca. Es una estación “a pie de pistas”: el pueblo, los remontes, los servicios. Todo eso se traduce en tiempo real de esquí. En una jornada normal, sin ir a fuego, hemos acumulado en torno a 15 kilómetros reales de bajada. No es un dominio para hacer 40 kilómetros de marcador, es un dominio para hacer 15 buenos kilómetros, bien esquiados, con sensación de trabajo técnico en las piernas.
Una estación familiar, pero no blanda
Gourette tiene etiqueta de estación familiar... ¡Y lo es! Pero eso no significa que sea plana o aburrida. Es familiar porque es manejable, compacta y segura, no porque sea suave.
Me parece perfecta para venir con niños que ya esquían o están aprendiendo en serio. Ofrece un espacio amplio en Bézou, con progresión natural hacia pistas más interesantes y remontes accesibles. Y los adultos no se aburren. Aquí puedes venir en familia y, al mismo tiempo, encontrar pistas que te exijan.
Servicios que acompañan la experiencia
La oferta de servicios está bien equilibrada. Restaurantes y cafés a pie de pista, terrazas con vistas y una sensación de estación viva, pero no saturada.
Destaco especialmente Le Cairn, situado en altura. Buen lugar para parar, con cocina trabajada y una terraza panorámica que permite descansar sin perder el contacto visual con la montaña.
En cuanto al alojamiento, nos hemos quedado en el Hôtel L'Amoulat, a apenas 300 metros de las pistas. Chalet clásico inaugurado en 1935, ambiente familiar y trato cercano. Su encargada es una persona que te hace la estancia más fácil. Pero lo que realmente suma es la cocina: producto fresco, recetas bien ejecutadas y platos que van más allá de la oferta estándar de estación de esquí. Se nota cuando hay intención detrás de los fogones. Lo que tengo claro es que dormir bien y cenar mejor cambia la percepción de un viaje.
Más allá del tamaño
Gourette no es la estación más grande del Pirineo. Tampoco pretende serlo. Pero tiene desnivel real, relieve, orientación fría y pistas con carácter. Tiene una modernización bien medida, sin perder identidad, y algo que valoro mucho: coherencia.
Es una estación que no necesita artificios. No vive del marketing del “macrodominio”. Vive del esquí.
Cuando terminas la jornada con las piernas trabajadas y la sensación de haber tenido que esquiar de verdad —incluso en azul— sabes que no has pasado por una estación más. Has estado en una montaña que te ha exigido. Y eso, hoy, no es tan habitual.
En definitiva, una estación muy recomendable para ir con familia o con amigos y poder disfrutar del esquí sin concesiones. No es grande, pero si bonita, agradable y técnica.
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