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Miedo a montar en bicicleta en Valencia

Javier Caro

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Cuando me di cuenta que el hierro de enganche de Valenbici no entraba y no podía anclar la bicicleta, un escalofrío recorrió mi cuerpo. ¿Ahora qué hacía?, ¿Cómo dejaba la bicicleta?. Mis dudas se solventaron cuando vi un número de teléfono, pero entonces otro escalofrío recorrió mi piel hasta mis ojos. Estaba delante de un 902, un número muy caro para atender urgencias, porque si el hierro estaba doblado cuando lo cogí, esa era una urgencia, si no me iban a cobrar por no poder anclarla. Y entonces el servicio que contraté por barato, rápido y seguro, se convertía en caro. Seis minutos después estaba atando la bici a una valla de las que rodean los grandes árboles de la ciudad. No quise pensar en cuánto me habría gastado en la llamada, sino en lo bien que voy a lomos de un bicicleta por Valencia.

Cuando uno camina por la ciudad, y está acostumbrado a que sus pies sean los que le lleven a todos los lugares, se olvida del resto. No atiende a los coches, ni a las bicicletas, y mucho menos a las sillas de ruedas. Uno no es consciente de cómo de mal está diseñada la ciudad donde vive, hasta que no cambia sus zapatos por otros. La bicicleta es un medio de transporte limpio, no consume nada, solo el esfuerzo, que es ejercicio para el que la lleva. No todos podemos ir en bici, ni tampoco podemos desplazarnos hasta donde nos gustaría siempre, para eso hay otros medios de transportes. La bici es el vehículo pequeño, el que no corre tanto, en el cual el chasis es su pedaleador.

Las facultades de la Universidad está muy conectadas, todos sabemos que es una delicia recorrer Blasco Ibáñez por tu carril entre árboles y sin molestar, ni ser molestado, el río es maravilloso, pero y ¿qué pasa con el centro de la ciudad?, y ¿con algunas avenidas que no tiene un pequeño carril bici?. ¿Acaso nadie las transita?. Ir a encima de una bici en el centro es precioso,ver la Estación del Norte, la Plaza de Toros, pero también un peligro, pues atraviesas calles con mucho tráfico, con cientos de peatones. Y en ningún momento hay un carril bici, y no digo unas rallas pintadas en el asfalto que den prioridad, digo un carril bici, una vía propia. Un carril donde no te comas el humo de los vehículo a motor, y donde no temas al notar el aire que deja el rebufo de algún coche que pasa demasiado cerca. No eres una moto, que puede ir pasándose de carril a tu antojo. Las bicis corren menos y por ello son más inestables. No voy a hablar de las muertes de ciclistas en las carreteras, pues ese drama es mayúsculo y obedece a la falta de conciencia de los conductores y “reyes” de la carretera. Hablo de las tantas veces que uno no coge la bicicleta como medio de transporte por miedo. Que no es lo mismo que hacer deporte por el río. Coger ese armatoste de hierro para ir al trabajo, para quedar con lo amigos o para llegar pronto al teatro. Ese vehículo ligero, con el que no gastas en combustible y además lo disfrutas. Pero entonces piensas en las calles, esas por donde tienes que deslizarte, y compruebas mentalmente que es un suicidio por la inseguridad que te aporta. Porque coger cualquier vehículo con miedo siempre es una penosa idea.

Hace unos años se rodó en la Valencia una película dirigida por Sigfrid Monleón, “La Bicicleta”, que trataba de varias historias interrelacionadas por ese objeto que es la propia bicicleta. Un film donde se ve a la gente disfrutando de viajar por la ciudad del Turia en bicicleta, y realmente es un lujo gozar de la experiencia de subirse a ese caballo de acero y ver la ciudad. Quizás esta oda a nuestra amiga que es la bici, sea la mejor forma de entender que ahora, más que nunca, debemos aprender a convivir todos: gente que va en bicicleta, viandantes, conductores y corredores. En el río ya han delimitado esos carriles, donde todos tienen su propio espacio sin molestar a los otros. Porque aunque muchos conductores no lo entiendas, el ánimo de cualquier ciclista no es incordiar a nadie ni apropiarse de todos las vías, solo el deseo de tener a su disposición una por la que pedalear.

La bicicleta como medio de transporte agiliza también el tránsito rodado en una ciudad como Valencia, ¿para qué va a coger uno su coche para ir a cualquier lugar dentro de la capital, si puede coger una bici y no tiene que calentarse la cabeza con el aparcamiento?. La Semana Europea de la Movilidad (SEM) ha tenido un impacto en la gente muy grande. Una gran marcha en bicicletas recorrió el centro, y digo una gran marcha, porque por mucho que miraras al horizonte, intentando en ese ejercicio halconero de vislumbrar el final, solo te podrías dar de bruces con más y más bicis. Un acto festivo que debe servir para concienciar y estimular a los más pequeños a que cojan sus bicis, y que no solo lo hagan para divertirse, sino también para transportarse por la ciudad, haciendo con ello un bien al mundo y a su salud. Joan Ribó llegó el primer día de trabajo al Ayuntamiento en bicicleta, lo hizo en un gesto de naturalidad, tal vez intentando con ello dar ejemplo al resto, seguro que él también ha sufrido las calles mal asfaltadas, las avenidas sin carril bici o las imprudencias de algún conductor desgraciado.

Tal vez ahora que el alcalde ha vivido, al menos presumo que lo habrá hecho, esa serie de contratiempos que limitan la experiencia de pilotar una bicicleta, puede que haga algo al respecto. Estoy seguro que una vez que tengamos más lugares para rodar sin miedo, muchas más bicicletas inundarán nuestras calles. Por cierto, en la película que antes he mencionado, aparecía una delicia de canción llamada “La Bicyclette” de Yves Montand. Escuchadla, os gustará.

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