El Govern niega una crisis en Interior y achaca la salida de Trapero a su deseo de dejar la política
La salida de Josep Lluís Trapero de la dirección general de la policía catalana, en la que llevaba dos años, se produjo por un deseo explícito de éste de abandonar las tareas políticas y volver a vestir el uniforme. Así lo ha asegurado Núria Parlon, que ha comparecido este jueves en el Parlament para explicar los cambios que ha habido en altos cargos de su confianza –hasta tres durante el mes de septiembre–, que sin embargo ha negado que hayan supuesto una crisis, sino que los ha encuadrado en cambios “de continuidad”.
Según ha explicado la consellera, la salida del secretario general de su departamento, Tomàs Carrión, estaba prevista y se había pactado para la mitad del mandato, ya que él quería dedicarse a la academia. El segundo relevo, el del comisario jefe Miquel Esquius por Sílvia Catà, vino obligado por la jubilación del primero. Y, finalmente, se produjo la dimisión de Trapero, esta sí muy inesperada porque solo unas semanas antes el director general había mostrado en público su deseo de continuar.
“Trapero me trasladó que se trataba de una decisión premeditada”, personal e irrevocable“, ha asegurado Parlon durante la comparecencia, en la que no ha aclarado si entre ella y el director general hubo desavenencias sobre la elección de Catà.
La consellera ha asegurado, en cambio, que la etapa dirigida por Trapero había sido positiva, una opinión que, ha dicho, también manifiesta el exdirector general. “Se ha hecho un muy buen trabajo”, ha evaluado la consellera, que ha citado como victorias la ampliación la plantilla hasta los 25.000 mossos, la elaboración del plan estratégico del cuerpo y la coordinación con el resto de cuerpos policiales que actúan en Catalunya, tanto locales como estatales.
Respecto a la elección de Catà, Parlon ha asegurado que la razón fundamental no es que sea una mujer sino por su “capacidad, experiencia y mérito”, demostrado en durante sus más de 29 años de servicio en el cuerpo. A la vez, ha reclamado normalizar que sea una policía quien ocupe este puesto por primera vez en la historia del cuerpo.
La propia Catà, en su turno, ha mostrado algunas de las líneas de trabajo en las que se siente más cómoda, como lapolicíaa de proximidad. La nueva comisaria jefa ha asegurado que hay que, pese a la reducción objetiva de los hechos delictivos, la percepción de seguridad pasa por un mal momento, vinculado a algunos crímenes muy violentos y mediáticos, como las ejecuciones en plena calle fruto de guerras entre el crimen organizado.
En ese sentido, Catà ha asegurado que continuará con la lucha contra el narcotráfico en todas las regiones policiales. Al tiempo, ha subrayado el creciente problema de bandas juveniles y también de la presencia de armas, tanto blancas como de fuego. La policía al mando del cuerpo ha apostado por una dimensión de la seguridad cercana al ciudadano y ha alabado la capacidad de los Mossos de “salir del vehículo y preguntar a las personas qué les pasa”.
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