Teletrabajar en un 'call center' con tu propio teléfono: "Con 70 llamadas al día el móvil echa humo"

Trabajadores de atención al cliente

A mediados de marzo, Yolanda Encinas, empleada en el ‘call center’ de la empresa Unitono, comprendió perfectamente que les mandaran a casa para teletrabajar sin garantizarles los equipos necesarios para ello. La situación era inédita y las empresas se organizaban como podían para mantener el servicio. Meses después, sin embargo, esta mujer asegura que ha seguido gestionando a diario decenas de llamadas desde su ordenador y con su propio teléfono. 

"Hace un mes nos dijeron que habían comprado ya teléfonos para mandarlos a los empleados, pero a mi no me llegó", asegura. Encinas –que ahora está de baja por problemas de espalda– explica que ha usado siempre su smartphone durante las ocho horas que dura su jornada laboral. “Con 70 u 80 llamadas al día, el móvil echa humo. La batería ya no aguanta”, lamenta esta empleada, que dice que posiblemente se va a tener que comprar uno nuevo sin que nadie le vaya a compensar económicamente.

En el caso de esta empleada, que trabaja desde su segunda residencia en la provincia Toledo –donde le pilló el confinamiento–, ha puesto de su parte no solo el teléfono, también el ordenador, mesa y silla. Otros compañeros pudieron ir a buscar el ordenador a las oficinas de San Fernando de Henares, en Madrid, y llevárselo a sus casas. Actualmente, de los 134 trabajadores de su departamento del ‘call center’, aproximadamente solo unos treinta han vuelto al trabajo presencial.

Desde Unitono niegan que esta situación sea generalizada y aseguran que si se da algún caso en que un trabajador aporta "sus medios técnicos" es porque "viene dado por un problema en su distribución, provocada en su mayoría por la realización de teletrabajo en segundas viviendas". Aparte de ello, aseguran que han entregado a todos equipos a todos los empleados.

Desde el sindicato CCOO, sin embargo, les desmienten. Aseguran que hay casos de trabajadores que a día de hoy siguen con su teléfono en ciudades de la Comunidad de Madrid, y que la empresa se comprometió a repartir algunos terminales en julio, pero no lo hizo hasta más tarde. Es decir, después de meses y tras haber llevado los trabajadores el caso al Servicio Interconfederal de Mediación y Arbitraje (SIMA). Las mediaciones, de hecho, han acabado sin acuerdo y CCOO se plantea llevarlo a los tribunales.

Las empresas de ‘call center’, como las de tantos otros ámbitos laborales, tuvieron que organizar el teletrabajo de miles de empleados de un día para otro, coincidiendo con el estado de alarma decretado a mediados de marzo. “De forma general, todo el mundo empezó a usar sus equipos personales, y los departamentos de informática hicieron jornadas maratonianas para adaptarlos con las aplicaciones de las empresas”, relata Sánchez. 

A partir de ahí, poco a poco, algunas firmas corrigieron la situación. En algunos casos mandaron ordenadores a las casas de sus empleados; en otras, les permitieron ir a buscarlos a las oficinas. En la mayoría de ‘call center’, el terminal que recibe y envía las llamadas es el propio ordenador, desde el que hablan los empleados a través de auriculares y micrófono. Pero en algunos, como el de Unitono, tenían que llamar desde un teléfono.

Les pasó lo mismo a los empleados de atención al cliente y telemárketing del call center Accepta. “Hasta la semana pasada la empresa no repartió terminales móviles entre los empleados. Yo puse el mío hasta julio, cuando me dijeron que me reincorporaba a las oficinas”, explica este trabajador, que prefiere no dar su nombre. De los 300 teleoperadores de sus oficinas en Madrid, han vuelto unos 40.

“Tengo que cambiar el móvil ya. La batería se me ha jodido de tanta llamada, unas 60 al día, por no hablar de los consumos de luz”, resume este empleado, que detalla otros aspectos negativos de esa situación, como el hecho de que quedaran registrados en su smartphone los números privados de los clientes. 

Medio año después del inicio del teletrabajo masivo, desde CCOO celebran que algunas de estas situaciones se han ido corrigiendo progresivamente. Aun así, lamentan que en las negociaciones sectoriales con la patronal no hayan alcanzado ningún acuerdo sobre las condiciones de teletrabajo, un desacuerdo que atribuyen a la falta de regulación por parte del Gobierno, que ultima el texto.

Denuncia por una oferta de trabajo

Al inicio de la pandemia, uno de los ‘call center’ que salió más en los medios de comunicación fue Konecta GBO, a la que su plantilla denunció por hacer trabajar físicamente en algunas oficinas sin garantizar las medidas de distanciamiento. Ahora, las quejas tienen que ver con las condiciones de teletrabajo, pero no de las de quienes están en nómina, sino de las nuevas incorporaciones. 

El sindicato UGT ha llevado a la Inspección de Trabajo varias ofertas de empleo colgadas por la empresa en portales como Infojobs donde se pone como requisito para el candidato que disponga de su ordenador y sus auriculares, el equipamiento básico para desempeñar las funciones de atención al cliente. Una de ellas, publicada el pasado 17 de agosto, ofrece una media jornada de teletrabajo por 600 euros brutos y pide al empleado que ponga de su parte: un procesador con memoria de 4 Gb, el Windows 10, tarjeta de sonido, ADSL o fira de mínimo Mb y casco externo con micro.

“La empresa busca gente que lo ponga todo sin querer negociar nada. En marzo todos pusimos de nuestra parte, sin ninguna pega, y ahora tienen la desfachatez de pedir esto a los nuevos”, se quejan desde UGT. El sindicato ha tramitado la denuncia a la Inspección de Trabajo al considerar que las ofertas son “discriminatorias”.

En la batería de medidas postCOVID-19, el Ayuntamiento incluyó también el cierre diario al tráfico de 51 calles secundarias y la ampliación de su plan Obrim Carrers, pasando de cerrar varias avenidas una vez al mes, a hacerlo cada fin de semana. Sobre lo primero, se mantienen algunas restricciones, mientras que el segundo se paró en verano y hay que ver cómo lo recuperará el consistorio. 

Los que siguen libres de tráfico de momento son los laterales de Gran Via y Diagonal por donde antes circulaban coches. Esa calzada, la de Gran Via, es ideal para los paseos diarios de la madre de Marisol Ferrer. Ambas avanzan al paso de la madre, que va apoyada una muleta debido a una neuropatía en los pies. “Ella, que es una persona de riesgo, va más tranquila por aquí, porque es recto y además hay mucho espacio”, resume esta mujer. 

Bueno, añade, eso cuando no se encuentran con algún coche que retira la valla para meterse por el carril. A la altura de la calle Viladomat, asegura, esto ocurre unas cinco veces al día. 

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11 de septiembre de 2020 - 09:36 h

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