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¿De dónde sale Aliança Catalana? Así es el partido islamófobo e independentista que ha irrumpido en el Parlament

La líder de Aliança Catalana y alcaldesa de Ripoll, Sílvia Orriols, tras conocer los resultados de las elecciones del domingo.

Pol Pareja

Barcelona —

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El pasado verano, la alcaldesa xenófoba de Ripoll, Sílvia Orriols, tenía en su despacho del Ayuntamiento un retrato de Quim Torra y otro de Carles Puigdemont. Apenas 10 meses después, su formación se ha erigido como la gran alternativa para los independentistas más radicales desencantados con el procés

Con menos de cuatro años de vida, Aliança Catalana ha irrumpido este domingo en el Parlament, obteniendo dos escaños y más de 118.000 votos (3,8%), con un mensaje abiertamente islamófobo, populista y muy crítico con ERC y Junts, a los que califica de “procesistas” y reprocha que no declarasen la independencia de manera unilateral en 2017.

El partido, que ha quedado a 9.500 sufragios de la CUP, no ha sido lastrado por haber entrado en las instituciones y ha ganado en Ripoll, donde ha superado el 33% de los votos, y en otros tres municipios adyacentes: Gombrèn, Campdevànol y Les Lloses. En la provincia de Girona y Lleida la formación ha sido segunda fuerza en casi una veintena de municipios, normalmente en detrimento de Junts pero también pescando voto del resto de formaciones secesionistas.

¿De dónde sale este partido xenófobo que se ha colado en el Parlament? ¿Quién es Sílvia Orriols, la líder de esta formación? ¿Qué defiende Aliança Catalana más allá de la independencia y el odio a los musulmanes?

Nacida en 1984, Orriols es una convencida independentista que se acabó desencantando con los partidos que lideraron el intento de secesión. Militó en las juventudes de ERC y después en la más radical Estat Català. Se afilió a la ANC y Òmnium y durante una década no falló a ninguna de las convocatorias del independentismo, desplazamientos internacionales incluidos.

Empezó a hacerse notar en las concentraciones independentistas de Ripoll posteriores al 1 de octubre que se convocaron contra la aplicación del artículo 155. En esos encuentros, Orriols tomaba la palabra y lanzaba un mensaje cada vez más duro contra los partidos independentistas, hasta el punto de enojar a los CDR locales y a la CUP. 

A las críticas a los partidos por el procés le sumó los reproches tras los atentados del 17 de agosto de 2017, con un mensaje cada vez más cargado de odio hacia los musulmanes que residen en Ripoll, un municipio de 11.000 habitantes con una tasa de extranjeros del 13,3 % (la media en Catalunya es del 16,3%).

“Aprovechó el silencio tras los atentados para arremeter contra los musulmanes”, apuntaba hace un año Pol Viñas, politólogo de Campdevànol, un municipio a cuatro kilómetros de Ripoll en el que también se ha impuesto el partido xenófobo el 12-M. “Eso le generó simpatías en una parte del pueblo que estaba asustada tras lo que ocurrió el 17-A”.

Fue ese el cóctel que aupó a Orriols, explican los vecinos de Ripoll: la frustración por el fracaso del procés y el fomento de una islamofobia que en su municipio, con las heridas del atentado todavía abiertas, tenía visos para prosperar. Orriols lo salpimentó, además, con la teoría conspirativa que sostenía que el CNI promovió los atentados, logrando relacionar sus dos principales fobias: España y los musulmanes.

La ahora líder de Aliança Catalana predicaba con el ejemplo de su discurso anti establishment: madre de cinco hijos, trabajaba de administrativa en una empresa que quedaba en medio de la carretera y los vecinos de Ripoll la veían cada día caminando los dos kilómetros de ida y los dos de vuelta desde su trabajo porque no tiene carnet de conducir. 

“Genera cierto magnetismo porque es una persona como cualquier otra, de esas que te podrías haber encontrado en las manifestaciones independentistas de la última década”, apunta el periodista Xavier Rius Sant, autor de Els ultres son aquí (Edicions 62). “En ese sentido, Aliança Catalana son los hijos bastardos del procés”, añade.

Orriols generó interés en el partido xenófobo e independentista Front Nacional de Catalunya (FNC) y, en las municipales de 2019, salió elegida concejal de Ripoll por esa formación. Menos de un año después, en marzo de 2020, abandonó el partido porque consideró que tenían una postura demasiado blanda con la inmigración. Se quedó como concejal no adscrita.

Apenas un mes y medio después, el 15 de mayo de 2020, acudió a una notaría de Ripoll junto a dos compañeros, Oriol Ges y Margarita Cabello, para iniciar los trámites para registrar el partido Aliança Catalana. Ya entonces Orriols dejó entrever que su objetivo iba más allá de Ripoll: “Debemos trasladar la experiencia municipal de Ripoll a toda la Nación Catalana. Hace falta un proyecto político mayoritario para salvar Catalunya”, aseguró en la carta en la que comunicó que abandonaba el Front Nacional de Catalunya.

Tras una legislatura marcada por su discurso islamófobo, en las municipales de 2023 dio la sorpresa y fue la más votada del municipio, con más del 30% de los votos. El resto de partidos no consiguió articular una mayoría alternativa y Orriols obtuvo la vara de mando. Ripoll se convirtió en el municipio más grande de toda España en el que ganaba una candidatura de ultraderecha. 

Su victoria disparó las quinielas sobre si Aliança Catalana intentaría dar el salto a la política nacional. Orriols, sin embargo, mintió todas las veces en las que le preguntaron si se presentaría a unas elecciones autonómicas. “No mientras sea la alcaldesa de Ripoll”, aseguró en diversas ocasiones.

En su programa, Aliança Catalana esgrime postulados neoliberales que defienden bajadas de impuestos y suprimir tributos como el de sucesiones, el de patrimonio o el de transmisiones patrimoniales. También está en contra de la regulación de los alquileres y defiende aumentar la presencia policial y las penas de prisión para los que hayan sido condenados por tres delitos de hurto.

Un partido sin estructura

Sin dirigentes ni estructura territorial, Aliança Catalana ha buscado a antiguos candidatos desencantados de otros partidos para articular sus listas al Parlament. Algunos de estos candidatos han sido ellos mismos los que se pusieron en contacto con el partido ofreciéndose a colaborar o ir en sus listas.

“Hasta hace poco el partido ha estado funcionando como un grupo de amigos”, analiza Xavier Rius Sant. El periodista destaca la llegada al partido de cuadros más jóvenes con ganas de potenciar la marca y la estrategia en redes, como el primo de Pere Aragonès, Jordi Aragonès, actual secretario de organización y considerado uno de los ideólogos del proyecto y el responsable de la inclusión de las medidas más liberales en el programa. 

El propio primo de Aragonès ha sugerido en alguna ocasión que detrás del partido están antiguos empresarios de la órbita de Convergència que estarían financiando el salto a la política nacional. Rius discrepa de esta idea. “Han hecho una campaña con cuatro duros”, explica. “Con una furgoneta y dos coches de dos concejales se han pateado Catalunya”. 

Rius añade que el partido no ha tenido presupuesto ni para mandar papeletas logotipadas a los domicilios de la provincia de Barcelona. “Estamos ante una de las campañas más baratas que pueden acabar entrando en el Parlament”, apunta. “Ni siquiera la CUP en sus primeras autonómicas gastó tan poco”.

El papel de algunos medios ha hecho el resto. Aupada por el manejo de las redes y del canal privado 8 TV, que veía cómo aumentaba la audiencia cada vez que la entrevistaban, Orriols ha conseguido que su mensaje xenófobo llegara a algunos votantes, sobre todo en localidades con altas tasas de inmigración.

También han contribuido buena parte de los medios españoles conservadores, que le han llegado a dar más notoriedad durante la campaña que los medios catalanes. “A un sector de la derecha española le ha ido muy bien el caso de Orriols porque confirma sus prejuicios sobre los independentistas”, apunta Rius. “Además, saben que su candidatura podía perjudicar a Puigdemont”.

En algunos lugares, la novedad de Aliança Catalana ha tenido tirón hasta el punto de que en el partido se sorprendían de la concurrencia a sus actos. En Balaguer (Lleida, 17.500 habitantes) fueron más de 300 personas a su acto cuando ERC y Junts ni siquiera llegaban a 100. En Barcelona, un lugar que en principio escapa de su zona de influencia, congregaron a unas 200 personas.

“Hay una parte de la población que tolera a Orriols porque es catalana e independentista”, resume Viñas, el politólogo. “Es un discurso que si te lo hace Vox genera recelos en algunos municipios catalanes, pero si lo hace una señora ”de toda la vida“ que iba a las manifestaciones del procés lo ven más aceptable”.

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