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Por qué el conflicto educativo se enquista en Catalunya pese al pacto de Govern y sindicatos y qué pasará ahora

La manifestación del pasado martes en Barcelona donde los docentes pedían votar no al acuerdo entre sindicatos mayoritarios y Educación

Pau Rodríguez

Barcelona —
4 de junio de 2026 22:12 h

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El conflicto educativo en Catalunya parecía encauzado el pasado viernes, cuando la mayoría sindical y el Govern llegaron a un acuerdo in extremis para poner fin a las huelgas. Pero la crisis está lejos de cerrarse y se ha agravado este jueves, con la contundente negativa de la plantilla a avalar el acuerdo y la voluntad de finalizar el curso con más paros. 

El resultado de la consulta, organizada por tres de los sindicatos que han convocado las últimas huelgas, deja por ahora más incógnitas que certezas. La conselleria que capitanea Esther Niubó ha querido dejar claro que mantendrá las mejoras laborales y de plantillas pactadas, pero nada hace prever que vaya a reabrir las negociaciones de nuevo, menos aún con unos sindicatos que salen de más divididos de este asalto. 

Tras el no de la plantilla, las huelgas se mantendrán y se alargarán la semana que viene –todo apunta a que coincidiendo con la visita del Papa–, pero a partir de ahí se abren los interrogantes. ¿Cuáles son las reivindicaciones docentes que desbordan el pacto? ¿Quién las canalizará ahora y dónde? ¿Habrá movilizaciones el curso que viene?

Y otra pregunta que precede a las demás y que las condiciona: ¿cómo es posible que el profesorado catalán, en concreto más de 32.000 docentes (el 65% de los votantes del censo), hayan rechazado un acuerdo que sellaron la gran mayoría de los sindicatos? USTEC, Professors de Secundària, CCOO y UGT suman en la mesa sectorial de Educación 13 de los 15 asientos, por solo dos de la CGT, que se desmarcó del pacto

Más allá de los salarios y el poder de las asambleas

Tras el acuerdo de marzo de CCOO y UGT con el Govern, los demás sindicatos mayoritarios recoblaron el pulso con más huelgas, conscientes de la creciente frustración del colectivo frente a aulas en las que cada vez es más complicado dar clase. Los sindicatos huelguistas, con USTEC a la cabeza, aseguraron siempre que no se trataba solo de mejorar los salarios, sino también de aliviar la carga docente, especialmente la que tiene que ver con el modelo de escuela inclusiva. 

Y esto es lo que los docentes echan en cara al acuerdo, que no va al fondo de las carencias del sistema. La mejora progresiva de la retribución de hasta 600 euros al mes en 2029, la contratación hasta entonces de 6.400 dotaciones para atender al alumnado con dificultades, el pago de los sexenios adeudados, o el compromiso de revisar los currículums no ha sido suficiente para unos claustros que esperaban más. 

Una de las claves del revés ha sido la organización en asamblea de numerosos claustros. Lo que ha servido de motor para unas movilizaciones históricas ha supuesto también un menor control de la protesta por parte de los representantes de los trabajadores, que además han acabado tomando la decisión en una semana en la que las temperaturas han superado los 35 ºC en algunas aulas. 

En debates y protestas los últimos días, los docentes coincidían en que el refuerzo de plantillas no servirá para apuntalar definitivamente la inclusión del alumnado con discapacidad, y alertaban que las ratios se mantienen (en 20 en Primaria, 25 en Secundaria y 30 en Bachillerato). Las expectativas, señalan algunos docentes, eran las de un salto de escala en cuanto a recursos para la tarea docente, algo ha chocado una y otra vez con la realidad de una negociación de carácter laboral y dentro del marco presupuestario de la Generalitat.

Dónde quedan los sindicatos y cómo acaba el curso

La lucha de los docentes este curso, con movilizaciones sin precedentes, se ha dejado también por el camino la unidad sindical con la que comenzó. En negociaciones con altibajos con el Govern desde hace meses, y con la perspectiva de unas eleccions sindicales en 2027, las distintas centrales de trabajadores han ido separando sus estrategias. 

Primero fueron CCOO y UGT, que sellaron en marzo un pacto que el Govern tuvo que reabrir ante la presión docente. Las últimas huelgas, nuevamente multitudinarias, tuvieron detrás a los dos mayoritarios, USTEC y Professors de Secundària, y también a CGT e Intersindical. Pero ahora este bloque se ha visto resquebrajado: Professors de Secundària ha optado por firmar el pacto tras verlo ratificado por sus afiliados. 

Los tres restantes han retomado las conversaciones para convocar las próximas movilizaciones. De cara a la semana que viene dan por sentado que habrá paros laborales más de una jornada. Todo apunta a que sería coincidiendo con la visita del Papa a Barcelona el 9 y el 10 de junio, aunque en realidad lo más decisivo de esas fechas es que se lleva a cabo la Selectividad (del 9 al 11). Una huelga alteraría el transcurso de las pruebas, señalan fuentes sindicales, puesto que el profesorado que las supervisa es de Secundaria. Esto también se está valorando. Lo que se descarta por ahora es un paro indefinido.

Pero más allá del corto plazo, el curso acaba el 19 de junio y los sindicatos dan por sentado que no podrán lograr nada hasta entonces. USTEC, el más señalado tras ver cómo la plantilla tumbaba el preacuerdo que ha liderado, ha reconocido que antes de retomar el pulso con la Administración necesita saber cuáles son las prioridades de los maestros, que están hoy menos claras que ayer. 

Un proceso consultivo y de participación de claustros parece incompatible con una apertura de conversaciones antes del verano. Pero este no es el único escollo. El otro es la voluntad de Educación. Conscientes de que los sindicatos mayoritarios no han logrado amarrar el de la plantilla, y con unas mejoras laborales pactadas que aseguran que van a mantener, no tienen intención de abrir por tercera vez un pacto. A no ser que el conflicto se desborde a la vuelta del verano y amargue el final de la legislatura al Govern de Illa.

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