Ni senderistas ni turistas: solo los espeleólogos pueden acceder a la joya natural donde nace el río Mundo
Es uno de los regalos de la naturaleza más impresionantes de Castilla-La Mancha y de toda España. En el término municipal de la localidad albaceteña de Riópar, se encuentra el denominado Hueco de los Chorros, un anfiteatro rocoso y escarpado donde nace el río Mundo.
Ubicado en el Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, en la Sierra del Segura, es famoso por su enorme cascada de más de 80 metros de altura, que surge directamente de una cueva, y que cuando se desborda por las lluvias y el deshielo, provoca el “reventón”, un espectáculo único de agua en estado puro.
Desde el pasado 1 de junio, este espacio permanece cerrado de forma temporal debido al estado de la vía principal, ya que es “altamente peligroso e inestable”, según la delegada provincial de Desarrollo Sostenible, Llanos Valero.
El Instituto Geológico y Minero Nacional ha elaborado un informe en el que se reflejan estos hechos y actualmente el foco está puesto en acometer las obras de arreglo de la vía.
No obstante, la Administración autonómica ha decidido dar luz verde a una reapertura parcial en la zona específica del Hueco. Será para espeleología “controlada” en la Cueva de los Chorros. Se trata de una gran cavidad kárstica, de unos 15 metros de ancho y 25 de alto. La cueva cuenta con casi 50 kilómetros de galerías exploradas, una de las más largas de la mitad sur peninsular.
La resolución de la Consejería de Desarrollo Sostenible precisa que la actividad de espeleología en la Cueva está regulada actualmente bajo un régimen de reapertura parcial y controlada, mediante una orden de 2010 para controlar las actividades deportivas de aventura dentro del Parque Natural, modificada en 2017.
Requisitos para exploradores
La reapertura para exploradores requiere, conforme a esta norma, de una autorización administrativa expresa antes de realizar la actividad espeleológica. De hecho, estos permisos pueden incluir condiciones específicas de seguridad, acceso y permanencia que pueden variar según el estado de las obras de conservación en el entorno.
También establece un límite estricto de tres grupos diarios, con un máximo de ocho componentes por grupo. Los espeleólogos deben respetar toda la señalización, balizamientos y cierres existentes, deben seguir las instrucciones de los agentes medioambientales, personal del Parque Natural y servicios de emergencia. Y además, está prohibido salirse de los itinerarios o zonas autorizadas.
El incumplimiento de estas normas puede acarrear responsabilidades “administrativas, civiles o penales”, indican desde la Delegación provincial de Desarrollo Sostenible.
Para evitar estas sanciones, los participantes autorizados en actividades de espeleología tienen la obligación de respetar en todo momento la señalización, los cierres y balizamientos, además de atender las instrucciones de los agentes medioambientales y el personal del Parque.
Permiso para los servicios de emergencia y contra incendios
Pero además de los espeleólogos, también el personal de la Consejería de Desarrollo Sostenible, agentes medioambientales, Fuerzas de Seguridad, servicios de emergencia (como el Plan Infocam contra incendios) y personal autorizado para labores de mantenimiento y vigilancia mantienen la posibilidad de acceso general a las zonas restringidas.
La Consejería incide en que, para el público general, el acceso para senderismo o usos recreativos sigue estando “completamente prohibido” hasta que finalicen las labores de conservación y se garantice la seguridad del entorno. Por eso la regulación actual busca garantizar el equilibrio entre el “uso público especializado” y la seguridad de las personas, mientras se terminan de asegurar las zonas con riesgo de desprendimientos rocosos en el Hueco de los Chorros.
El cierre inicial del entorno vino motivado por la necesidad de ejecutar diversas actuaciones de conservación, mantenimiento y mejora de las infraestructuras de uso público. Concretamente, las labores se centran ahora en la estabilización de elementos rocosos. Se detectaron riesgos para la seguridad de las personas debido a la inestabilidad de bloques rocosos de gran tamaño.
También se acometen trabajos de protección del camino de emergencias, por la posible afectación de desprendimientos, Esta infraestructura es esencial, ya que garantiza la operatividad para la evacuación y el acceso de vehículos de emergencia. El cierre también permite abordar problemas que afectan directamente a las infraestructuras destinadas a la seguridad y salida rápida del recinto en caso de incidente.
Actualmente, aunque se ha permitido la reapertura parcial para la espeleología tras finalizar las actuaciones de mayor riesgo inmediato, el cierre general persiste para asegurar que se completen todas estas labores de conservación y se verifiquen las condiciones óptimas de seguridad.
Curiosamente, el cierre ha coincidido con la temporada baja de visitas a este paraje. Así lo indica Daniel García Alarcón, el alcalde de Riópar, en cuyo término municipal se ubica el acceso. “Algo se ha notado desde que se cerró a principios de junio, pero muy poco, porque aquí la mayor afluencia de gente viene sobre todo desde febrero hasta Semana Santa, cuando se produce el reventón”, explica.
Comenta que por esta época, desciende el volumen de turistas y senderistas, ya que muchos de los viajes coinciden con las vacaciones de verano y hay más gente que acude a la playa.
“Hay incluso bares del pueblo que cierran en estos meses de junio y julio, porque viene menos gente, pero aun así, sí que hemos notado algo. Muy poco, pero algo. De cualquier forma, las obras hay que hacerlas y avanzan muy rápidamente, por lo que puede ser que a finales de julio estén terminadas”, precisa.
Aunque los espeleólogos son habituales en este paraje, los Chorros no solo destacan des el punto de vista geológico. Es el enclave con mayor valor biológico de unos de los espacios protegidos más biodiversos de España y, por tanto, de Europa. Se concentra el mayor número de especies de flora protegidas del Parque Natural, y uno de los restos mejor conservados de bosque de tipo atlántico del sur de la península ibérica, que ha perdurado aquí desde las últimas glaciaciones.
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