Esta es la razón por la que las pastas de dientes blanqueadoras son ineficaces

Imagen: Echodnia.eu

Jordi Sabaté

Aitzane, lectora y socia de eldiario.es, nos hace la siguiente pregunta: “llevo unos meses usando una marca de dentífricos blanqueadores para bajar el tono de mis dientes porque soy bastante cafetera, fumadora y bebedora, total que los tengo llenos de manchas. La verdad es que siendo objetiva no he observado ningún progreso, o al menos así me lo parece, y eso me lleva a preguntarme si hacen algo de verdad este tipo de pastas o son un cuento”.

Es muy probable que Aitzane tenga bastante razón al decir que no observa ningún progreso, al menos desde el punto de vista de mejorar el blanco natural de sus piezas bucales. Y cuando nos referimos a “blanco natural” queremos decir el tono que sus dientes y muelas han adquirido a lo largo de los años. Porque lo cierto es que las pastas blanqueadoras no pueden blanquear por las razones que expondremos a continuación.

A este respecto, la OCU ya desnudó en un informe a principios de 2017 la realidad de este tipo de productos. En su prueba sometió durante un mes a treinta voluntarios a la limpieza con productos de trece marcas comerciales, varias veces al día. Los resultados de la prueba fueron reveladores: ninguna pasta blanqueó la dentadura de los usuarios, midiendo objetivamente su nivel de blancura con la escala de color de piezas dentales Vitapan.

Debido a los resultados, la organización de consumidores reclamó al ministerio de Industria que prohibiera el uso del término “blanqueador/a” en el etiquetado a no ser que se hubiera demostrado empíricamente tal efecto, ya que de lo contrario dicho término podía ser tildado de una simple argucia del marketing, “un cuento”, como dice Aitzane.

¿Que tiene una pasta blanqueadora para ser blanqueadora?

Las pastas blanqueadoras no blanquean, es decir no mejoran el blanco que tienen nuestros dientes, porque carezcan de componentes capaces de eliminar las manchas y la suciedad, sino por impedimentos físicos propios del diente. Pero lo cierto es que sí contienen productos que eliminan eficazmente la suciedad y las manchas si aplicamos la pasta con frecuencia tras las comidas, las copas de vino, la ingesta de té o café, etc.

En este sentido son eficaces para evitar que el color de nuestros dientes empeore con nuevas manchas sobre el esmalte de la pieza bucal, pero no mejorarán lo que ya está manchado de tiempo atrás. En concreto la mayoría de ellas contienen un elemento abrasivo físico, que puede ir desde microplásticos a agentes como silicatos, además de un compuesto llamado lauril sulfato de sodio, que degenera las proteínas de la placa bacteriana.

Estos elementos, acompañados de la acción del cepillado, son los responsables de que se eliminen las manchas recientes, que son las que no han reaccionado químicamente con la dentina, que es la capa que se sitúa inmediatamente debajo del esmalte. El problema de estos “agentes blanqueantes” es su agresividad sobre el esmalte -la capa superficial del diente-, así como sobre la encía. Existe una escala llamada RDA que mide la agresividad del blanqueador.

La Asociación Dental Americana aconseja que los agentes blanqueadores de una pasta no superen el 250 en la escala RDA, mientras que la Sociedad Española de Emidemiología y Salud Pública Oral recomienda que no pasen de 80. En cantidades altas los agentes blanqueadores pueden dañar el esmalte y lesionar la pulpa en pacientes con problemas periodontales.

¿Por qué no blanquean?

La OCU, por otro lado, destacaba en su informe que a pesar de su ineficacia, su precio sí era sensiblemente más elevado que el de los dentífricos normales, que al fin y al cabo pueden tener la misma eficacia en cuanto a higiene, ya que el verdadero responsable último de la remoción de la suciedad y las manchas es la acción mecánica del cepillo sobre el esmalte.

Y es aquí que radica la verdadera razón de su ineficacia para mejorar el blanco de fondo de nuestros dientes: el esmalte es una capa transparente que protege a la dentina, que es la primera capa sensible, irrigada y mineralizada, donde se pueden producir las reacciones químicas que pueden cambiar su color y por tanto el del diente.

Estas reacciones pueden tener que ver con las manchas permanentes de ciertos productos como el alquitrán y la nicotina del tabaco, los taninos del café o el vino, pero también con los cambios en el pH que estos productos provocan. Adicionalmente pueden intervenir otros factores en el color de la dentina, como una bajada de defensas o la acción de determinados medicamentos, etc. De este modo, el color que refleja el esmalte, es el de la dentina.

Y si el esmalte es la capa que ofrece protección física a la dentina, parece lógico que los agentes blanqueadores no puedan penetrar más allá de él y a lo sumo, si están en altas concentraciones, tiendan a dañarlo, pero nunca a cambiar el color de la dentina. Existen, no obstante métodos para eliminar con más eficacia las manchas superficiales, como el bicarbonato, e incluso el peróxido de hidrógeno, pero su agresividad y el riesgo de que provoquen alergias los limita a usos bajo supervisión de un profesional.

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