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“Necesaria” o “superficial”: primeras impresiones de la norma que estrena Toledo en 2026 para regular el turismo

Plaza de Zocodover en Toledo

Javier Muñoz de la Torre Granados

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La plaza de Zocodover, uno de los puntos más concurridos por residentes y visitantes del Casco Histórico de Toledo, ha estrenado el 2026 con un ligero cambio: han desaparecido los hasta entonces habituales paraguas naranjas. No es por falta de lluvia: eran los elementos que usaban algunos guías de turismo para llamar la atención de los turistas y captarles para realizar una ruta por las calles de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Sin embargo, con el cambio de año, los paraguas han desaparecido por imperativo del Ayuntamiento de Toledo. Y es que el 1 de enero entré en vigor una ordenanza municipal que tiene como objetivo “regular la actividad turística, garantizando la protección y conservación del patrimonio cultural, el desarrollo sostenible del turismo y la armonización de esta actividad con la vida cotidiana de los residentes”, tal y como reza su texto. Los paraguas, como elementos llamativos para promocionar la actividad turística en la vía pública, han sido prohibidos por dicho motivo.

Claves de la nueva ordenanza de turismo de Toledo

La norma fue aprobada hace dos meses en el Pleno municipal del Ayuntamiento de Toledo con los votos favorables del PP y Vox (que gobiernan en coalición la ciudad) y las abstenciones del PSOE e IU-Podemos.

Las medidas que establece el texto establecen limitaciones en los flujos turísticos en la ciudad, sobre todo para los grupos conducidos por un guía profesional. Para ello, se limita la capacidad a 30 personas por grupo en lugares como la calle de Hombre de Palo, la Plaza del Consistorio y el Pasadizo de Balaguer (espacios situados en el Casco Histórico). También insta a los visitantes a evitar calles y plazas de alta afluencia en horas punta y a desplazarse en fila o en formación que minimice la ocupación de la vía. Además, la ordenanza prohíbe a los guías que se desplacen con un grupo que usen megáfonos o elementos llamativos como reclamos para captar clientes (como los mencionados paraguas).

Para ello, la norma prevé sanciones de hasta 3.000 euros en el caso de las infracciones muy graves y de hasta 750 euros en el caso de las leves.

“Necesidad” de conciliar la vida en el barrio con el turismo

José Manuel Velasco, concejal de Turismo y Vivienda en el Ayuntamiento de Toledo, justifica la necesidad de esta normativa: “Estaba claro que había diferentes cuestiones vinculadas al sector del turismo que, de una otra forma, afectaban a la vida diaria del Casco Histórico”. Y es que el concejal reconoce que esta actividad “está centrada solo en un área de la ciudad”, por lo que desde el Ayuntamiento vieron la “necesidad” de conciliarla con la vida en el barrio.

Defiende que para la redacción del texto ha hablado con “todo el mundo” y que supone “un primer paso”, pero avisa de que “las cosas no cambian de la noche a la mañana”. “Lo que pretendemos hacer en este primer mes es avisar de todo aquello que veamos que es un incumplimiento para efectivamente poner en marcha cuando corresponda el régimen sancionador correspondiente después”.

Por último, el concejal avanza que está trabajando en el desarrollo de diferentes itinerarios para el tránsito de grupos turísticos que sean diferentes a los habituales, para evitar la saturación de los mismos espacios. Algo que le gustaría que estuviera listo “antes del verano”.

Vecinos y comerciantes no han notado aún grandes cambios

Entre los vecinos y comerciantes del Casco Histórico, las opiniones son de momento prudentes. Coinciden en que por el momento no han notado por el momento una gran diferencia en cuanto al tránsito por las calles más turísticas, pero la opinión difiere cuando hablan sobre las expectativas que tienen puestas sobre esta normativa.

Víctor, vecino y comerciante del barrio, se daría por satisfecho con que se cumpliera “un 80%” de lo regulado. “Yo creo que hay que darle tiempo a la norma para ver cómo funciona y, en principio, mis expectativas son buenas”. Cree que las restricciones no deberían aplicarse “solamente” a determinadas calles, sino al Casco Histórico “en general”.

“Las normativas se hacen siempre con la mejor intención del mundo, y entiendo, y con la idea de ayudar al vecino”, opina. Sin embargo, se muestra suspicaz porque “el ser humano se especializa en encontrar la manera de vulnerar las normas”. Por eso, considera que “la clave” para que esta medida sea efectiva está en “la voluntad de la corporación de que la ordenanza se cumpla”.

Carmen es otra vecina del Casco Histórico de Toledo. Para ella, la norma es “un punto de partida” que era “muy necesario”. Sin embargo, quiere ver cómo funciona a largo plazo. “Que en la calle Hombre de palo solamente puedan transitar grupos de 30 personas es muy positivo”, pero muestra su preocupación porque en los extremos de esta estrecha vía toledana se apelotonen los diferentes grupos, esperando su turno.

“Lo que sí que es muy necesario también”, añade Carmen, “es revisar verdaderamente que todos los alojamientos turísticos estén verdaderamente registrados como tales. Porque a mí me da la sensación, pero esto es una sensación particular, como que hay mucho más de un 12% de viviendas ahora mismo en el Casco destinadas a alojamiento turístico”.

También es vecina de este barrio Natacha, que asegura no haber notado “grandes diferencias” entre antes y después del 1 de enero. “Sí que es verdad que he tenido la curiosidad de contar a algún grupo de turistas y no he contado a ninguno de más de 30 personas”.

Ella opina que “habrá que darle un tiempo prudencial” para comprobar el calado, pero pide al Ayuntamiento que “no se pare”. “Vamos a ver si se puede hacer alguna cosa más para conciliar la vida del turista que viene y de los que ya estamos aquí y queremos seguir estando aquí en el casco histórico”.

“Lamentablemente, vivimos en una ciudad turística. Y digo lamentable porque me interesaría que hubiera otras fuentes de economía en esta, no solamente vivir del turismo”, concluye Natacha.

Que Toledo no se convierta en un “decorado”

Más crítica es la antropóloga toledana Isabel Ralero, que también reside en el Casco Histórico. Ella considera que las problemáticas del turismo “se están abordando desde una estética o una superficialidad que no va a ningún sitio”.

Para ella, la clave para tener una buena calidad de vida en el Casco Histórico está en tener “una buena política de vivienda y limitar en serio la proliferación de los pisos turísticos”.

“Los vecinos y las vecinas van perdiendo sus casas, porque ya cada vez es más difícil encontrar un alquiler aquí, porque se prefiere optar por el alojamiento de uso turístico, antes del alquiler”.

Ralero, que en 2020 publicó un libro en el que reflexionaba sobre qué tipo de turismo se debía reactivar en Toledo tras la pandemia, también demanda que se apueste “por el turismo de calidad”, entendiendo como tal aquel que resulte para el visitante “una interacción cultural interesante”.

“Que la gente que venga quede con una idea acertada de lo que es la ciudad”, añade, porque, para ella, el turismo no es solamente “pasear por Toledo”.

Por ello, ella reclama conectar los impactos del turismo los problemas que sufre el comercio de proximidad y con “limitar seriamente” las viviendas de uso turístico.

“No podemos tener un decorado en el que no viva nadie”, concluye la antropóloga.

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