Las mujeres del Raval que hacen deporte al aire libre y sin miradas ajenas: “Nos sentimos más libres”

Tres mujeres juegan a la pelota en la pista de Drassanes (a la izquierda de la imagen, Amina Laarif y, a la derecha, Minana Eladar)

Lúa Pena Dopazo


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La pista polideportiva de Drassanes, en el barrio del Raval de Barcelona, es en general un lugar tranquilo. Si la cancha está vacía, solo se escucha el ruido de las obras de los edificios cercanos y los graznidos de las gaviotas. Sin embargo, dos días a la semana este espacio al aire libre y con coloridas paredes se convierte en un lugar de juego y socialización para algunas vecinas del barrio. Ellas forman parte de un programa de deporte no mixto –solo para mujeres– pionero en la capital catalana.

La actividad nació en la Taula de la Dona del Raval y está coordinado por la Associació Esportiva Ciutat Vella (AECV) y el Centre Cívic Drassanes. “Se puso de manifiesto la necesidad de tener un espacio al aire libre en el que las mujeres del barrio pudieran hacer deporte con cierta privacidad”, explica Irene García, del centro cívico Drassanes.

Para mantener esa intimidad, las coordinadoras de la asociación deportiva extienden una lona sobre la valla que da a la calle, ya que justo al otro lado hay una parada de Bicing y la entrada principal de la escuela de idiomas. “No se trata de convertir la pista en un lugar secreto ni cerrado, se trata de convertirlo en un lugar de confianza para ellas”, explica Anna Alguero, de la AECV. 

Aisha Mahamsani, de 55 años, es una de las mujeres que asiste de manera frecuente a hacer deporte a esta pista. Cuenta que nació en Marruecos, pero que lleva 32 años en España y que de pequeña y cuando era joven practicaba mucho deporte. “Cuando vine aquí dejé de hacerlo, porque tenía que trabajar y ocuparme de otras cosas, pero sí que caminaba cuatro o cinco kilómetros al día”, añade. 

No obstante, no todas las mujeres que utilizan este espacio no mixto dejaron de hacer deporte al llegar a la edad adulta. “Antes íbamos al gimnasio, pero aquí nos sentimos más libres y cómodas”, cuentan Amina Laarif (70 años) y Minana Eladar (58 años). “Muchas de las que venimos aquí somos religiosas, así que no nos gusta mucho que nos vean mientras hacemos ejercicio”, afirma Eladar.

Faouzia Chati, presidenta de la Associació de Dones Marroquines a Catalunya, remarca que los gimnasios son caros y que en la pista las mujeres “sienten que su intimidad está protegida”. Aunque la mayoría de usuarias de este espacio no mixto del Raval son musulmanas, la pista está abierta para todas las mujeres del barrio. Anna Alguero, de la AECV, niega que las usuarias del espacio no tengan permiso para hacer deporte. “Lo que pasa es que no están acostumbradas a practicarlo en público”, remarca.

Cuando la iniciativa se puso en marcha, hace ya más de un año, “no se apuntó casi nadie”, reconoce García, del Centre Cívic Drassanes. Tuvieron que cambiar de estrategia: recurrieron a las diferentes asociaciones, casals y centros cívicos del barrio, donde muchas mujeres acuden a hacer actividades o a recibir o impartir clases de alguna lengua. Allí les explicaron en qué consistía el proyecto y las educadoras sociales de sus respectivos centros las acompañaron a visitar la pista de Drassanes y a conocer a las profesoras. Consiguieron que poco a poco se fueran uniendo más mujeres. 

“Queremos que sea un espacio multigeneracional y con muchos perfiles de mujeres diferentes”, sostiene Gemma Roca, de la AECV. Al espacio ya asisten mujeres de entre 25 años y 70 de muchos orígenes geográficos diferentes como Bangladesh, la India o Marruecos. La actividad se lleva a cabo por las mañanas para que las mujeres con hijos en edad escolar puedan asistir, pero las organizadoras están barajando también la posibilidad de crear un espacio para niños de manera que las mujeres con hijos pequeños, que no se pueden permitir llevarlos a una guardería, también puedan acudir. 

Mahamsani, Laarif y Eladar coinciden en su valoración positiva de esta actividad. “Me gusta venir aquí y también me parece algo muy bonito, porque bromeamos y conocemos a mujeres de otras nacionalidades; aunque el deporte no tiene nacionalidad, es de todos”, señala Mahamsani. Por su parte, Laarif, muy contenta, destaca que es “mucho mejor que estar en casa sin hacer nada”. Eladar estaría encantada si pudiese ir a hacer deporte a la pista incluso más días a la semana. Gemma Roca de la AECV destaca el carácter jovial que se respira en la pista cuando están las mujeres: “Ellas vienen a pasárselo bien, no son competitivas”. 

Por ahora, los juegos que han probado son juegos locales, como el escondite inglés que algunas de ellas ya han practicado con sus hijos, y han sido preparados e indicados por la dinamizadora, pero la idea es que ellas también propongan juegos y que les enseñen a las demás los que más les gustaban practicar cuando eran pequeñas. De esta manera, “ellas también se empoderan y van cogiendo confianza”, explica Alguero, quien también reconoce que cuando algunas vinieron por primera vez se mostraban muy tímidas y que no hablaban con nadie, pero que con el paso del tiempo se han ido soltando. 

Otra de las cosas a la que estas mujeres tuvieron que adaptarse fue a la vestimenta. “Muchas no venían con ropa y zapatillas de deporte, sino que traían zapatos de vestir”, afirma Roca. Como la actividad es gratuita para las participantes, desde la AECV y el Centre Cívic Drassanes se quejan de la falta de recursos económicos. “Nos está costando encontrar ayudas y subvenciones, así que por ahora el dinero lo están poniendo las propias entidades”, explica Alguero. 

A pesar de eso, las asociaciones están satisfechas ante la respuesta que ha tenido la actividad. “Al final, el boca a boca funciona y las mujeres están haciendo suya la pista”, sostiene la coordinadora del centro cívico, quien también precisa que todas las mujeres que asisten están en contacto con alguna de las entidades del barrio. García confirma que se trata de una iniciativa con “matrícula viva”, ya que algunas son más constantes que otras y no siempre pueden venir, mientras que otras vienen a veces acompañadas por alguna amiga o conocida. Cada vez son más.

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