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La “riqueza extraordinaria” de ser inmigrante en un espacio de “respeto mutuo, confort y confianza”

Braulio Freyre

Francisca Bravo Miranda

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Braulio Freyre es ahora experto en soberanía alimentaria y cooperación al desarrollo, pero su su formación inicialmente se basó en la mecánica naval y las instalaciones energéticas de ese sector. Fue, de hecho, un “azar del destino” el que lo llevó a involucrarse en un proyecto sociocultural en su barrio natal en La Habana, Cuba. Ser elegido como delegado de su barrio fue el trampolín que lo llevó a meterse en el mundo de lo comunitario, donde desarrolla su vida profesional actualmente.

Antes de llegar a España, explica, ya trabajaba en el sector de la cooperación pero

“más bien desde el punto de vista del beneficiario”. En La Habana, explica, trabajó durante varios años relaciones con organizaciones dentro del sector de la cooperación del desarrollo y también con la agricultura. Fue justamente gracias a estos proyectos fue invitado a realizar un curso de experto internacional en la Universidad Antonio Machado de Jaén enfocado a la soberanía alimentaria y como llegó a España.

La formación que recibió entonces, explica, fue un proceso de “ida y vuelta”, porque al terminal el experto pudo vincular los dos países a través de distintas experiencias y organizaciones. “Organizamos una visita de nuestros profesores a nuestro proyecto y en ese proceso fue cómo conocí la sede de SODePAZ y sus experiencias en España”. De hecho, recalca, la organización para la que trabaja actualmente se formó precisamente por una visita de unos profesionales a Cuba hace unos treinta años.

“Reencontrar a SODePaz aquí y ser invitado a participar en un proyecto desarrollado aquí en Castilla-La Mancha por su relación con la soberanía alimentaria, fue lo que me facilitó llegar aquí, donde estoy ahora mismo”, recuerda Freyre. La inmigración, en su caso, fue un encuentro “casual” que no estaba realmente en sus planes y que fue impulsada también por el trabajo realizado en Cuba y por pertenecer a la red de educadores y educadoras populares de América Latina. 

Su formación como educador partió del centro de memoria Martin Luther King en La Habana, “antes y un después” en su vida, que le permitió también conocer la vida fuera de Cuba, en América Latina. Esto facilitó su llegada a España, porque pudo seguir una suerte de línea continua en su trabajo. “Cuando volví a Cuba, me invitaron a volver a España para seguir trabajando con SODePAZ y fue ahí cuando conocí a quien es hoy mi esposa. Cuando decidimos casarnos, fue cuando me establecí definitivamente aquí”.

“Riqueza extraordinaria”

En términos laborales, destaca especialmente que SODePAZ quisiera seguir contando con él en los proyectos de Toledo y Castilla-La Mancha. “Me ha permitido involucrarme mucho en la vida de la organización y ser parte de su junta directiva, entrar en ella a nivel nacional, gracias a lo que me he movido dentro de la cooperación internacional en distintos ámbitos”, explica. De este modo, ha podido trabajar en proyectos en África y América Latina, al igual que en España y en Cuba.

“Creo que mi papel sirve como nexo entre ambos países y que se ha aprovechado muy bien por parte de la organización. Para mí ha sido una oportunidad, una riqueza extraordinaria, el poder participar en un proceso de ida y vuelta”, señala. Se trata, explica, de trabajar alrededor de propuestas que nacen en un espacio de “respetuo mutuo, de confort y confianza”. “Es un privilegio en mi condición de inmigrante, estar en un espacio en el que me siento en familia, valorado, comprendido, querido, acompañado respetado, aceptado”.

“El campo de contexto y el aprender a vivir en una sociedad diferente a la que has nacido, pues implica tener en cuenta muchas aristas que habitualmente no nos sentamos a analizar. Cuando tomas la decisión de cambiar de país, lo haces motivado por cuestiones muy puntuales y a veces cuando das el paso, tienes la tendencia de dejar fuera otras miradas y perspectivas, pero  luego nos vemos obligadas a incorporarlas”, reflexiona. Así, concluye, es consciente del reto que todavía tiene por delante. “Sé que existe, pero estoy dispuesto a asumirlo y lo vivo con gusto. Haciendo balance, mi vida se ha enriquecido mucho en todos los sentidos”.

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