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Radiografía del malestar docente en Catalunya: más dificultades en el aula a pesar de la mayor inversión

El profesorado catalán encara su tercera oleada de huelgas este curso

Pau Rodríguez

Barcelona —
11 de mayo de 2026 22:29 h

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El Govern de Salvador Illa llegó al sistema educativo con la promesa de rebajar la tensión y recomponer la relación con un profesorado enfrentado a los anteriores ejecutivos de ERC. Pero un año y medio después, el conflicto se ha agravado: los docentes encadenan tres ciclos de huelgas en un solo curso. Los dos primeros fueron multitudinarios y el tercero, con paros convocados a lo largo de todo un mes, arranca este martes.

¿Qué alimenta este malestar docente? Algunas de sus reclamaciones son compartidas con profesorado del resto del estado, como la pérdida de poder adquisitivo o el aumento burocracia

Otras afloran con especial intensidad en Catalunya, como la falta de recursos suficientes –aunque hayan aumentado en los últimos ejercicios– para hacer frente a unas aulas cada vez más diversas: más alumnos con discapacidades, sin dominio del idioma, con problemas de aprendizaje o en situación de pobreza y exclusión social. Todo ello en medio de un descenso del nivel académico que ya pocos cuestionan

Además, la pugna sindical de los últimos meses, entre CCOO y UGT, que optaron por pactar mejoras con el Govern, y el resto, que mantienen las movilizaciones, ha avivado un conflicto que no ha hecho más que crecer en los últimos días con dos polémicas vinculadas a los Mossos d’Esquadra. Primero, con el cuestionado plan para desplegarlos en los institutos, y después, con la infiltración policial en una asamblea docente

Equiparar el salario al resto de comunidades

Los docentes catalanes están entre los que peor cobran de España. Con un salario entre 2.400 y 2.700 mensuales euros en función de la etapa, el informe anual de UGT les situaba en 2025 solo por delante de Aragón y Asturias



Las exigencias salariales han sido uno de los nudos que ha encallado la negociación con los sindicatos huelguistas, que exigen –sin entrar en cifras– recuperar el poder adquisitivo perdido en una de las comunidades donde el coste de la vida es más caro. 

Mientras tanto, el acuerdo sellado con UGT y CCOO ya conlleva un incremento del sueldo a través del complemento salarial autonómico, que estaba congelado desde 2001. Los docentes ya han cobrado la subida de 2026, de hasta 850 euros, y la previsión es aumentar hasta los 3.000 euros en 2029 (a lo que habrá que añadir el incremento pactado con los funcionarios a nivel estatal).

Para el Govern y los sindicatos del pacto, esto permitirá que Catalunya adelante en la escala salarial autonómica hasta la tercera posición. Pero los críticos apuntan que este cálculo obvia los incrementos que también se acordarán en las demás autonomías. 

Dar clase es cada vez más complicado

Una de las principales razones del hartazgo docente es que cada vez les resulta más complicado dar clase, puesto que en las aulas hay más alumnos con problemas de aprendizaje que nunca. “Cualquier docente confirma esta sensación de desborde”, advierte Cesc Ayora, profesor de Secundaria en el Instituto Castellar, de Castellar del Vallès. “Como hay alumnado más diverso, con más diagnósticos, hay más individualidades que atender, y por lo tanto mayor exigencia que hace años”, sostiene este docente. 

Los datos avalan esta percepción. El alumnado catalogado con Necesidades Específicas de Apoyo Educativo (NESE) se ha duplicado en los últimos cuatro años hasta alcanzar el 23,3% del total, casi uno de cada cuatro. De estos 326.000 alumnos, la mayoría tienen dificultades de carácter social, derivadas de la pobreza o la inmigración, y el 76% de ellos están en centros públicos.



Además, dentro de ese grupo de NESE, también el alumnado con discapacidad escolarizado en los centros ordinarios ha seguido al alza, de 29.000 a 38.000 en cuatro años, debido al compromiso con el modelo de educación inclusiva que se adoptó en Catalunya con el decreto de 2017. 

Con todo, cabe precisar que parte de esa complejidad, sobre todo la de carácter social y económico, ya estaba muy presente en las aulas. Lo que ha cambiado es que se ha mejorado la detección –los dictámenes y diagnósticos–, pero solo esto ya tiene consecuencias para el profesorado. 

“En una clase puedes tener ocho o diez de 25 con necesidades especiales”, arranc David Ll., docente de Primaria de la escuela pública Jacint Verdaguer de Barcelona. “Significa adaptar las clases, adaptar los deberes, hacer Planes Individualizados (PI) para los que lo requieren, hablar más con las familias, asumir que quizás los más avanzados se van a aburrir, activar protocolos de psicólogos cuando es necesario, coordinarte más con los compañerlos… Es muchísimo trabajo añadido”, resume. 

Esto, señalan las fuentes consultadas, explica también la denunciada “sobrecarga” de trabajo de carácter burocrático. Para paliarlo, el Govern ha anunciado un plan para reducir las tareas administrativas, que afectan especialmente a las direcciones y a los centros de barrios más vulnerables.

Más inversión, también en escuela inclusiva

La frustración que viven los docentes en sus centros contrasta sin embargo con el aumento de la inversión en educación en Catalunya. Si durante años los sindicatos lamentaban no haber recuperado el presupuesto anterior a los recortes de la crisis económica, ahora se ha superado con holgura. También en uno de los indicadores económicos clave: la inversión pública por alumno. 

Del 2020 al 2023, según los últimos datos disponibles por el Departamento de Educación, creció un 23%, de 6.440 euros por alumno del sistema escolar público al año, a 7.961. En los últimos ejercicios sigue al alza. 



“El presupuesto crece, pero no al ritmo que lo hace la complejidad”, sentencia Miquel Àngel Alegre, jefe de Proyectos de Equitat.org (antes Fundació Jaume Bofill). “La demanda aumenta más que los recursos. Por ejemplo, cada vez hay más aulas de acogida, es cierto, pero la ratio de alumnos recién llegados por cada una de estas aulas es peor que hace cinco años”, sentencia. Y algo parecido ocurre, añade, con la contratación de educadores o integradores sociales en los colegios. 

Esta mayor dotación de profesionales, que buena parte del profesorado ve insuficiente, se refleja también en el modelo de escuela inclusiva. Si se observan los educadores de las Unidades de Apoyo Intensivo en los centros (SIEI, por sus siglas en catalán), han saltado de 762 en 2020 a 1.234 en 2024. 

Las ratios, entre la promesa y la realidad

La de las ratios es una reivindicación habitual de todo el profesorado, también en Catalunya. En los últimos inicios de curso, o durante las preinscripciones, el Govern ha anunciado de forma recurrente reducciones del alumnado por aula. Lo ha hecho de nuevo con el pacto alcanzado con CCOO y UGT. Pero, ¿qué reflejan los datos? 



En Primaria y Secundaria, donde está el grueso del alumnado, se mantienen relativamente estables desde hace años. Donde sí han empezado a descender de forma considerable es en la etapa de Infantil. Esto significa que durante los próximos años esas ratios reducidas irán progresivamente alcanzando en todas las etapas. 

La bajada de ratios en Infantil tiene una explicación: el descenso de la natalidad. “En realidad, la política de reducción de alumnos por clase en esta etapa se cumple sola por el factor demográfico”, señala Miquel Àngel Alegre. En una década, en Infantil se ha pasado del pico de 22,7 escolares por aula a 18,8 actualmente.

Mientras tanto, el profesorado exige avanzarse al descenso demográfico y reducir ya las ratios en la ESO, donde todavía aumentan ligeramente. En comparación con las demás comunidades autónomas, Catalunya sigue estando entre las que lideran las aulas más abultadas. 



El descenso de resultados

Algunas de las tensiones existentes en los claustros, señalan las fuentes consultadas, no se explicarían tampoco sin la caída del nivel académico en los centros. Pruebas externas como PISA en 2022 alertaron del descenso, que se refleja también en las evaluaciones externas de Educación. 

Aunque los resultados oscilan significativamente año a año, en las competencias lingüísticas (catalán, castellano e inglés), que son históricamente las que mejor dominaban los escolares, la tendencia ha sido a la baja. Por otro lado, si el umbral de aprobado que fija Educación es de 70 sobre 100, otras materias siguen instaladas en el suspenso, como Matemáticas, o bordeándolo, como Ciencias o Inglés.



Con todo, Educación ha detectado una mejora en cursos recientes sobre todo de Matemáticas, que venía de tocar fondo. En este sentido, han ampliado sus programas de mejora de matemáticas y lengua a 450 y 500 centros, respectivamente, que contarán por ejemplo con clases de refuerzo gratuitas para alumnos vulnerables.

Las razones de descenso pueden ser diversas. Pero en lo que coinciden algunos docentes es en una bajada de la exigencia ya desde Primaria. “Con este nivel de complejidad en las aulas y la falta de recursos, con los alumnos que te llegan en la ESO sin dominar el idioma, es muy complicado conseguir cierto nivel competencias lingüísticas”, apunta Ayora. “La solución de supervivencia acaba siendo fijarte objetivos que pueda alcanzar todo el mundo, es decir, que hemos puesto un listón más bajo que el de hace unos años, sobre todo en lengua, que es lo que marca el resto de aprendizajes”, resume este profesor.

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