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CATALUNYA

El Govern se conjura para sostener al conseller de Interior mientras crece la tensión entre JxCat y ERC en el Parlament

Torra y Aragonès no prevén relevar aún a Miquel Buch, pero sus grupos siguen encallados en la negociación sobre la respuesta a la sentencia en la Cámara

El president comparecerá este jueves ante el pleno, en una declaración que será por el momento la única reacción institucional a las condenas

Los socios priorizan evitar a toda costa la aplicación del 155 y la crisis de gobierno, pero todo el independentismo toma distancia de Buch y los Mossos

Buch apela a "aislar a los violentos" para preservar el control de los Mossos

Buch apela a "aislar a los violentos" para preservar el control de los Mossos EFE

Mientras el president de la Generalitat hacía unas breves declaraciones a las cámaras desde las marchas contra la sentencia, mostrando su satisfacción por "compartir este momento con el pueblo", a sus espaldas varias de las personas que pasaban caminando conferían gritos de "Buch dimisión". La imagen era elocuente sobre el momento de enormes contradicciones internas en el que el independentismo se ha instalado desde hace dos años y que, tras las condenas de sus dirigentes, se ha convertido en casi ingestionable.

El Govern ha vivido uno de sus momentos más complicados desde su formación este miércoles, en la resaca de la segunda noche de protestas. Tras el bloqueo del Prat, el lunes, este martes el centro de Barcelona se convirtió en una batalla campal entre manifestantes y fuerzas policiales, entre ellas, las comandadas por el Govern. Por esta razón el cargo del conseller de Interior, Miquel Buch, ha pendido de un hilo durante toda la mañana, aunque finalmente los máximos responsables del Govern han decidido, por el momento, sostenerlo.

Esta decisión ha sido tomada el miércoles por la mañana pero, dada la velocidad de los acontecimientos, nadie descarta que no pueda cambiarse en las siguientes horas. Sobre todo después de la escalada de los disturbios, que por la noche han derivado en barricadas y quema de coches en el centro de Barcelona. El grado de los desórdenes, finalmente, ha obligado a Torra a enviar un mensaje institucional en el que reclamaba sin matices el fin de la alteración del orden. "Se tiene que parar ahora mismo", ha dicho. "El movimiento independentista no es ni ha sido violento. Siempre hemos condenado y condenamos la violencia", ha zanjado.

Casi 16 horas antes, el president de la Generalitat, Quim Torra, el vicepresident Pere Aragonès, la consellera portavoz, Meritxell Budó y propio conseller de Interior se habían reunido desde primera hora en el Palau, en un gabinete de crisis del que Buch no sabía si saldría conservando la cartera. Los responsables políticos habían hecho balance de la noche del martes. Las barricadas, lanzamientos de objetos y contenedores quemados eran perturbadores, pero no menos lo eran las imágenes de la contundencia policial, con agentes que habían incurrido en prácticas irregulares y contrarias a la seguridad de los manifestantes.

Desde que un manifestante perdiera un ojo en El Prat, algo que se achaca a una pelota de goma disparada por la Policía Nacional, el nombre de Buch está en la picota. El conseller ya había chocado en los meses anteriores con Torra, partidario de una práctica "blanda" para contener las manifestaciones que en la cúpula de los Mossos recuerda demasiado a octubre de 2017. Todas las contradicciones en las que está instalado el Govern acaban chocando contra el departament de Interior y los mandos de los Mossos, que además deben lidiar ahora con una complicada coordinación con la Policía Nacional, cuya presencia en Catalunya se incrementa casi a diario.

Fuentes de los partidos explican que comenzar ahora el relevo del conseller del Interior sería, en la práctica, dejar la silla vacía, algo que debe ser la última opción dado el momento álgido de las protestas en la calle. Así que el Govern se ha conjurado para evitar a toda costa la aplicación el 155 y una crisis de gobierno a menos de un mes de las generales. Pero preservar el Ejecutivo no acaba, ni mucho menos, con los problemas del independentismo. En la Cámara, los tres partidos, JxCat, ERC y la CUP, están siendo incapaces de consensuar una respuesta política a la sentencia, tal y como todos ellos se habían comprometido.

Sin respuesta parlamentaria a la sentencia

Con una temperatura ambiental que aumenta día a día en la calle, los grupos trataron este martes de consensuar una resolución conjunta para ser aprobada este jueves, día en el que está previsto una sesión para que Torra se dirija al pleno. El texto de la moción conjunta, explican fuentes de los partidos, llegó a estar casi cerrado, pero en el último momento las diferencias sobre su contenido se hicieron irreconciliables. Finalmente Tora acudirá y hablará, pero no se votará ninguna iniciativa este jueves en el Parlament, una situación que convertir a las palabras del president en la única reacción a las condenas de los 12 líderes independentistas.

El principal problema que han encontrado los grupos para pactar una resolución que satisfaga a JxCat, ERC y la CUP son las limitaciones que el Tribunal Constitucional ha impuesto a los miembros de la Mesa. Advertidos de que podrían enfrentarse a penas si aceptara debatir alguna iniciativa que contenga expresiones sobre el derecho a la autodeterminación, desde ERC tratan de buscar fórmulas para no pisar una línea que la CUP quiere cruzar ampliamente.

Desde el grupo de JxCat aseguran que están dispuestos a aceptar vías intermedias para los plenos que están por venir, cuando el límite impuesto por el Tribunal Constitucional a la Mesa podría hacerse cada vez más difícil de esquivar. Sin embargo, a los postconvergentes la comparecencia de Torra ya les valía esta semana, al menos para cumplir el expediente sin sumar un nuevo problema a la ya complicada gestión de los disturbios callejeros.

Presión y distancia hacia Buch

Por si el escenario catalán no tuviera ya suficiente tensión, la fecha electoral comienza a asomarse por el horizonte y los partidos han entrado ya en lógica de campaña. Esto explica, en buena parte, la soledad en la que ha quedado Buch, un conseller del que todo el mundo quiere mostrarse distante, incluyendo los suyos. Este miércoles en JxCat, las voces que pedían dejar caer al titular de Interior se sucedían y, por la tarde, la dirección del PDeCAT se veía obligada a enviar un mensaje a sus agrupaciones locales advirtiéndoles de que sus cargos no podían "pedir o apoyar" la dimisión.

Desde ERC también jugaban a dos barajas. Mientras por la mañana Aragonès había mostrado su cara más institucional al asegurar que el Govern "está con los Mossos", unas pocas horas después su formación reclamaba depurar responsabilidades por las "acciones injustificadas". Los republicanos saben que Buch acabará cayendo, quizás antes de las elecciones, por lo que tratan de poner tierra de por medio para que la caída no les salpique. Además, presionar el eslabón de Interior es tocar el centro de la contradicción de sus rivales de JxCat, una formación en constante crisis interna y que tiene más problemas que ninguna otra para compatibilizar la gestión en el Govern con la movilización en la calle.

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