La supervivencia de la tórtola europea: en busca de “consenso” científico, político y cinegético

Tórtola europea

Ciudad Real acogerá en otoño una reunión internacional de trabajo (si la pandemia no lo impide) cuyo objetivo es frenar el declive de la tórtola que a nivel europeo alcanza ya un 78% en el descenso poblacional, un porcentaje que en España llega al 37%.

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El Grupo de Investigación en Gestión de Recursos Cinegéticos y Fauna Silvestre del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) lidera este proceso dentro de un consorcio internacional que ya ha celebrado seminarios virtuales informativos y en el que se espera contar con un protocolo consensuado en la primavera de 2021 que tenga aplicación a largo plazo.

“A nivel internacional se está promoviendo una estrategia de adaptación cinegética y eso implica tomar decisiones de manera consensuada y basadas en modelos predictivos, incorporando tanto a científicos, representantes de las administraciones, ONG’s de conservación y del sector caza”, explica Beatriz Arroyo, investigadora principal.

Se trabaja de manera conjunta con el Centre for Conservation Science de la Royal Society for the Protection of Birds (RSPB) británica y utilizando los datos del programa de Seguimiento de Aves Comunes Reproductoras de España (SACRE) de SEO/Birdlife para analizar en detalle los cambios que se han producido en la abundancia de la tórtola europea en España a lo largo del periodo comprendido entre 1996 y 2018. También se ha desarrollado un modelo de favorabilidad ambiental basado en datos de presencia y ausencia de la especie en relación a variables topo-climáticas y de usos del suelo.

“El fin es elaborar un plan adaptativo de gestión de caza”, señala la bióloga, teniendo en cuenta el actual modelo demográfico de la tórtola. Se trata de fijar estrategias, primero de cara a la temporada de caza 2021-2022, y partir de ahí establecer objetivos a más largo plazo para frenar el descenso de las poblaciones de la especie.

Los primeros estudios en torno a la especie datan de los años 80 del siglo XX. Después, las investigaciones se han sucedido, aunque un tanto restringidas tanto en el tiempo como en el ámbito de análisis.

El estudio del IREC contempla ahora nuevos aspectos, en particular relacionados con cuestiones cinegéticas: el impacto de la caza, qué otros factores condicionan a esta especie además del cinegético, cómo lograr que se reproduzca mejor, el hábitat y el paisaje y su supervivencia… “Hemos intentado responder a preguntas que nos llegaban desde el ámbito internacional, incluidos los temas cinegéticos desde un punto de vista más general”, explica Arroyo.

Junto a ella trabaja la también bióloga Lara Moreno Zárate. Ambas investigadoras reconocen que el consenso para lograr el equilibrio y la supervivencia de la especie no será fácil, pero dicen mantener “la esperanza” en torno a un proyecto que califican de “novedoso y ambicioso” que puede convertirse en referente para otras especies con problemas parecidos.

“Los cazadores pueden aportar mucho para conservar la especie”

“En lo que todo el mundo está de acuerdo, incluidos los cazadores, es en que todos ganamos si se consigue. Los cazadores pueden aportar mucho y si funciona lo hará bien a la hora de conservar la especie, para mantener una actividad cinegética con arraigo además de demostrar, desde el punto de vista científico, que los cazadores pueden contribuir a la conservación de las especies”.

Además, añaden, se abriría la posibilidad de “seguir con este mismo debate en relación a otras especies” y cita en particular el caso de la perdiz, considerada especie vulnerable o la codorniz.

España es el país europeo de referencia como zona reproductora de la tórtola y, señalan las investigadoras, “la presión internacional” siempre ha planeado en torno a una especie que ha generado polémica relacionada con la caza.

“Tener herramientas para probar que se puede gestionar de forma científica y sostenible especies de este tipo será muy útil para todos”, señala Arroyo, tanto cuando se habla de sobreabundancia de especies (la polémica con el conejo ha sido frecuente y reiterada en los últimos años) como en el caso de aquellas que están en declive.

El declive de la tórtola se debe a múltiples factores

Pero la caza no es el único factor a tener en cuenta para evitar la pérdida de población de la tórtola europea. La estrategia es mucho más amplia y pasa por mejorar las condiciones de hábitat. “Se trata de promover la productividad de la especie integrando también al sector cinegético”.

“Un declive tan grande nos indica que se debe a una suma de factores”. Por ejemplo, detallan las investigadoras, hay estudios sobre el impacto de la agricultura en el Reino Unido. “Sabemos que aquí en España también cuenta, pero no se ha llegado a cuantificar si lo hace más o menos que otros factores”.

“En Reino Unido se atribuye a la agricultura intensiva. En España si hablamos de los usos del suelo parece más vinculado a los hábitats forestales porque la tórtola es un ave que necesita las zonas boscosas o arbóreas para criar. Eso puede indicar no tanto que haya agricultura intensiva, sino que se haya abandonado la gestión del bosque”, explica Lara Moreno.

“Los cambios en los usos forestales han sido negativos para la tórtola”, apunta Arroyo. Otros estudios indican que la supervivencia depende de las condiciones en África. “Ese es otro de los factores del declive”, explica la bióloga, como les ocurre a otras muchas especies migratorias.

La tórtola en Castilla-La Mancha

No hay datos sobre el declive de la especie en Castilla-La Mancha. “Es un buen lugar para su reproducción y también para la caza. Si el declive es mayor o menor ahora mismo no lo podemos responder”, dice Beatriz Arroyo.

Lo que sí se sabe es que el ave vive entre zonas que mezclan el bosque mediterráneo con el terreno agrario. “Está ampliamente distribuida en Castilla-La Mancha allí donde hay zonas arboladas y cereal”.

Como le ocurre a cualquier otra especie, y ante cambios en su hábitat, su capacidad de adaptación depende de la calidad del medio alternativo, señala Arroyo. “El hecho de que haya nidos en olivares supone una adaptación. También están en zonas de ribera con chopos. Todo dependerá si tiene para comer en un espacio relativamente cercano”, añade Moreno.

Las investigadoras también explican sobre esta especie que “no hay evidencias científicas de cambios en sus hábitos migratorios” y que uno de los factores limitantes para su supervivencia es la altitud, ya que no viven por encima de los 1.000 metros. 

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