Catalunya fracasa en la enseñanza de inglés y necesitaría más horas y auxiliares de conversación para alcanzar niveles europeos
La enseñanza del inglés fracasa desde hace años en Catalunya. A pesar de que los alumnos lo estudian en la escuela desde Primaria, al final de la ESO no alcanzan el nivel mínimo de media fijado por la Generalitat. Ante esta situación, la fundación Equitat.org (antes, Fundació Jaume Bofill) propone reforzar la materia con más horas a la semana –especialmente en Secundaria–, con auxiliares de conversación y extraescolares gratuitas dedicadas al aprendizaje de este idioma.
El informe de Equitat.org advierte de que es necesario cambiar la forma de enseñar inglés para alcanzar los estándares que establece el Marco Europeo Común de Referencia para las Lenguas. En concreto, plantean un mínimo de tres horas semanales de inglés a partir de 3º y 4º de Primaria (actualmente suelen ser dos), con al menos una hora en grupos reducidos en centros ordinarios y dos en los de alta complejidad. A partir de 5º y durante la ESO, la propuesta es un mínimo de cinco horas semanales (ahora suelen ser tres), repartidas en trabajo explícito de la lengua, y más tiempo para la práctica oral.
Estos cambios, señalan, deberían aplicarse primero en los centros de mayor complejidad. La organización asegura que este incremento se puede articular dentro del marco curricular vigente, utilizando las horas de gestión autónoma de los centros. En primaria, mediante reorganización interna, mientras que en la ESO sería necesario incorporar 926 docentes adicionales —667 en centros públicos y 259 en concertados— con un coste de unos 45 millones de euros anuales.
Si se empieza aplicando en centros de alta y máxima complejidad, el coste sería de unos ocho millones anuales; posteriormente, al extenderse a todos los institutos pero solo en dos cursos de la ESO, ascendería a 22,5 millones, y finalmente a 45 millones para toda la etapa.
El reto no es empezar antes
Las propuestas de Equitat.org parten de los resultados obtenidos en inglés por el alumnado catalán en las pruebas de competencias básicas. La organización apunta que desde hace más de 15 años los resultados oscilan entre el suspenso, con un 67,5 como nota más baja en 2012, y el aprobado justo, con un 74,7 como nota más alta en 2020 (el aprobado es por encima de 70). Además, casi la mitad del alumnado termina la ESO con un nivel bajo de competencia oral.
Según el análisis de la entidad, los resultados empeoran durante la Secundaria: el alumnado con bajo rendimiento casi se duplica, pasando del 14% en 6º de primaria al 25% en 4º de ESO. También aumentan las diferencias según la complejidad del centro.
En el informe, liderado por Elisabet Pladevall Ballester, se defiende que adelantar el aprendizaje a edades más tempranas y prolongarlo durante más años no comporta una mejora real si no se dan las condiciones adecuadas. El documento sostiene que un buen aprendizaje del inglés implica garantizar una enseñanza coherente con la etapa evolutiva del alumnado y asegurar un uso real del idioma cuando se está en condiciones de progresar, teniendo en cuenta que la exposición al inglés en Catalunya es limitada. Concluye que el reto no es empezar antes, sino “aprender mejor”.
El estudio define las etapas clave en el aprendizaje del idioma. La primera, antes de los 8-9 años, se basa en la familiarización. A partir de 3º y 4º de Primaria es cuando se debe introducir la enseñanza explícita del inglés, con un trabajo más sistemático de vocabulario, estructuras y uso funcional del idioma en grupos reducidos que permitan la práctica oral. Desde 5º de Primaria, se debe intensificar la enseñanza, manteniendo los grupos reducidos y dando un peso importante a la práctica oral y al uso activo de la lengua.
Por otro lado, constata que cerca de un tercio del alumnado realiza actividades extraescolares de inglés, mayoritariamente de oferta privada. Esto, apuntan, agranda la brecha entre los que obienen buenos resultados y los rezagados.
58 millones de euros anuales
Además del aumento de horas, el informe plantea siete medidas estructurales para abordar los principales problemas detectados. Su aplicación supondría una inversión de 58 millones de euros anuales, un 0,8% del presupuesto del Departamento de Educación. La entidad propone una implantación gradual, empezando por los centros de mayor complejidad. Entre las medidas, destaca rediseñar las pruebas de competencias básicas en inglés para alinearlas con el Marco Europeo y con el enfoque competencial de PISA.
También propone elaborar un documento de estándares que defina con claridad los objetivos al final de cada etapa: orientativamente A2 al final de Primaria, B1 al final de la ESO y B2 al final del bachillerato, junto con orientaciones metodológicas coherentes con la investigación.
La organización plantea recuperar las estancias formativas en el extranjero para el profesorado —con una inversión de 400.000 euros anuales para que al menos el 10% pueda acceder cada año— y reforzar la formación continua. Asimismo, propone crear un programa de mentoría con 40 mentores que acompañen a centros y docentes con visitas periódicas, con un coste de unos dos millones anuales.
También apuesta por ampliar los auxiliares de conversación: actualmente hay 145 y se debería llegar a 730, priorizando centros de alta complejidad, con presencia regular de entre una y dos horas semanales en grupos desdoblados a partir de 5º de primaria. Esta ampliación tendría un coste estimado de 5,6 millones de euros.
Por último, Fundación Bofill reclama impulsar un programa de actividades extraescolares en inglés para centros en entornos vulnerables, coordinado con ayuntamientos y planes educativos de entorno. Este programa estaría dirigido a 236 institutos y 456 escuelas de alta complejidad, ofreciendo actividades gratuitas o subvencionadas centradas en la comunicación oral y el uso activo del idioma, con un mínimo de tres meses de actividad por alumno y curso. El coste estimado es de seis millones de euros anuales.
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