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Entrevista

Olga Tubau, abogada de Segundo Marey: “Detrás de la X del GAL tenía que estar Felipe González”

Tubau, en su despacho durante la entrevista

Oriol Solé Altimira

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Reconocida en los últimos tiempos por haber logrado la absolución del major de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero, Olga Tubau (París, 1961) ya ostentaba antes de ese juicio una dilatada trayectoria como penalista. En un mundo donde lo habitual es la defensa, Tubau ejerció la acusación particular en uno de los casos más emblemáticos de la historia penal española, el juicio por el secuestro de Segundo Marey por parte del GAL en 1983.

Junto a Francesc Jufresa, Tubau logró que por primera vez tras la recuperación de la democracia un ministro entrara en prisión. Fue José Barrionuevo, el ministro de Interior de la guerra sucia contra el terrorismo durante el Gobierno de Felipe González. Casi 30 años después de los hechos, Barrionuevo admitió por primera vez su participación en el secuestro de Marey en una entrevista en El País que ha causado dolor y estupefacción entre las víctimas del GAL y políticos de su propio partido.

¿Qué pensó al leer las palabras de Barrionuevo el pasado domingo?

Me sorprendió no tanto el contenido de sus manifestaciones sino el momento en que las hizo. ¿Por qué hace estas revelaciones ahora después de tantos años y sin que haya un contexto concreto que nos recuerde todo lo que fue la historia terrorista de ETA o la guerra sucia contra ETA? Después pensé que no dejaba de reconocer algo que en julio de 1998 ya recogió una sentencia del Tribunal Supremo sin ninguna fisura y de una forma absolutamente justificada con la prueba que se practicó en el juicio. 

Se preguntaba por qué ahora. ¿Se ha podido responder a esta pregunta a lo largo de estos días?

Yo no le encuentro respuesta. No lo sé. Habría que preguntárselo al exministro. 

Sea cuál sea el porqué, el exministro ha tardado un poco en reconocer los hechos.

Sí, ha tardado un poco. Pero fíjese, aquí lo más decepcionante y abyecto no es que lo reconozca ahora o que no lo hubiera reconocido en su momento. El exministro Barrionuevo ejerció su derecho de defensa, que pasaba por negar esos hechos. Lo que llama la atención desde un punto de vista simplemente humano es que reconozca esos hechos y no haya ningún tipo de manifestación de remordimiento, de contrición, ni ninguna petición de perdón a la víctima concreta, Segundo Marey, y a todas las otras víctimas de los actos terroristas del GAL.

“Quiero hacer constar que las acusaciones contra mí son falsas. Si se tiene en cuenta mi trayectoria personal y política, son terriblemente injustas”, dijo Barrionuevo en el juicio del Supremo en 1998. ¿En aquel entonces ya sospechaba que no decía la verdad?

Sí, pero porque antes de llegar al juicio ya había elementos que sostenían de forma muy sólida que todos esos hechos no se habían podido llevar a cabo sin el soporte, el conocimiento y la aquiescencia de la cúpula del Ministerio del Interior.

Tanto hace 25 años como ahora Barrionuevo parece omitir documentos del propio CESID [ahora CNI] que ya preveían acciones violentas en el sur de Francia.

Este es un extremo respecto al que como acusación particular tuvimos una especial satisfacción. Fuimos la única parte acusadora que solicitó que se alzara la reserva sobre esos documentos y que la Sala Segunda del Tribunal Supremo reclamara al CESID la remisión de todos los documentos que pudieran tener alguna relación con los hechos. Nos encontramos con unas notas y unos informes de julio de 1983, es decir, de escasos meses antes del secuestro de Segundo Marey, en los que el CESID analizaba las dificultades con el Gobierno francés en la lucha antiterrorista. Son documentos muy relevantes.

Era conocido por todos que después de los atentados terroristas en el País Vasco los terroristas se refugiaban en el sur de Francia y el Estado francés era muy tímido a la hora de colaborar con España. Esto lo analiza el CESID y concluye algo absolutamente aterrador: dice que la forma de acción más aconsejable para luchar contra este refugio que tienen los terroristas en el sur de Francia es la desaparición por secuestro. Es inconcebible que este documento de un centro de estudios de un Ministerio, del de Defensa, que siempre tiene una especial vinculación con el de Interior, no fuera conocido por la cúpula de Interior y que no hubiera sido debatido ya entre ministros. 

Llama la atención que no haya en Barrionuevo ningún tipo de remordimiento ni ninguna petición de perdón

La otra pata de la condena fueron las declaraciones incriminatorias de los subordinados de Barrionuevo y Vera contra sus exjefes, que 25 años después el exministro sigue criticando.

El Supremo aquí siguió una doctrina que sigue siendo válida a fecha de hoy. Las revelaciones incriminatorias de un acusado contra otro acusado deben abordarse con extrema cautela y precaución. Se tiene que ver si detrás puede haber algún motivo espurio. En el caso Marey, el Supremo hizo este ejercicio de cautela y descartó que hubiera motivos espurios o al menos tan sólidos como para que pudieran mentir. El Supremo condenó no solo por lo que dijeron Sancristóbal [ex gobernador civil de Vizcaya] y García Damborenea [exdirigente del PSE] sino porque había muchos otros elementos periféricos que acreditaban que Barrionuevo y Vera lo sabían.

Además el Supremo hizo una inferencia lógica: el secuestro de Segundo Marey se hizo con secuaces franceses y pagando un soborno a un policía francés después del secuestro fallido, una auténtica ‘chapuza’, contra Larretxea Goñi [exdirigente de ETA]. Para la operación se necesitaba dinero y se entregó un millón de francos franceses para poder repartir entre los extranjeros que iban a participar en ella. Este dinero solamente podía salir con el visto bueno del ministro del Interior o bien del segundo responsable del Ministerio. Todos estos elementos la sentencia los valoró. Es verdad que hubo cuatro votos particulares. Y esos cuatro magistrados dijeron que no se podía otorgar valor a las declaraciones de los coacusados. 25 años después resulta que el señor Barrionuevo y el señor Vera llevaron a error a esos cuatro magistrados que creyeron que podían dudar legítimamente de lo que decían los otros acusados. 

El uso de fondos reservados, los documentos del CESID…. ¿Con los ojos de hoy, es verosímil que tanto Interior como el CESID supieran que se llevaban esas actividades a cabo y no lo supiera la presidencia del Gobierno?

No es verosímil. Creo que todos podemos concluir que detrás de la X del GAL tenía que estar Felipe González. Esto es el convencimiento social y personal de algunos. Otra cosa es que dentro del proceso penal, que tiene unas reglas y normas que no respetó esa cúpula del Ministerio de Interior, nadie nunca dijo que Felipe González también participara en lo que habían organizado Barrionuevo y Vera. Pero en el proceso penal rige la presunción de inocencia y para poder formular una sentencia condenatoria hay que tener prueba de cargo suficiente. Por consiguiente, más allá de este convencimiento personal, no habían elementos suficientes como para poder sostener una acusación contra Felipe González que acabara efectivamente en una condena. 

¿Antes o después del juicio Barrionuevo o Vera se pusieron en contacto con Segundo Marey?

No, nunca. 

¿Y alguien del Gobierno?

No, nunca.

Ahora el caso Marey ya es una cosa juzgada que no puede volver a los tribunales. ¿Sería necesario un mayor reconocimiento del Gobierno actual hacia las víctimas del terrorismo de Estado?

Los reconocimientos de los errores de un Estado siempre son positivos. El presidente del Partido Socialista de Euskadi (PSE) y el ministro del Interior han condenado el caso de forma rotunda. El Gobierno en pleno debería condenarlo también, porque al fin y al cabo la formación política es la misma. No hay que tener ningún pudor a la hora de reconocer que otros miembros de su mismo partido en otra época cometieron crímenes de Estado. Quien tendría que pedir perdón es el señor Barrionuevo y, si el señor González tuvo alguna intervención, también, aunque dudo que lo hagan. Pero el perdón solo tiene sentido si es sincero. Si esa persona ha evolucionado, reflexionado y llegado a la conclusión de que aquello que hizo fue terrible, solo entonces tendría sentido. Un perdón formal, para quedar bien con Marey y su familia, no tiene valor.

Tampoco parece que sea la intención de Barrionuevo, a juzgar por el lenguaje que usa en la entrevista en El País

Su tono sigue siendo chulesco y legitima abiertamente lo que hizo. No disimula. Cuando el entrevistador le pone un poco contra las cuerdas al preguntarle si después de lo ocurrido no hizo nada contra los que llevaron a cabo esas actuaciones, él contesta que “eran de los nuestros”. ‘Cómo voy a hacer algo respecto a esos patriotas’, viene a decir. Es una actuación que según él merece reconocimiento social y ser aplaudida.

Tanto el PSOE como el PP legitimaron la guerra sucia

¿La forma de expresarse de Barrionuevo tiene que ver con que a nivel social mucha gente piensa que contra ETA valía todo?

Sí, claro que sí. Él ante el tribunal no lo reconoce, porque eso acarrea diez años de cárcel. Pero esto no es que lo perciba él, es que es una realidad. En aquella época y durante años después una parte de la ciudadanía legitimaba absolutamente una guerra sucia. La legitimó el PSOE y el PP desde la oposición, aunque luego explotó e intentó sacar rendimiento de los hechos desde un punto de vista electoral. Barrionuevo dice lo que dice porque parte de la sociedad, todavía hoy, lo justificaría y comprendería.

Luego llegó el indulto. ¿Cómo se vivió?

Con mucha tristeza, pena y decepción. Ya me había planteado que habría la solicitud, que es legítima, y que probablemente llegaría el indulto. Lo que no me esperaba es que el indulto fuese total. Pensaba que de alguna forma la parte retributiva de la sentencia se cumpliría. 

Para Segundo Marey fue un disgusto. Los efectos psicológicos e incluso físicos que padeció fueron muy fuertes. Marey muere en 2001 y todavía arrastra secuelas pulmonares de aquellos nueve días en una cabaña de Cantabria en los que pasó un frío extremo. Esos días marcaron su vida. Sus hijas decían que, después de la liberación, volvió una persona muy distinta de la de antes del secuestro. Psicológicamente había quedado muy afectado. Era una persona muy fragilizada, miedosa, hipersensible. Por la calle iba en alerta permanente. 

¿Qué le parece que Barrionuevo tenga una avenida a su nombre en su pueblo?

Yo como ciudadana me hubiese opuesto. Pero es lo que acabamos de comentar. Si la gente considera que organizar el GAL, secuestrar, asesinar y encalar a personas estaba justificado…. Si se considera eso legítimo y digno de alabanzas, pues entonces lo es que el exministro tenga una calle en su pueblo.

¿Cómo puede ser que una condena de las más altas instancias judiciales no cambie esa mentalidad social?

El terrorismo va más allá de matar o secuestrar a alguien en concreto: tiene como finalidad generar terror y miedo y lanzar el mensaje de que el próximo puedes ser tú. Busca trastocar la paz social y, con ello, alterar un sistema de valores. Esto crea mucho miedo. Si frente a cualquier delito ordinario ya puede haber la tendencia del ojo por ojo y diente por diente, respecto a los terroristas la tendencia se acrecienta. 

¿Cómo se lucha contra esta legitimación del ojo por ojo por parte de un Estado? Con educación ciudadana. No solamente en los colegios, también en los medios de comunicación. Hay que explicar que un Estado no se puede comportar como un ciudadano vengativo. Que tenemos un sistema extraordinariamente garantista que pasa por que los ciudadanos y los poderes públicos se tienen que sujetar al ordenamiento jurídico. Y esto puede causar frustración a veces, pero es el precio que pagamos para asegurarnos que si algún día un inocente es detenido y juzgado, será absuelto. El coste es que a veces el culpable también es absuelto, pero el beneficio como sociedad es más grande que el que un delincuente pueda quedar suelto. Cuando legitimamos que un Estado se comporte así respecto a los que identificamos como malos, un buen día pueden cambiar las cosas y podemos estar nosotros dentro de ese grupo que está identificado como el enemigo, por razones ideológicas o de cualquier otro tipo.

Yo nací en Francia y me eduqué allí hasta los 14 años porque mis padres emigraron huyendo de la miseria de la España de los 50. La idea que tenemos de Francia, con todos sus defectos, es que es una democracia consolidada. Y ahora ves lo que ocurre en Francia y piensas que nunca hay nada seguro en materia de fortaleza democrática. Resulta que ahora una gran cantidad de ciudadanos franceses se alinea con postulados de extrema derecha. ¿Qué ha pasado en un país con una escuela pública que transmitía valores republicanos con una solidez extraordinaria? En mi clase del distrito XX de París, un barrio popular, el porcentaje de niños de origen francés era muy inferior al de otros barrios. Había muchos hijos de migrantes argelinos, españoles, vietnamitas, portugueses, y aquello era un oasis de igualdad y fraternidad. Pero ahora estamos como estamos. No hay una fórmula conocida que pueda evitar legitimar el GAL o que nos anclemos en posiciones de extrema derecha en países o ámbitos sociales donde la democracia parecía muy consolidada.

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