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CASTILLA-LA MANCHA

Impulso de la capacitación para llegar a ser opositor

Álvaro tiene 24 años y antes de la crisis consiguió una plaza como auxiliar administrativo en la Junta de Comunidades. Aquí nos cuenta cómo la capacitación de CECAP fue fundamental para alcanzar su objetivo

Mi nombre es Álvaro y tengo 24 años. Actualmente, a causa de la crisis de la COVID-19, me encuentro confinado y con buena salud en casa de mis padres, en la localidad de San Pablo de los Montes. Me animo a contaros desde mi experiencia cuál ha sido mi vida laboral, que de momento se encuentra paralizada porque estoy esperando a incorporarme a un puesto de trabajo que he conseguido en la administración de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha como auxiliar administrativo gracias al esfuerzo, constancia y paciencia que dediqué a una oposición que estuve preparando el año pasado.

No se sabe dónde ni cuándo empezaré a trabajar como funcionario, pero lo más seguro, y lo más importante, es que la plaza está ahí, sea antes o después. Pero antes de hablar de la oposición voy a entrar un poco en detalle sobre qué es lo que estuve haciendo hasta entonces y qué fue lo que me inspiró a acceder al sector público. Todo comenzó justo después de que yo finalizase mis estudios en el IES Azarquiel en Toledo de un Grado Superior que hice de informática, tras graduarme en la Fábrica de Armas en el año 2017.

Anteriormente, estuve trabajando en Madrid, yendo y viniendo todos los días desde Toledo, en una empresa de informática fundada en Dinamarca, ubicada también en Barcelona y enfocada principalmente en personas con espectro autista o síndrome de Asperger. Sabiendo que yo estaba diagnosticado de esto último pensé que sería una buena idea conseguir mi primera experiencia laboral en ese sitio cuando desde CECAP (que lo conocían por algunos chicos que también fueron) me hablaron de ello en la época de cuando yo aún era estudiante. Estuve más o menos unos 2 años (2017-2019) y fue exactamente en octubre de 2017 cuando me empecé a formar. Al principio, acceder al curso no fue tarea fácil y la razón es que uno de los requisitos para ello era empadronarse en la comunidad de Madrid.

Cuando estuve estudiando el Ciclo Formativo de Informática en Toledo me planteé hacer las prácticas del ciclo en Specialisterne, así que llamé al teléfono de la empresa para informarme. Los requisitos para acceder al curso era pasar unas pruebas y además presentar un certificado de discapacidad.

Las pruebas duraron entre el mediodía y el atardecer con un descanso entre medias, pero antes de proceder a su realización, la empresa primero me entrevistó personalmente para conocerme un poco sobre lo que había estudiado, cuáles eran mis gustos, cómo conocí Specialisterne y por qué quería trabajar con ellos. Cuando acabé las dos pruebas, ese mismo día me confirmaron que al final sí estaba preparado para apuntarme al curso de Specialisterne, lo cual fue señal de que efectivamente pasé dichas pruebas. Dar ese primer paso me hizo sentir bastante feliz.

Álvaro, opositor y usuario de CECAP

Más adelante, mucho antes de que iniciara el curso en octubre, estuve investigando cuál era la ruta más conveniente desde casa hasta el trabajo en transporte público. Para ello conté con el apoyo de CECAP: desde el área de capacitación para la vida autónoma me ayudaron a mirar alternativas que había para llegar hasta la empresa y al día siguiente me volvieron a acompañar, pero, en vez de en el coche, utilizando el autobús que va directo hasta Madrid y a partir de ahí el transporte público, principalmente el metro que desde mi punto de vista es más conveniente y se llega más rápido sin necesidad de soportar atascos del tráfico. Gracias a eso y al mapa del metro de Madrid, desde entonces ya me siento capaz de desplazarme sin dificultades por la ciudad y puedo entender el funcionamiento de las líneas de metro, como por ejemplo los arcenes por los que hay que circular y cuándo se debe hacer transbordo según el destino al que vamos.

Por fin llegó ese momento tan ansiado de empezar el curso con toda la ilusión del mundo. Éramos un total de 10 chicos de distintas edades, cada uno con diferentes estudios y objetivos. Para mí fue interesante conocer a gente nueva en ese periodo de formación y en general no me puedo quejar. Afortunadamente algunos llegamos a congeniar y sentía que me entendía bien con ellos, algo que casi nunca fue habitual en mi época de secundaria y a lo que yo no estaba acostumbrado.

Aparte del profesor de informática que enseñaba todos los módulos del curso, cada alumno tenía asociado un/a tutor/a (coach laboral) que nos hacía semanalmente un seguimiento de qué tal íbamos en el mismo, cómo nos sentíamos con nuestros compañeros, en qué competencias destacábamos y en cuáles había que mejorar. El curso no sólo trataba de ser bueno en la informática, sino también en saber tener un comportamiento sociolaboral adecuado con los demás y el resto del entorno.

Algunos miércoles por la tarde, después de comer, teníamos también tiempo de ocio que disfrutar y para relacionarnos cada vez más entre nosotros, por ejemplo salíamos todos en grupo a dar paseos por Madrid para visitar museos y parques y, si hacía mal tiempo, dentro de la empresa jugábamos a juegos de mesa o veíamos películas que algunos compañeros traían de sus casas, siempre respetando a los demás trabajadores de las oficinas. Digamos que un miércoles tocaba ocio y al otro tocaba formación sociolaboral, y así sucesivamente.

El curso tuvo una duración aproximada de 6 semanas. Desde el último día seguí esforzándome en hacer bien las prácticas de ejercicios que me pedían hacer en la empresa y manteniendo esa tenacidad de ir y venir todos los días desde Toledo hasta conseguir mi objetivo de obtener un puesto de trabajo en Specialisterne. Estuve más de un mes haciendo prácticas además de simulacros de entrevistas de trabajo hasta que un día, al ver que acabé con éxito el curso y los buenos resultados que obtenía en las prácticas y en las entrevistas, la empresa encontró un proyecto para mí y pasaron a contratarme. Fue una sorprendente e inesperada noticia, sobre todo para mi familia, sentí que el esfuerzo y el tesón que le puse a todos los obstáculos encontrados en el camino sirvieron para algo después de todo. Fue algo muy difícil de creer en un principio.

El contrato en Specialisterne en principio era de carácter indefinido, pero al ver que pasaban los meses sin salir nada nuevo, la empresa tomó la triste decisión de despedirme a mí y a alguna que otra persona, en mayo de 2019.

A pesar de todo, yo opino que ha sido una experiencia aceptable y que no me arrepiento de haber vivido, una nueva etapa que guardaré con mucho cariño por todas aquellas personas que me formaron y que me trataron bastante bien durante mi estancia. Desde que me fui de la empresa no he vuelto a saber nada de ellos, aunque espero que estén bien y continúen con su trabajo a pesar de lo que está ocurriendo con la aparición del coronavirus.

Sobre todo doy las gracias a CECAP por haberme recomendado esta empresa. Todo el mundo sabemos que a día de hoy encontrar tu primer trabajo se ha convertido y sigue siendo un reto muy difícil, ya que la mayoría de las empresas desgraciadamente exigen experiencia más que nada y esto es un círculo vicioso que no parece tener fin.

Termino este artículo hablando de la oposición, tal y como prometí al principio.

Mi verdadero sueño fue encontrar un trabajo estable cerca de casa, en Toledo capital, pues es ahí donde llevo viviendo de forma independiente desde hace 5 años, justamente cuando empecé mis estudios en Toledo a finales de 2015. No sólo fue el duro viaje hasta Madrid lo que me impulsó a opositar, sino que además tengo conocidos que lo intentaron y finalmente lo consiguieron más tarde o más temprano, lo cual me inspiró y motivó todavía más.

Considero que es fundamental y que aporta muchas cosas positivas conocer experiencias de otras personas acerca de un objetivo que te has propuesto alcanzar. Por otra parte, llegué también a la conclusión de que no me compensa trabajar en empresas privadas, me parecen muy traicioneras por el carácter temporal que suelen tener los contratos siendo cuestión de suerte de que te hagan fijo, teniendo que enviar currículums y pasar por entrevistas de trabajo constantemente y muchas otras condiciones que dificultan la consecución del empleo y que no son para nada comparables con las que te ofrece el sector público.

Trabajar y estudiar a la vez, como ya os imagináis, supone un sacrificio colosal y a pesar de que me despidieron de Specialisterne, ese despido lo vi también como algo positivo, pues era mi oportunidad de aprovechar el tiempo al máximo en estudiar el temario. No hay mal que por bien no venga. El protagonista del año 2019 para mí fue sin lugar a dudas el estudio de la oposición, con sus épocas de subidón y de bajón y la cantidad de planes y de personas que me vi obligado a dejar de lado para centrarme totalmente en ello.

Opté por estudiar y preparar el temario por mí mismo, pues soy una de esas personas que prefiere hacer las cosas a su ritmo y a su manera, aunque he de confesar que para el segundo examen de la oposición sí acudí a una academia porque los temas de ofimática, no es que fueran difíciles sino bastante abiertos y necesitaba ampliar mis apuntes. También he de decir que, para conseguir la plaza, no basta con sólo aprobar los exámenes, sino que además tienes que intentar sacar la mejor puntuación posible, ya que al mismo tiempo estás compitiendo contra cientos y miles de personas, razón más por la que es súper importante no dejar estos estudios de lado.

Cuando ves las listas de aspirantes te sueles venir un poco abajo, sin embargo, no hay que dejarse llevar por las estadísticas, porque son el peor enemigo del opositor. Aunque al principio parezca complicado, os puedo garantizar que no es imposible, si en algún futuro alguien se plantea estudiar una oposición yo le animaría a que lo haga, la posibilidad siempre está ahí. Por muy monótono que parezca tener un puesto fijo en el mismo lugar y durante toda la vida, creedme que merece la pena, sobre todo por la enorme tranquilidad que supone en vez de estar cada cierto tiempo de acá para allá y con meses o años de paro entre medias, que para mí es una locura y una incertidumbre.

Seguramente os estéis preguntado cómo estoy haciendo para pagar el alquiler desde que me quedé sin trabajo: pues bueno, todo lo que fui ganando en Specialisterne, más el finiquito y más las ayudas que he cobrado del paro y del alquiler, todo ese dinero lo he ido ahorrando con calma con la finalidad de mantener económicamente la casa hasta que pueda empezar a trabajar pronto como funcionario y espero seguir viviendo en ella en cuanto la crisis sanitaria haya pasado o se haya mitigado.

Para terminar, doy mi agradecimiento a CECAP por haberme recomendado Specialisterne, una de las empresas que mejor se adapta a mis capacidades, gustos y forma de ser y donde he tenido la oportunidad de conseguir mi primera experiencia laboral; por apoyarme en el uso del transporte público de Madrid y por ayudarme a convertirme en una persona independiente que soy a día de hoy, sobre todo a manejarme de forma autónoma en una vivienda.

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