Familiares con hijos hospitalizados lejos de casa que no tienen donde dormir: “No puedes pagar 1.200 euros de otro piso”
Durante dos semanas, mientras su hija, Judith, permanecía en la UCI del Hospital Germans Trias i Pujol, de Badalona, Anna pasaba los días a su lado y las noches, en el coche. “No sabía qué hacer, estaba desamparada, lejos de casa, no podía pensar adonde ir”, reconoce esta mujer.
Originaria de Girona, no podía dejar a su hija sola mientras se debatía entre la vida y la muerte. El trasplante de riñón y páncreas al que se había sometido Judith, de 31 años, no fue bien, sufrió un ictus y tuvo que estar dos meses en cuidados intensivos. Anna dormía cada noche en el aparcamiento del hospital, hasta que un día la trabajadora social del centro le ofreció el contacto de una entidad que gestiona pisos para acompañantes de pacientes desplazados.
Con unos hospitales especializados y unos tratamientos punteros que cada vez reciben más pacientes de otras provincias, incluso de otras comunidades autónomas, Barcelona recibe cada año a cientos de sus familiares que buscan donde dormir. Pero los actuales precios de la vivienda, sumados a los de los alojamientos turísticos, impiden a muchos acompañantes encontrar un techo estable.
Este es el diagnóstico de una decena de entidades sociales y fundaciones privadas que desde hace años tratan de ofrecer pisos de acogida para estas familias, que no paran de crecer. En 2025 atendieron a 1.072 personas, de las que un 40% son padres o madres de menores de edad.
Con 55 alojamientos disponibles entre todas las fundaciones y asociaciones –la estancia media es de 33 días–, cada año suman nuevos pisos procedentes de donaciones, herencias o alquileres asequibles. Pero aún así denuncian que la demanda crece más rápido. El año pasado dejaron fuera a 259 solicitantes, un 40% más que en 2024.
“Todos queremos que Barcelona sea un hub mundial de salud, pero en paralelo debemos dar solución a los problemas sanitarios más básicos de los enfermos y sus familias, una salida digna”, reclamaba este miércoles Pere Puig, de la Associació Catalana del Fetge, una de las que provee de viviendas temporales para estas familias.
El resto de las entidades que facilitan estos pisos en Catalunya, y que este miércoles se han juntado para exigir más fondos y mayor implicación pública para aumentar la bolsa de vivienda, son la Fundació Josep Carreras contra la Leucèmia, la Fundació Enriqueta Villavecchia, AFANOC, Casa Ronald McDonald, Fundació Xana, Fundació Hospitalitat, Fundació Inés Arnaiz y Fundació Jubert Figueras.
Esta última fue la que concedió durante ocho meses un piso a Anna, mientras su hija se recuperaba en el Hospital Germans Trias. “No me faltó de nada y no me pusieron prisas para marchar, solo tengo agradecimiento”, reconoce hoy la madre de Judith.
Desde la Fundación Jubert Figueras reconocían este miércoles que su lucha ya ha dado algunos frutos. Por ejemplo, desde este 2026 la Generalitat ha aprobado una ayuda a familiares de hospitalizados desplazados –que ya existía solo para progenitores de menores de edad– de 33 euros por noche y 14 de dietas.
Sin embargo, Marta Soler, subdirectora de la entidad, advertía también de que en Barcelona hoy es mucho más difícil encontrar un piso por unos meses o una habitación de hotel a un precio asequible. “Antes la gente con algo de recursos podía encontrar un arrendamiento temporal, un alquiler de dos o tres meses era factible”, afirma. “Todo ello sumado al domicilio original, que siguen pagando”, añade. A nivel de hoteles, también se han encarecido. Y en verano no hay habitaciones.
Las entidades y fundaciones han aprovechado el acto conjunto de este miércoles para pedir también a la Generalitat que coja como ejemplo otros países, como Francia o Inglaterra, en los que existen alojamientos para familiares anexos a los hospitales. “No debería ser una utopía pedir que se incluya en el Estado del Bienestar”, reclamaba Soler.
Tatiana, de Zaragoza a Barcelona por su hijo
A Tatiana le tocó empezar a mirar los portales inmobiliarios de Barcelona cuando el médico les advirtió de que tenían que trasladarse a la capital catalana para un posible trasplante de corazón de su hijo, Dominik. Originarios de Colombia, por entonces madre e hijo residían en Zaragoza, donde tenían familia.
Dominik padecía una cardiopatía congénita compleja, el síndrome del corazón izquierdo hipoplástico, y necesitaba un trasplante del órgano. Para ello, debían instalarse en Barcelona, para estar en la lista de espera cerca del Hospital Vall d’Hebron. “La urgencia era apremiante, pero el mercado inmobiliario está complicado”, afirma Tatiana.
Tatiana afrontaró ese traslado en 2019. Dominik no superó la operación y falleció. Pero la mujer quiso estar presente en el acto de este miércoles para defender la necesidad de ampliar estos alojamientos. “Imagínate con la situación que tienes entrar a internet, mirar pisos, ver habitaciones sin ascensor en la sexta planta, otro piso de 1.200 euros más la agencia que no puedes pagar…”, enumera.
Por suerte, añade, a través de los servicios sociales les contactó la Fundación Inés Arnaiz, que les ofreció una de sus viviendas. Durante dos años pudieron permanecer en ese piso, mientras Dominik esperaba para someterse a la intervención que finalmente no pudo salvarle la vida.
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