Una última oda a la alegría: el concierto de Pau Casals y Conxita Badia frustrado por el golpe de Franco revive 90 años después
Las noticias del alzamiento militar sumieron Barcelona en la histeria y el caos el 18 de julio de 1936. El president Lluís Companys multiplicaba sus reuniones, los sindicatos hacían acopio de armamento para resistir, los conspiradores aguardaban en los cuarteles… Y en medio del nerviosismo, en el Palau de la Música, de noche y a puerta cerrada, un grupo de músicos decidía interpretar, por última vez y a modo de despedida, la Sinfonía 9ª Sinfonía de Ludwig Van Beethoven.
Era la Orquesta Pau Casals, dirigida por el afamado violoncelista catalán y con Concepción Conxita Badia como soprano. El golpe de Francisco Franco les sorprendió ensayando para el concierto que tenían en agenda para el día siguiente: el de la inauguración de la Olimpiada Popular que debía acoger la capital catalana, y que nunca se llegó a celebrar. Tampoco hubo actuación, prevista en el Teatro Grec de Montjuïch. La Guerra Civil que se acababa de desatar puso fin también a quince años de la pionera orquesta privada que lideró uno de los músicos más influyentes del siglo XX en España.
Ahora, 90 años después, el Palau de la Música acoge un homenaje a ese concierto. Más concretamente, en memoria de Conxita Badia, puesto que se conmemoran también los 50 años de su fallecimiento. La Orquesta Sinfónica de Sant Cugat, dirigida por Salvador Brotons, interpretará este 14 de abril la 9ª Sinfonía de Beethoven y otras canciones dedicadas a la soprano, menos conocida que Casals, pero una de las voces más reclamadas por los grandes músicos de su tiempo y que también quedó marcada por el exilio y su oposición al franquismo.
“Es una bonita forma de conmemorar ese canto a la alegría con el que se despidieron para siempre”, señala Mireia Domènech, comisaria del Año Conxita Badia y nieta de la cantante. La 9º Sinfonía de Beethoven, de 1 hora y 15 minutos de duración, concluye con el universal Himno de la Alegría. “Su mensaje de hermanamiento entre los pueblos y de paz es muy potente, sin mencionar su dificultad y encanto”, relata Josep Ferré, director artístico de la Orquesta Sinfónica de Sant Cugat.
“Es una bonita forma de conmemorar ese canto a la alegría con el que se despidieron para siempre”, señala Mireia Domènech, comisaria del Año Conxita Badia y nieta de la cantante. La 9ª Sinfonía de Beethoven, de 1 hora y 15 minutos de duración, concluye con el universal Himno de la Alegría. “Su mensaje de hermanamiento entre los pueblos y de paz es muy potente, sin mencionar la dificultad, encanto y belleza de la obra”, relata Josep Ferré, director artístico de la Orquesta Sinfónica de Sant Cugat.
“La sinfonía completa antes de separarnos”
El 18 de julio de 1936, Pau Casals debía dirigir el último ensayo de su orquesta antes de la apertura de la Olimpiada Popular que Barcelona acogía en respuesta a los Juegos Olímpicos de Hitler. Por aquel entonces, la agrupación de 88 músicos, fundada por él a su vuelta de París, cumplía 16 años de actuaciones e incluso la Generalitat debatía si convertirla en la orquesta nacional de Catalunya. “Era algo extraordinario en esa época, que ya existía en Europa pero no aquí: una orquesta privada que Casals pagaba de su bolsillo”, expone Domènech.
Una de las artistas más destacadas de la orquesta era Badia, discípula de Enric Granados y Manuel de Falla, musa del propio Casals y años después maestra de voces como Montserrat Caballé.
Casals se despertó ese día en El Vendrell y, debido a los incidentes, no contaba llegar al Palau de la Música. Así lo recoge en sus memorias Joan Balcells, director del Orfeó Gracienc, encargado de la parte coral de la obra. Finalmente, el ensayo arrancó con su director, aunque ya con varias bajas. Al descanso, un enviado de la Generalitat, según algunos el conseller de Cultura Ventura Gassol, se desplazó al lugar para comunicarles que el concierto del día siguiente quedaba suspendido y que debían finalizar las pruebas e irse a casa.
El propio Casals lo relató al escritor Josep Maria Corredor, que lo publicó en Converses amb Pau Casals. “El ensayo iba muy bien. Y, en el momento en el que el coro se preparaba para cantar, se presentó un emisario de la Generalitat”, explica. “Teníamos que evacuar rápidamente la sala, porque el tiroteo por las calles podía comenzar de un momento a otro. Imagínese mi consternación”.
Sin embargo, tras comunicarles la situación a los músicos, les animó a coger los instrumentos por última vez. “Como no sé cuando podremos volver a reunirnos, os propongo que ejecutemos la Sinfonía completa antes de separarnos”, les dijo.
La 9ª Sinfonía, la misma que la Orquesta Pau Casals interpretó el 15 de abril de 1935 para celebrar la proclamación de la Segunda República, en el Teatro Nacional de Montjuic, marcó para ellos el inicio de la guerra. Muchos músicos acabaron en el frente o en el exilio. La Orquesta todavía pudo actuar dos veces, a finales del 36 y en julio del 37, durante el Congreso internacional de Escritores en Defensa de la Cultura. Ambas actuaciones fueron en el Gran Teatre del Liceu.
El periplo posterior de Casals es conocido: desde su exilio a Prada de Conflent (sur de Francia) y a Puerto Rico, el concierto en la Casa Blanca, la Medalla de Naciones Unidas, y la repatriación de su cuerpo, en 1979, una vez restablecida la democracia en España.
La soprano comprometida con la cultura catalana
En cambio, menos divulgada ha sido la vida de Conxita Badia, dedicada sobre todo al lied y una de las voces más reconocidas entre sus coetáneas. También era pianista. “No se consideraba compositora, porque era soprano, pero hizo muchas canciones en la intimidad”, señala Ferré. A lo largo de su trayectoria, estrenó obras de Casals, De Falla, Mompou, Montsalvatge o Millet, y cosechó elogios de figuras como Schönberg.
Tras el estallido de la Guerra Civil, Badia huyó a París acompañada de Jaume Miravitlles, jefe del Comisariado de propaganda de la Generalitat. Desde el exilio, relata Domènech, “se convirtió en la voz de la cultura catalana para representar el patrimonio artístico vivo”. Como embajadora cultural catalana, celebró conciertos de la Generalitat para promocionar el arte catalán.
Más que comprometida con la Segunda República, señala su nieta, Badia lo estaba con el catalanismo. Con su marido en Sudamérica, sola y con tes hijas, llevó a cabo numerosos conciertos por toda Europa. Finalmente, se trasladó a Brasil y Argentina, donde se reunió con su marido, y regresó a España en 1946.
A lo largo de su vida (falleció en 1975), combinó su faceta de intérprete con la de maestra de canto, lo que la llevó también a dar clases por medio mundo y a tener discípulas como Montserrat Caballé. Pero uno de los episodios que explican su aprecio entre los compositores ocurrió también en torno a la Guerra Civil. Eduard Toldrà, otro destacado músico catalán, le dedicó en 1936 la canción La rosa als llavis, pero su estreno quedó también frustrado por el golpe de Estado. Aun así, Toldrà quiso esperar a Badia para cantarla, algo que no ocurrió hasta once años después: el 14 de noviembre de 1947, 50 aniversario de la cantante.
Esta canción, La rosa als llavis, forma parte también del repertorio ideado por la Orquesta Sinfónica de Sant Cugat para su concierto en el Palau de la Música. Habrá también canciones de la propia Conxita Badia. Las sopranos, en esta ocasión, son Begoña Alberdi y Èlia Farreras-Cabero. “Recuperar la 9º Sinfonía en este contexto no es solo un recuerdo, es rescatar el espíritu de ese último ensayo y convertirlo en un mensaje de paz, con Beethoven, Casals y Badia unidos de nuevo”, resume Domènech.
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